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HISTORIA DE VIDA

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31/07/2018

Walter Ojeda: “sentía vergüenza cuando estaba sobrio, pero borracho no me importaba nada”

Walter Ojeda: “sentía vergüenza cuando estaba sobrio, pero  borracho no me importaba nada”
Walter Ojeda: “sentía vergüenza cuando estaba sobrio, pero borracho no me importaba nada”

Sentí que Dios me decía: Walter, te ayudé mucho, ahora depende de vos”. Así sintetizó Walter Ojeda, el quiebre de ser alcohólico empedernido a ser una persona en permanente recuperación. No dejó de agradecer a la gente del Hogar Emaús, a su familia e hijos que “siempre estuvieron conmigo y ahora me sostienen para seguir las 24 horas sin beber alcohol, porque soy alcohólico y sé que esta adicción nunca se cura”, y calificó como su segundo hogar al Emaús, al que Walter llama “la casita”.

Walter Ojeda es nacido en Puerto Varas, Chile, de joven, se vino a Bariloche y contó que “empecé a trabajar como gastronómico, peón de cocina, cafetero y mozo, hasta llegué a trabajar en el Llao Llao”. Y luego de una pausa, dijo “en esos tiempos se tomaba mucho, sobrantes de vinos de la mejor calidad que dejaban, lo tomaba, así, de a poco hasta que me ganó el alcohol y me llevó a otro derrotero”.

Sobre su familia, confesó “nunca me casé, estuve tres veces juntado, tengo varios hijos mayores, Yanina Tamara que está en España, Martín, Lucas y Martina que viven en Roca y en Bariloche, en El Frutillar que tengo a mis dos pimpollos, además de Olga mi compañera, María Belén que fue abanderada en segundo año del Industrial y Claudia en cuarto año, son mi orgullo”, expresó.

Luego confesó “nunca me despidieron de ningún trabajo, pero en esos tiempos se tomaba mucho y llegué a lo más profundo de un alcohólico, dormía en la calle, lleno de piojos, sentía vergüenza cuando estaba sobrio, pero ya borracho, no me importaba nada”, y afirmó “eso sí, nunca, jamás robé, es verdad, pedía para comprar vino, pero nunca estuve preso por robo”.

Entre sus recuerdos, no dejó de agradecer “al pastor Eduardo y Susana que me ayudaron mucho” y de manera reiterada, Walter mencionó al padre Pepe, a Jorge y la cocinera María, “una gran amiga, me aconsejaba, me mandaba a ducharme”, recordó sonriendo.

Asimismo, rememoró su tiempo de trabajo en el cerro Catedral, en el 84, “fue el año de la gran nevada, bajaba del cable carril y allí iba gente de mucho poder adquisitivo, había bebidas de marca, y mis compañeros me decían, ‘Pitufo, tomate un trago’ y tomaba y así me fue ganando el alcohol”.

Sentado, compartiendo unos mates en casa de su hermana, Walter siguió contándole a El Cordillerano y, sobre el consejo que enviaría a quienes están en la calle como estuvo él, dijo “no sé si soy la mejor persona para aconsejar, pero les diría, amigos, se puede, pueden lograrlo”.

Sorbiendo el mate, nos miró y detalló: “tomé de todo, hasta alcohol, con mi amigo Curín que en paz descanse, al principio tomábamos alcohol con agua, luego, puro alcohol, no me daba cuenta, tenía entonces un saco negro, largo, cruzaba la calle sin mirar, nunca tuve un accidente, ahora, miro hacia ambos lados para cruzar, ahora puedo admirar el otoño, el color de las hojas de los árboles, antes, nada, no importaba invierno, verano o primavera, todo era igual”.

Ante la pregunta sobre el momento de tomar la decisión de dejar la bebida, Walter vuelve a emocionarse, con un pañuelo limpia sus ojos y rememoró “fue un día, en la calle. Cantábamos, el dueño de casa salía y en buena forma nos decía que no hagamos ruido, pero seguíamos y volvió a salir y sentí un dolor en el estómago, era un puntazo, mi hermano me llevó al hospital, me curaron y una mañana que como cada día, le pedía a Dios me ayude, fue como si me dijera ‘Walter, ya te ayudé bastante, ahora depende de vos’, y entendí, pensé que debía hacerlo, por mi familia, mis amigos, la gente de la casita, y dejé la bebida, en ese entonces tenía 40 años”.

Recordando sostuvo “el alcohol me venció, pero ahora todos los días le agradezco a Dios y le digo, ‘no será que me estás dando mucho’”. Emocionado, siguió contando, “hace cinco a seis años que no bebo, puedo compartir un asado, ver las bebidas, pero no siento deseo alguno de beber”.

Afirmó haber conocido a “Flavio Oyarzo, al Monito Roa y al Zorzal, ya fallecidos, todos grandes amigos, hoy, como se dice en alcohólicos, vivo las 24 horas, sé que no estoy curado, nunca lo estaré, vivimos en plena recuperación cada 24 horas, lo importante es estar ocupado, ayudar a quienes lo merecen, por eso sigo en la casita, me siento útil, ayudando en lo que puedo hacer por los demás”.

En el final, Walter reiteró su agradecimiento “al padre Pepe, a Jorge, María la cocinera, mi familia y todos mis amigos que recuperé y que nunca los voy a olvidar por todo lo que me ayudaron”.

Walter Ojeda: “sentía vergüenza cuando estaba sobrio, pero  borracho no me importaba nada”
Walter Ojeda: “sentía vergüenza cuando estaba sobrio, pero  borracho no me importaba nada”