Editorial
26/12/2018

Hasta el puré será transgénico

Gracias a la premura del gobierno de Cambiemos y a la ausencia de controles efectivos, las argentinas y los argentinos volveremos a ser líderes, aunque está por verse qué consecuencias traerá punta tan incómoda: seremos los primeros del planeta en ingerir papa y trigo genéticamente modificados. El menú se va consolidando porque, hace más de 20 años, se aprobó la soja GM y, más cerca en el tiempo, el maíz.

Si bien la primera oleaginosa nunca formó parte de la dieta tradicional, en la Argentina, es imposible sustraerse a su ingesta ya que, en forma de lecitina, se utiliza en buena parte de la industria alimentaria, tanto en ciertos fiambres como en galletitas, en calditos de sopa como en alfajores. Aquellos que suponen que por comer milanesas o queso de soja están más sanos, debería examinar el origen del grano.

La producción de soja orgánica en el país mínima. Según datos del SENASA, en 2017 se destinaron algo más de 19.000 hectáreas a la siembra de oleaginosos orgánicos, una superficie más bien magra. La mayor parte de esos campos (55 por ciento) se consagró precisamente a la soja, sobre todo, en la provincia de Buenos Aires. De paso, recordemos que la soja GM se aprobó en 1996, cuando era secretario de Agricultura de la Nación, Felipe Solá.

Estamos frente a una auténtica política de Estado. Después de la soja, se aprobó la comercialización de maíz y algodón genéticamente modificados. Gobierne quien gobierne, nadie en los partidos o alianzas políticas con chances de hacerse del Estado cuestiona al modelo de la biotecnología aplicada a la alimentación. Menos aún, en las épocas en que hombres de la Sociedad Rural Argentina forman parte del staff gobernante.

La noticia que refirió la aprobación de la papa y el trigo GM prácticamente coincidió en los grandes medios con los pronósticos sobre la producción agrícola de la campaña 2018/19. Los analistas aguardan que, si el clima no juega una mala pasada, la marca supere levemente las 140 millones de toneladas, con un aumento de casi el 25 por ciento respecto al ciclo previo. Sería un nuevo máximo histórico.

Según se desprende del informe de la consultora Investigaciones Económicas Sectoriales (IES), la cosecha de trigo se encamina a un nuevo récord, al que se estima en poco menos de 20 millones de toneladas. Por su parte, la cosecha de maíz aumentaría casi 25 por ciento en relación al bienio 2017-2018, mientras que la soja también crecería: más del 37 por ciento, siempre en relación con la campaña precedente.

Si bien, en 2018, los números en materia de exportaciones fueron desfavorables, analizar su desglose permite entender en qué medida se profundiza la dependencia del sector primario: hasta noviembre, más del 55 por ciento de las ventas externas correspondió a granos sin procesar, es decir, valor agregado mínimo. Poco más del 37 por ciento del total, correspondió a subproductos oleaginosos.

A comienzos del mes pasado, se presentó el “trigo HB4”. Corrió por cuenta de una empresa que tiene entre sus accionistas a un conocido zar de los organismos genéticamente modificados, que supo alinearse con el anterior gobierno. El flamante trigo GM se vende como “tolerante a la sequía” y a un agrotóxico más cuestionado que el tristemente célebre glifosato. Sólo un puñado de organizaciones se había expresado contra la nueva intromisión de la agrobiotecnología en nuestras mesas.

La Cátedra de de Soberanía Alimentaria que funciona en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires recordó que la producción de los organismos genéticamente modificados constituye una amenaza para la biodiversidad y para la salud de todos los seres vivos, incluso los humanos. Junto a otros ámbitos ecologistas, demandaron: “No queremos trigo ni pan transgénico”.

Por las dudas, recordemos que el trigo se extiende por 5,6 millones de hectáreas en la Argentina (compárese con la superficie que se consagra a cultivos orgánicos) y es el principal componente del pan. Además, no hay ninguna ley que obligue en la Argentina a identificar qué producto contiene organismos GM, como sí ocurre en países de la Unión Europea, Rusia, India, China y Australia, entre otros.

En Bariloche, supo aprobarse una ordenanza que obligaba a poner en práctica esa identificación, pero la voluntad del Concejo Municipal chocó con la inusitada negativa de un director de Inspección General. Luego, el texto se derogó. En cuanto a la papa GM, su comercialización se liberó el 10 de diciembre, en un acto del cual participó el actual secretario de Ciencia, ex ministro del rubro en el gobierno anterior. La papa GM está prohibida desde 2006 en Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Chile. Seremos nosotros los pioneros en puré transgénico.

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