Cultura
08/01/2019

La viruela causó más muertes que las armas

La viruela causó más muertes que las armas
Eduardo Racedo.

A pesar de las vacunaciones y los aislamientos, hizo estragos entre los mapuches cautivos y también entre los soldados. Entre los últimos, hasta muertes por congelamiento se registraron.

Los soldados de la fuerza expedicionaria que concretó la así llamada Conquista del Desierto, no solo tuvieron que vérselas con la resistencia de los mapuches sino con peligros más mortíferos aún: la viruela, la tuberculosis, la disentería, el frío, el agotamiento físico y otras lindezas. Las estadísticas de mortalidad que se registraron en algunos de los cuerpos del Ejército preocuparon a los superiores.

Tal fue el tema de Horacio Hernández en la ponencia llamada “Médicos, soldados e indios en la Campaña al Desierto de 1879. Aspectos de la sanidad”, que fuera presentada en el Congreso Nacional de Historia sobre la Conquista del Desierto, que se llevó a cabo en 1979 a instancias de la Academia Nacional de la Historia. El cónclave tuvo lugar en General Roca y dejó cuatro gruesos volúmenes.


El Cacique Ranquel Baigorrita

Hubo una enfermedad en particular que se convirtió en un auténtico flagelo entre los indígenas. “La viruela comienza por extenderse entre los indefensos indios, el 10 de mayo (de 1879) el coronel Eduardo Racedo nos dice: ‘... el Comandante Meana acompañado de varios oficiales llegó a nuestro Campamento y me dio (sic) cuenta que uno de los prisioneros estaba enfermo de viruela...’”

Según Hernández, “los médicos practicaban las curas lo mejor posible, lo imposible lo preveían derivando al enfermo a un hospital de retaguardia. El mismo coronel Racedo nos dice: ‘Mayo 17 – Este día no hubo en el campamento movimiento de fuerzas, exceptuándose una partida de 10 hombres que al mando del Capitán Don Máximo Albornoz, marchó escoltando los carros de proveeduría que regresaban a Villa Mercedes, en los que se enviaba un soldado del Regimiento 4to cuya quebrantada salud exigía atenciones imposibles de dispensárseles aquí’”.

Para el autor, “la viruela fue el fantasma que perturbó la campaña. En la división no se desarrollaba aún la viruela, ‘que tan alarmados nos tenía, después de los primeros casos que ocurrieron’, nos dice el 17 de mayo el coronel Racedo, y continúa: ‘Todos los indios prisioneros se les hizo inocular la vacuna, a fin de evitar la propagación de tan funesta enfermedad, que podía muy bien diezmar las fuerzas’”.

Enemiga común

El historiador traía a colación un informe del doctor Luis Orlandini, cirujano del Cuerpo de Fronteras del Sud y Sud Oeste de Córdoba, quien le contaba a su superior que “el 28 de mayo, al tomar prisioneros los indios i (sic) chusmas pertenecientes al Cacique Baigorrita, encontramos varios enfermos de viruela, unos en el período de disecación, otros en la erupción. El Señor Teniente Coronel D. R. Roca adoptó la medida de llevarlos a la retaguardia i distantes de la columna; a fin de evitar que se desarrollase más la epidemia entre los prisioneros, así como entre las fuerzas nacionales. Pero como varios estaban en el período de incubación 27 más se enfermaron de viruela, dando así a un total de 34 virulentos”.

Las precauciones fueron insuficientes. Hernández estableció que “en el mes de agosto el invierno se hacía sentir cruelmente, y la salud del Campamento de la 3era. División en Pitra-Lauquen, empeoraba cada vez más, y la viruela había comenzado a extenderse entre los soldados”. Alarmado, el coronel Racedo ordenó citar a los cirujanos de la División, los doctores Orlandini y Benjamín Dupont, quienes visitaron el cuartel.

En su informe, “los médicos aconsejan, de acuerdo a su bien cimentada experiencia y teniendo en cuenta lo ‘que la ciencia y la higiene aconsejan’ en relación a estas circunstancias, aislar a los enfermos, y proceder urgentemente a la vacunación y revacunación de todos los individuos del Campamento, aun de los que hayan sido vacunados, siéndole desde más de 10 años, o que hayan sufrido la viruela desde varios años”.

Para Hernández, “el informe es una pieza elaborada por verdaderos expertos en ese momento, y apoyan sus decisiones en preceptos claros, aconsejando las medidas higiénicas que deben adoptarse. No sólo se refieren a la viruela como un peligro que amenaza al Campamento, sino que la disentería epidémica había hecho su irrupción entre las tropas: esto lleva a los cirujanos a recomendar la máxima limpieza del Campamento y cambio de éste cuando comenzaran los calores o las lluvias”.

Unos meses después, el 1ro de agosto, el doctor Dupont elaboró otro informe, en el cual se detuvo en un aspecto sanitario particular: “Las enfermedades venéreas, tan comunes entre los soldados, han llamado varias veces mi atención, i en la Memoria de mi servicio del año 1876 indiqué la conveniencia que resultarían de las visitas sanitarias periódicas de los soldados; recomendando todo un procedimiento para erradicar la enfermedad y: sobretodo (sic) para preservar la salud de los mismos, que representaría economía de soldados para el servicio activo... así como ahorro para los gastos del Hospital en drogas etc.”

En su relato, Hernández afirmaba que “la situación sanitaria a fines del invierno, era pésima en el Regimiento Nro. 9 de Caballería de línea y grave en el Batallón 3 de Infantería. Las estadísticas de mortalidad de estos dos cuerpos de línea son verdaderamente alarmantes, en relación al total de las fuerzas de aquellos. No sólo la viruela, la tuberculosis, disentería grave epidémica, el frío (se menciona la muerte de un soldado por congelamiento estando de guardia), sino las muertes súbitas, producidas quizás por agotamiento físico, problemas cardíacos, tuberculosis crónica, etcétera”. Penoso por donde se mire.

Experiencia para el futuro

En materia de salud en la Conquista del Desierto, “si bien hubo críticas en su organización, fundamentalmente en lo que se refiere a los recursos humanos, podemos asegurar –decía el investigador Horacio Hernández- que la experiencia recogida, sobre todo por los facultativos que actuaron en ella, fue altamente positiva e importante. Más tarde esa experiencia repercutirá en la reorganización de todos los aspectos vinculados a las estructuras y servicios de la Sanidad del Ejército y la Marina”.

En efecto, unos meses antes de la partida, un editorial de la Revista Médico Quirúrgica había criticado con severidad a la Sanidad Militar: “Nuestro cuerpo médico militar, con excepción de cuatro o seis médicos que moran en los Hospitales Militares de la ciudad, se compone de estudiantes de medicina más o menos aprovechados y de médicos extranjeros, cuya competencia no es fácil apreciar, por la Comisión Médica Militar que los examina, que no puede ser exigente, ya que hay necesidad de llenar los claros con el primer hombre que quisiera sacrificarse en una frontera, mal tratados, peor considerados y pagado cuando Dios quiera”.

La publicación especializada manifestaba que “para llenar ampliamente las exigencias de la época, no hay otro camino, en nuestra opinión que la organización del Cuerpo médico militar y mientras esto no se realice, póngase al frente de las divisiones que van a hacer la conquista del desierto, en la Campaña al Río Negro, médicos experimentados en la difícil ciencia del arte de curar”. El gobierno acusó recibo.

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