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Más allá del feriado “por única vez” que celebramos al cumplirse los 200 años del primer izamiento de la bandera, la verdad es que el año que se consagró a Manuel Belgrano transcurre sin mayores referencias a sus aportes más profundos. Hubo iniciativas a nivel local y también nacional pero nos parece que en términos generales, se quedan en la superficie de un hombre que en realidad, evidenció profundidad y compromiso inagotables. Precisamente, el perfil que todavía más se difunde del abogado que tuvo que convertirse a la fuerza en militar, es el que entregó la corriente liberal de la historiografía. Allí está la “Historia de Belgrano”, de Bartolomé Mitre. El fundador de “La Nación” se cuidó de “editar” convenientemente la trayectoria del prócer, para que más o menos encajara en la línea Mayo-Caseros-Pavón. Es decir, centralistas-unitarios-liberales. Pero a poco que se vea un poco más allá, se verá que el vencedor de Tucumán y Salta no cuadraba del todo en el ideario de los que a partir de 1861, impusieron su visión al resto de las provincias. En verdad, Belgrano no tenía nada de inmaculado –hasta hijos “naturales” aportó a la población de las Provincias Unidas-, sí era muy abnegado y su trayectoria se llenó de gestos éticos, pero además poseía una doctrina muy clara, inspirada en determinadas ideologías. El “dibujito” que de él hizo la “historia oficial” nos cargó de anécdotas y comportamientos ejemplares para soslayar postulados doctrinarios que animaron acciones muy contundentes. Belgrano pensaba en política y no sólo en símbolos. “El vestido de los héroes de la Patria, (es) siempre tirados y siempre en trabajos y poco menos que desnudos”, escribió Don Manuel. La descripción hacía mención a sus compañeros de armas, a quienes consideraba “héroes de la Patria”. Eran los anónimos, los protagonistas de la historia, los que combatían en el interior del país por una nación americana. En efecto, estaba cargado de ideas. El 15 de julio de 1810 escribió los nueve puntos básicos para la Primera Junta de Gobierno que había surgido el 25 de Mayo. Era necesario un plan que “rigiese por un orden político las operaciones de la grande obra de nuestra libertad”. La realidad era la siguiente: “inundado de tantos males y abusos, destruido su comercio, arruinada su agricultura, las ciencias y las artes abatidas, su navegación extenuada, sus minerales desquiciados, exhaustos sus erarios, los hombres de talento y mérito desconceptuados por la vil adulación, castigada la virtud y premiados los vicios”. Cabe recordar que el futuro creador de la bandera había fundado años atrás el“Correo de Comercio”, un medio periodístico que en verdad, antecedió a la “Gaceta de Buenos Aires”, ya que se comenzó a publicar en momentos del virreinato. Justamente, su editor tuvo que dar por finalizada la vida del periódico cuando al asumir deberes en los frentes de guerra que se abrían, ya no pudo atender su funcionamiento. Los nueve puntos de Belgrano sirvieron de base para el Plan de Operaciones de Mariano Moreno, secretario de la Junta. En agosto de 1810 fue Moreno, a sugerencia de Belgrano, el encargado de redactar el programa político y económico que bajara al papel el “delirio” de aquellas 162 personas que habían decidido ensayar un camino autónomo. A esos postulados, “el gobierno provisional de las Provincias Unidas del Río de la Plata debe poner en práctica para consolidar la grande obra de nuestra libertad e independencia”. Como puede advertirse, en este caso no había dudas ni máscara de monarca alguno. Moreno definió la revolución como un proyecto sudamericano: “el sistema continental de nuestra gloriosa insurrección”. Para el secretario era necesario modificar la estructura social: “tres millones de habitantes que la América del Sud abriga en sus entrañas han sido manejados y subyugados sin más fuerza que la del rigor y capricho de unos pocos hombres”. Moreno sabía que los privilegios debían ser suprimidos si en verdad se quería crear “una nueva y gloriosa nación”. Es la misma idea de Belgrano cuando decía que “las tres quintas partes de la población y territorio del antiguo virreinato, escapan a nuestro control; la plata del Alto Perú, bloqueada por la insurrección del Mariscal Nieto, resulta vital para las finanzas; representan el 80 por ciento de las exportaciones de la capital. Además los españoles europeos siguen conspirando. Nuestro país es inmenso y despoblado; tal es su presente; sólo le queda acechar como un tigre, un futuro que sin duda será de grandeza”. Ambos hablaban ya del Estado como herramienta de redistribución del ingreso. “Qué obstáculos deben impedir al gobierno, luego de consolidar el estado sobre bases fijas y estables, para no adoptar unas providencias que aún cuando parecen duras para una pequeña parte de individuos, por la extorsión que pueda causarse a cinco mil o seis mil mineros, aparecen después las ventajas públicas que resultan con la fomentación de las fábricas, artes, ingenios, y demás establecimientos en favor del estado y de los individuos que las ocupan en sus trabajos. Si bien eso descontentará a cinco mil o seis mil individuos, las ventajas habrán de recaer sobre 80 mil o 100 mil”. La idea era “hacer feliz al pueblo” a través de un Estado que dirigiera sus políticas en favor de las mayorías. Un Estado que pensara en el mercado interno y fuera proteccionista desde la perspectiva comercial. “Se pondrá la máquina del estado en un orden de industrias lo que facilitará la subsistencia de miles de individuos”. Además, el objetivo “será producir en pocos años un continente laborioso, instruido y virtuoso, sin necesidad de buscar exteriormente nada de lo que necesita para la conservación de sus habitantes”. ¿Se entiende por qué aún hoy llega a las aulas una versión pasteurizada de Belgrano?
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