AL RESTO MÁS BIEN HABÍA QUE ADIVINARLAS

| 26/05/2024

Hace 100 años, la única calle digna de ese nombre era la Mitre

Hace 100 años, la única calle digna de ese nombre era la Mitre
Traslado de una casa sobre Rolando, entre Mitre y Moreno, alrededor de 1927. Foto: Pablo Mange (hijo). Colección Mange en Archivo Visual Patagónico.
Traslado de una casa sobre Rolando, entre Mitre y Moreno, alrededor de 1927. Foto: Pablo Mange (hijo). Colección Mange en Archivo Visual Patagónico.

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El perfil urbano tuvo un cambio de importancia cuando en 1922 se inauguró la sucursal del Banco Nación, pero todavía predominaba la impronta de pequeño pueblito de aires europeos.

Unos 20 años después de su reconocimiento oficial como poblado, Bariloche no se caracterizaba por ofrecer un orden citadino ante los ojos de los visitantes: la única calle digna de merecer ese nombre era la Mitre y por unas pocas cuadras. Todavía no se asfaltaba y con las demás más bien había que adivinar su trazado. Urbanísticamente, las cosas comenzaron a cambiar un tanto cuando después de muchos trámites, el Banco Nación inauguró su sede local.

Es más, por entonces no existía nada que se pareciera a un aeropuerto, el primer avión que arribó a estas latitudes descendió en un afamado establecimiento rural de los alrededores. “En noviembre de 1921 se produjo el inusitado acontecimiento de la llegada de un avión. Para muchos fue la primera vez que veían una de estas máquinas y para todos, y por muchos años, la única oportunidad de tener noticias por un periódico del mismo día”.

La irónica observación corrió por cuenta de Juan Martín Biedma, quien la incluyó en “Crónica histórica del lago Nahuel Huapi” (Ediciones Caleuche-2003), libro que se publicó por primera vez a través de una gran editorial a fines de la década de 1980. No se trató de la llegada de una aerolínea, para que se estableciera ese medio de comunicación de manera regular faltaba bastante todavía.

En efecto, “la máquina piloteada por su dueño, el mayor Kingsley, de las fuerzas británicas del aire, aterrizó en la estancia El Cóndor. Traía como pasajeros a un corresponsal del diario La Nación y al doctor Jorge Newbery, quien había fletado el avión para ver a su hijo, Tom, enfermo, en la estancia que administraba”. Como ya mencionamos varias veces en El Cordillerano, la familia Newbery tenía múltiples intereses en la zona.

Al año siguiente también tuvo lugar una novedad de fuste para la infraestructura barilochense. “El 9 de octubre de 1922, con la habilitación al público de la sucursal local del Banco Nación se cumplió una vieja aspiración de los pobladores. Era presidente del Banco el doctor José de Apellaniz, y gerente, Gaspar Corneille”, informa el texto. “La piedra fundamental había sido colocada el año anterior, el 8 de enero, en un solar adquirido a los esposos Riveiro, en la suma de ¡tres pesos el metro cuadrado! Precio récord en ese entonces”. ¡Cuánto valdrá ahora ese predio!

Por otro lado, hay que recordar que para la llegada del ferrocarril faltaban todavía 12 largos años más. Biedma reparó entonces en un acontecimiento que desde hoy podrá parecer pintoresco, pero recuérdese que cien años atrás, el bandolerismo gozaba de muy buena salud en el noroeste de la Patagonia. “No habiendo ferrocarril preocupaba a todos cómo llegarían los fondos necesarios”, reconstruyó el investigador.

Pues bien, “estos arribaron en la forma más natural y desconcertante: un par de empleados, en el auto de la gobernación, trajo en un maletín un millón de pesos, sin escolta alguna”. Cabe recordar que, por entonces, Río Negro era administrativamente un Territorio Nacional con capital en Viedma, de manera que aquel vehículo transitó centenares de kilómetros por amplias soledades con final feliz.

Entonces, aproximadamente cien años atrás y “a pesar del tiempo transcurrido” desde que se formalizó San Carlos de Bariloche, “la única calle con aspecto de tal era la Mitre, aunque sin pavimentar, veredas de ripio, con filas de álamos plantados hacía años, pero poco crecidos, probablemente por la baja temperatura, y algunos edificios alineados. El mejor constituido era el del Banco Nación, un pequeño palacio de mampostería”, que además era nuevo para 1924.

A pesar de la puesta del día que implicó la llegada de la sucursal bancaria, Bariloche tenía mucho que ver con la actividad agrícola, ganadera y forestal, antes que con los servicios y el turismo. “Del muelle del puerto salía una calle, en ascenso, atestada por los troncos que producía un aserradero”, ilustra al texto de Biedma. Tal vez hay que traer a colación que faltaban casi dos décadas para la concreción del Centro Cívico.

Sin contar la Mitre, “las otras calles longitudinales y transversales apenas si se adivinaban. En las cuadras que se insinuaban, dos o tres casas apenas alineadas estaban rodeadas por huertas y jardines. Las casas eran humildes barracas de tablones de madera o alegres chalés de aspecto europeo, con pináculos, verandas, paredes coloreadas y techos de zinc pintados de rojo”. Suena encantador.

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