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02/01/2017

Isla Huemul: un paseo turístico olvidado y abandonado por las gestiones municipales

- FUERA DE LAS PRIORIDADES -  Cuando Bariloche más requiere de nuevas ideas que capten un mayor flujo de visitantes, se erige en medio del lago Nahuel Huapi un monumento a la desidia. No se barajan alternativas posibles para reconvertirla en un atractivo turístico y mientras tanto, en la isla Huemul crecen los yuyos y se oxida el patrimonio histórico.
Isla Huemul: un paseo turístico olvidado y abandonado por las gestiones municipales
Isla Huemul: un paseo turístico olvidado y abandonado por las gestiones municipales

En líneas generales la isla Huemul está abandonada. Desde 1987 que está bajo la órbita y la responsabilidad del municipio. En 1992 fue concesionada, pero la excursión que partía desde el puerto San Carlos duró pocos años y la empresa se fundió.

En la última década, varias gestiones de gobierno soñaron erróneamente con hacer allí un casino, un hotel, la vieja excursión entre los antiguos edificios creados por Ronald Richter. Hasta una cárcel se aventuraron a proyectar. Pero ningún intendente hizo algo al respecto.

Incluso, durante la gestión de Marcelo Cascón se había creado una comisión integrada por el Ejecutivo Municipal, concejales, Parques Nacionales, Turismo de Provincia y local, y diversas organizaciones. Se reunían una vez por mes, pero tampoco hubo avances que generaran un cambio. 

El último anuncio lo hizo María Eugenia Martini hace un par de años, planteándose como objetivo, convertir la isla Huemul en una “mini Tecnópolis”. Según explicó oportunamente, se buscaría posicionar ese lugar como un sitio de exposición de la historia de la ciencia de Bariloche y porqué no, del país. La idea no era mala, pero quedó en eso. 

Mientras que el actual jefe de la ciudad, Gustavo Gennuso, ha manifestado a este diario en reiteradas ocasiones, que no tiene un proyecto elaborado para el destino. 

Hace años que no hay mantenimiento de todo el espacio de la isla. La Prefectura realiza guardia las 24 horas, con el fin de conservar el lugar, protegerlo de más saqueos y puntualmente, para evitar acampes e incendios. Las pocas cosas buenas que hay en allí, es gracias a la voluntad de esa fuerza.

Basta con hacer una mínima recorrida por la isla, para cotejar que toda la infraestructura histórica construida en la década del 40 y los servicios edificados después para el turismo, están destruidos, literalmente. El muelle de madera hay que hacerlo a nuevo, más aún si allí tiene que amarrarse un catamarán de mediano porte.

Los pastizales en toda la superficie de la isla rondan los 50 centímetros y en diversas zonas, superan el metro y medio. Siempre hablando de las partes donde hay edificaciones y dónde funcionó el recorrido turístico. 

Además, el pequeño sendero también está cubierto de las cenizas volcánicas que arrojó el volcán Puyehue. Desde ya, que a diferencia de lo que pasó con la ciudad de Bariloche, allí nadie se encargó de retirar las cenizas caídas hace ya más de 5 años.

En lo que hace a los antiguos edificios que le dan el carácter histórico a la isla, están más abandonados que cuando funcionaba el tour. El Ejército ha utilizado esas construcciones para prácticas de tiro, por lo que se ven paredes enteras baleadas. El mejor caso de esto, es la otrora “Casa de Richter”.

Pero eso no es todo, el interior rememora una guerra y se reduce a escombros. La construcción fue saqueada, hasta los pisos de madera. Caños sueltos, ladrillos y espejos rotos, son una postal del lugar. 

Continuando por el sendero, el viejo Laboratorio de Química está tan plagado de vegetación en su exterior que hasta se dificulta su ingreso. Adentro, sus inmensas paredes están tapadas de grafitis y escrituras. Lo mismo ocurre en el Laboratorio de Ciencias, pero que en líneas generales está en buen estado.

La cartelería indicativa permanece -la mayoría- en pie, aunque deteriorada por el desgaste y el óxido. 

El laboratorio de Richter es escombros casi en un 90%. Ese edificio también sufrió las pruebas del Ejército, pero en este caso, con explosivos. Por lo que hay paredes y techo que están destrozados y derrumbados. 

En la usina también ha crecido vegetación, hasta en su interior se erigen plantas y árboles. Algo similar ocurre en el Edificio del Reactor. 

Para llegar al mirador, los escalones y las instalaciones de madera están en muy mal estado. Gran parte de las barandas ya no están y todo está cubierto de plantas. Una vez en el mirador, sobresale la ceniza volcánica, los pastizales y el desgaste de los bancos de madera. 

Uno de los pocos edificios que presenta un mejor estado, es un comedor que el último concesionario había construido junto al lago, mirando hacia Dina Huapi.

El futuro de ese destino turístico parece estar supeditado a lo que se decida hacer con el puerto San Carlos, ya que cualquier excursión requiere una embarcación y el funcionamiento de ese puerto. Además, de concesionarse, las inversiones deberían ser muy costosas y cuesta saber qué empresario se animaría a semejante tarea.

Más aún teniendo en cuenta que siempre se pensó como una excursión breve, de mediodía. Por esa razón, el costo del paseo no permitiría recuperar las inversiones en un corto plazo.

Aunque para reactivar la excursión, también se debería pensar en algún valor agregado que haga más atractivo el paseo, ya que así como está, los turistas pagarían por ver edificios abandonados, escombros y roturas de todo tipo.
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