Sociedad
30/11/2017

Andrés Zerneri: “Estamos perdiendo el tiempo en busca de diferencias que no hay”

- REFLEXIONES -  El reconocido artista plástico Andrés Zerneri estuvo en Bariloche. Está trabajando en el Monumento a la Mujer Originaria que tendrá 10 toneladas de bronce. Contó qué siente en este particular contexto. “Tenemos mucho para aprender y estamos perdiendo tiempo con esta pelea e insistiendo en buscar diferencias en donde no las hay”, opinó y se lamentó por la estigmatización que sufren hoy las comunidades originarias. 

Andrés Zerneri: “Estamos perdiendo el tiempo en busca de diferencias que no hay”
Zerneri se presentó en el Pecha Kucha que organiza Adrián Candelmi.

Por Daniel Pardo
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Andrés Zerneri construye imponentes y profundas reflexiones en bronce sobre nuestra identidad. El destacado artista plástico nació en Buenos Aires, estudió en Neuquén y vive hace algunos años en Villa La Angostura. Construyó la escultura de cobre más grande de nuestro país de Ernesto “Che” Guevara y realizó el monumento a Juana Azurduy, encargado por el presidente de Bolivia, Evo Morales. Y su próximo desafío es esculpir con las diez toneladas de bronce la obra más alta en el país, el Monumento a la Mujer Originaria. El martes fue uno de los expositores en una nueva edición -la 12- del Pecha Kucha que se desarrolla en Bariloche.

Es inevitable para Andrés observar y opinar sobre la abrumadora coyuntura actual en donde los reflectores del país enfocan a las comunidades originarias. “Me siento con mucha bronca, dolor y tristeza”, reconoció el artista plástico que hizo la escuela secundaria en Neuquén y que por su familia materna desarrolló una especial sensibilidad por cuestiones sociales, además de acordar con ideas progresistas. “No creció en mí un perfil indigenista”, aclaró, “sino humanista o libertario. No se trata de defender una cultura en particular, sino aquello que tiene que ver con la raza humana”, definió.

Para Zerneri, mucho de la identidad argentina se construyó con la denostación y minimización de las culturas originarias, “que están aquí hace 12 mil años”. “Fuimos educados –dijo-, con la idea de que somos una mezcla de distintos, y no de una composición colorida en términos culturales”. “Hay pueblos caros, pueblos baratos, algunos que merecen el progreso y otros que no, los que merecen derechos humanos y los que no. Eso me entristece”, admitió y buscó una anécdota para describir la riqueza de los valores que definen a los pueblos originarios. Cuando tuvo que diseñar el boceto del Monumento a la Mujer Originaria preguntó a las comunidades sobre cómo debía ser. Las mujeres consultadas le dijeron que debía ser una mujer hermosa. Y por una influencia cultural, admitió Andrés, se imaginó a alguien joven, pero no, para ellas se trataba de una mujer de 90 años. “Ahí está la belleza”, entendió.

“Tenemos mucho para aprender y estamos perdiendo mucho tiempo con esta pelea e insistiendo en buscar diferencias en donde no las hay. Nuestra sociedad occidental podría enriquecerse mucho con los conocimientos que tienen los pueblos originarios con relación, por ejemplo, a la convivencia humana con la Tierra”, opinó.

A Andrés le duele la estigmatización que moldean algunos medios de comunicación. Y no lo puede creer porque buscan darle un perfil asimilable con las FARC, la ETA, IRA a “gente que tiene como lo más tecnológico unos binoculares o una gomera”, señaló y consideró que “entre apoyar tanta estancia de extranjeros con grandes extensiones de tierras en la Patagonia, preferiría que nuestros pueblos originarios, que son quienes más saben sobre el cuidado de la tierra, la tengan garantizada. Y no tendríamos los riesgos de la mega minería, la contaminación y esclavitud, como es el fin de quienes tienen las estancias más grandes”, dijo y luego de un silencio, reflexionó: “Estamos tan intoxicados de tanta información que terminamos apoyando lo que parece irracional”.

El homenaje al Che

Andrés habló de una de sus obras más emblemáticas, el monumento al “Che” Guevara. “No me gustó”, reconoció, porque consideró que no logró un buen resultado. Y contó algunas particularidades del proceso de creación. “Venían los hijos del ‘Che’ y trabajaban con la obra, querían formar parte del trabajo. También estuvo el embajador de Cuba. Y no era escultores, pero querían estar cerca”, contó y reconoció que no hizo modificaciones a las intervenciones porque le pareció importante que quede con el aporte de ellos. “Quedó media chueca”, dijo entre risas, “pero me hago cargo”. Fueron 75 mil las llaves que se juntaron para el hecho artístico que, además fue un homenaje político. 

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