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26/07/2018

José de Zúñiga, misionero frustrado

José de Zúñiga, misionero frustrado
José de Zúñiga, misionero frustrado

Algo más de 10 años después de la muerte de Mascardi, su compañero de orden alcanzó a levantar una similar en Ruca Choroy pero finalmente la abandonó, ante la sugerencia del gobernador español de Chile.

A pesar del descalabro que significó para los designios jesuitas la muerte de Nicolás Mascardi en 1673, la orden no archivó del todo sus planes de sostener una misión a orillas del lago Nahuel Huapi. Por su parte, las autoridades coloniales españoles de Chile e inclusive, del Virreinato del Perú, entendieron a la presencia de los religiosos en estas latitudes como una chance de “extender mediante ella el dominio de España sobre toda la Península austral”.

La aseveración precedente corrió por cuenta de Francisco Fonck, autor de un vasto estudio introductorio a los “Viajes de Fray Francisco Menéndez a Nahuelhuapi”. Los textos del franciscano se publicaron por primera vez para su circulación masiva en 1900, a través de una imprenta de Valparaíso. Por su parte, el propio Fonck había seguido sus pasos y quizá también los de Mascardi a mediados del siglo XIX, cuando llegó hasta la actual Península San Pedro en compañía de Fernando Hess. En tanto, Menéndez estuvo en las costas actuales de Bariloche y Dina Huapi a fines del siglo XVIII, junto con un destacamento de 50 soldados españoles y sus correspondientes arcabuces.

Como se sabe, el sacerdote italiano había encontrado la muerte bastante más al sur de Bariloche. Según los cronistas eclesiásticos, recibió tres flechazos por parte del cacique Antüllanca a los 47 grados de latitud sur, espacios muy australes si se tiene en cuenta la distribución territorial que generalmente se le atribuye al pueblo mapuche. A pesar de ciertas inexactitudes que circularon entre algunos historiadores, el nombre del agresor corresponde al mapuzungun. Llanca es la identificación de una piedra semipreciosa y antü significa sol.

A pesar de ese traspié, ni los jesuitas ni la mismísima corte de Madrid se dejaron amilanar. El procurador general de la orden informó al rey sobre los sucesos que habían tenido lugar en el gran lago y más hacia el sur. Como respuesta, Carlos II ordenó en 1684 “que se pagara a los misioneros de Nahuelhuapi el mismo sínodo que a los otros”, según estableció Fonck. Sin embargo, por entonces el enclave religioso estaba abandonado hacía más de 10 años. Instrumentar el aporte se interpretó como un anuncio para su restablecimiento, decisión que adoptó el virrey del Perú dos años después.

Con el objetivo de restaurar

En definitiva, asumió la posta misional el sacerdote José de Zúñiga, hijo del marqués de Baydes, gobernador de Chile que había celebrado en 1641 el Pacto de Quilín con una delegación de 70 caciques. A diferencia de su malogrado predecesor, Zúñiga no partió desde Chiloé ni se asentó directamente en el Nahuel Huapi: concibió un plan de aproximación gradual para no alejarse tanto de las posesiones españolas.

Con esas precauciones, “obtuvo permiso de sus superiores para establecer en el territorio de los pehuenches una misión que debía servir para allanar la restauración de la de Nahuelhuapi”, reconstruyó Fonck. Su emplazamiento se situó “a unas catorce leguas de distancia del lago, en el territorio del cacique Calihuaca, al otro lado de la montaña de Rucachoroi, en el camino que conducía desde Valdivia a Nahuelhuapi”.

El dato es un tanto ambiguo porque entre las costas del Nahuel Huapi y la zona de Ruca Choroy hay bastante más que 70 kilómetros de distancia. En los tiempos de la conquista española de Chile, una legua podía equivaler tanto a 5 como a 7 kilómetros… Por su parte, los pehuenches constituyen la parcialidad mapuche que vive donde el pehuén es el newen o energía predominante.

La mención a Ruca Choroy permite apreciar la larga data de cierta toponimia que caracteriza a la región. Como se sabe, el paraje del mismo nombre queda en la actualidad a pasos de la localidad de Aluminé. El choroy es una especie de loro que habita cerca de ambientes cordilleranos y en mapuzungun o idioma mapuche, ruka quiere decir casa. Por otro lado, la existencia de un camino entre Valdivia y el lago, cuando la soberanía española no iba más allá de los confines de aquella ciudad, expresa la existencia de intensos vínculos a partir del tránsito continuo entre los moradores nativos occidentales y orientales de las grandes montañas.

El intento de Zúñiga no prosperó porque a pesar de contar con la autorización del virrey y el sostén de la orden a la cual pertenecía, el gobernador de Chile no fue del mismo parecer y deslizó que no estaba en condiciones de protegerlo con sus fuerzas. En consecuencia, los religiosos abandonaron los territorios que habían elegido para reincidir con la vocación de Mascardi, pero en lugar de retornar por el norte, fueron hacia el sur y según el historiador jesuita Francisco Enrich, pasaron por el viejo emplazamiento jesuita del Nahuel Huapi, aunque sin tiempo para restaurarlo. Eligieron retornar por Chiloé “por el estado inquieto en que se hallaban los indios del tránsito” más al norte, agitación que, en cierto modo, justificó las precauciones del gobernador José de Garro. La reconstrucción de la misión tuvo que esperar.

Puente de una sola viga

El militar y cronista español de Chile, Vicente Carballo Goyeneche, también tuvo ocasión de asomarse a Ruca Choroy, aunque en los últimos tramos del siglo XVIII. Alrededor de 1780 comenzó a escribir su “Descripción histórico-geográfica del Reino de Chile”, obra monumental para cuya escritura, recurrió al material que se conservaba en los cabildos y al trabajo de algunos cronistas de desempeño anterior.

Según menciona el trabajo de Francisco Fonck, cuando faltaban 30 años para que se desencadenaran las revoluciones americanas, Carballo Goyeneche arribó a las ruinas de Villarrica, ciudad que había sido destruida en los años siguientes al gran alzamiento mapuche de 1598 y que 200 años después, todavía estaba despoblada. En ese periplo, “se internó diez y seis leguas más hasta la parcialidad de Rucachoroi habitada de huiliches; no hay otro obstáculo en el paso que el río Rucachoroi, pero es tan angosto que lo pasé por un puente de una sola viga”. Huiliche significa gente del sur en idioma mapuche… Hechos que tuvieron lugar en los pliegues más profundos de la historia.