03/04/2018

Difícil acertar, sin saber quiénes somos

Ese inmenso argentino que fue Scalabrini Ortiz acuñó una frase tan desoladora como real: “nuestra mayor tristeza proviene de no saber quiénes somos”.

Un ejemplo contundente de esa ignorancia que practicamos hacia nosotros, la provee -involuntariamente- Jorge Newbery, a quien en general recordamos como pionero de la aviación argentina. Esa semblanza es por lo menos incompleta: Newbery fue un hombre de acción y además un pensador en materia energética. De hecho, propició la creación de una reserva nacional petrolífera cuando al igual que en la actualidad, el Código de Minería sentaba la propiedad provincial de los hidrocarburos y otorgaba facilidades máximas a las empresas extranjeras.

Como se recordará, el petróleo se descubrió aquí en 1907, a pasos de Comodoro Rivadavia. No solo la Argentina carecía entonces de legislación sobre hidrocarburos, en esos momentos únicamente diez u once países extraían crudo y en general, las regulaciones tardaron en llegar. En Estados Unidos la explotación había comenzado en 1859 y recién en 1890 se sancionó una norma para penar los abusos monopólicos que parecen inherentes a la actividad. Sin embargo, los primeros intentos reguladores no incluyeron incursiones del sector público en la exploración, extracción y refinado del petróleo.

Junto con su compañero de investigaciones Justino Thierry, Newbery encontró que no en todos lados el asunto de los combustibles estaba en manos de los intereses mercantiles. En Rumania, uno de los países productores, se había legislado sobre la materia y se había creado una reserva nacional que administraba el gobierno. A partir de esa experiencia, ambos propiciaron continuar el ejemplo rumano. Las autoridades argentinas aprendieron la lección y reservaron para el Estado áreas petroleras. En esa época operaban en la Argentina la estadounidense Esso y la británica Shell, que se adueñaron de los yacimientos petrolíferos de Cuyo y el Norte del país.

En un libro que publicó entonces, Newbery transcribió en forma íntegra la norma rumana, con el ánimo de inspirar a las autoridades nacionales. Pues bien, tres años después del hallazgo, el Estado hizo caso omiso de los sectores liberales y conservadores, para quienes no había que intervenir en la actividad petrolera. En consecuencia, creó una reserva nacional en la zona de Comodoro Rivadavia.

El aporte del aviador no se limitó a cuestiones legales. También se esforzó por demostrar que la calidad del petróleo que yacía en las entrañas argentinas era útil. Durante varios años, los sectores que tenían intereses en la importación del petróleo, argumentaron que el fluido patagónico era sulfuroso y que entonces, su calidad inferior. Newbery advirtió la treta y la desmintió. Al igual que hoy, a comienzos del siglo XX las potencias combinaban dos estratagemas… En primer término, trataban de apoderarse de las reservas. Pero cuando la extracción directa no les convenía por cuestiones de rentabilidad, instalaban en la opinión pública que ese petróleo no tenía calidad o que era escaso como para asegurar ganancias. Pero aquí se toparon con la sagacidad de Newbery y muchos otros.

Las campañas de desprestigio también se abatieron luego sobre el carbón nacional y sobre el gas natural. La compañía británica Primitiva de Gas importaba por aquellos años carbón mineral que se gasificaba. Frente al descaro de los colonizadores, Newbery se enfrentó a la empresa al demostrar la buena calidad del petróleo argentino y también luchó por la nacionalización del servicio público de alumbrado. Para la Compañía Primitiva de Gas, el aviador se convirtió en el enemigo público número uno.

Nuestro hombre se desempeñó en la función pública con honestidad y patriotismo. Desde su lugar, luchó para que se crearan empresas energéticas estatales, tanto con aportes intelectuales como con acciones de gobierno. A través de la municipalización, propició que empresas públicas reemplazaran a los capitales extranjeros, que se valían de concesiones casi eternas para llevar adelante prácticas monopólicas. Su defensa de las empresas estatales se basó en el conocimiento que adquirió sobre la gestión eléctrica y del gas natural en Estados Unidos y Europa.

Falleció antes que la propiedad estatal avanzara también en materia petrolera. Recién con el aporte de capital del Estado en la British Petroleum (BP) se creó la primera empresa pública de petróleo. Corría 1916 cuando la compañía pasó a la órbita estatal por decisión del almirantazgo británico, Winston Churchill era primer lord. Se privatizó a fines del siglo que pasó, por decisión de Margaret Thatcher.

Por su parte, nuestra YPF sería la segunda del mundo. Con forma de empresa, se constituyó en 1922 y fue la primera petrolera pública de América. Más tarde, muchos países latinoamericanos la tomaron como modelo. Como todos los argentinos saben, fue primero desmembrada y luego enajenada por el más cipayo de todos los gobiernos. En la actualidad no es más que una sociedad anónima sujeta a los vaivenes del mercado. Newbery militaría contra esa condición.

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