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ARCANOS

31/07/2019

Relato Cero: "Le mat"

Es barilochense de tercera generación por parte de madre y su ascendencia paterna lo acercó desde muy joven a la comunicación y la palabra. Estudió Letras en la Universidad Nacional del Comahue. 

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Es barilochense de tercera generación por parte de madre y su ascendencia paterna lo acercó desde muy joven a la ... (+ Info)

Si un hombre persistiera en su locura, se volvería sabio”. (William Blake)

La tarde caía naranja y esperaba el colectivo en el barranco. Es sutil el crisol cambiante del cielo y mi cabeza quiere retener un color. Imposible. Cada milésima se esfuma sin que pueda siquiera percibirla. Locos los que llaman naranja a los cuatro mil seiscientos colores que desfilan en el cielo por segundo.

Entonces comencé a ver un cauce de deshielo frágil y transparente que corría por el piso. Esos gránulos de arena y tierra, esas piedritas, no conocen la suciedad y dicen basta. De todas las cosas en las que la tierra se pega solo ella está limpia, y el reflejo del crisol en el arroyo se vuelve bóveda de estrellas ante mi yo observante.

Pasaron el veinte, el veintiuno y un sesenta confundido a toda marcha y se estrelló tras negar la curva. Las cabezas de los pasajeros bramaron gritos sin pulmones, a pura sangre. Los bomberos y doctores fruncían el ceño al oír mis carcajadas y observar con asombro estos ampulosos gestos ante el dolor de barriga, y -todavía más- mis lágrimas prismadas cayendo en ese cauce helado para hacer un poco menos triste el insípido devenir de sus caderas.

Después llegaron los psiquiatras con una budinera que ajustaron como un casco en mi cabeza. Me dolía en la mollera hasta las lágrimas cada mes, cuando entraba la doctora y ajustaba un centímetro la correa. "Deben entrar aquí todas sus ideas", repetía como un mantra.

Cierta mañana, cuando apenas asomaba el sol en la ventana de mi celda, una libélula dorada se posó en mi hombro y me devolvió la risa. Contagiosa como el cólera, primero mis vecinos, luego los carceleros y hasta el gobernador, caían al suelo desatados, y abrían las celdas a pura tentación. Éramos un ejército de locos invadiendo las grises calles. Desnudos y felices, moríamos de frío abrazados y renacíamos en semillas de girasol.

¡Qué nimios los resentimientos y la moral cuando llega la dorada moneda incinerante a florecer los antes tímidos plexos con millares de hojas irrefrenables, y saca de la caverna moribunda tanto charco estancado y tanta idiotez, para traerlas a la cálida calma colorida y fecunda de esta primavera!

*El escritor barilochense comparte aquí los textos que componen su serie "Arcanos". Microficciones inspiradas en los arquetipos del inconsciente reflejados en las cartas del tarot de Marsella.

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