Editorial
03/01/2019

Nunca antes la deuda global fue tan exorbitante

No solo para la Argentina pinta complicado 2019. Dos días atrás, el FMI difundió que la deuda global alcanzó el máximo histórico de 184 billones de dólares, friolera que equivale al 225 por ciento del PBI mundial. ¿Qué futuro puede construirse a partir de tamaño desequilibrio? Quizá para que no cunda el pánico, el organismo aclaró que dos tercios de esa deuda son de carácter privado y no financiera. Solo el resto es pública.

Para el país, el FMI puntualizó que su nivel de endeudamiento equivale al 78 por ciento del PBI y que un tanto más del 26 por ciento pertenece al sector privado. Para sus estadísticas, el PBI nominal de la Argentina asciende a 638 mil millones de dólares. Otro dato llamativo desde la perspectiva global es que en promedio cada habitante del planeta, debe más de 86 mil dólares, volumen que supera 2,5 veces el salario medio per cápita. ¡Una pinturita!

Ante tamaño paraíso de la equidad, se considera al excesivo endeudamiento global como uno de los principales problemas económicos, sobre todo si la economía mundial entra en recesión. La retracción provocaría problemas ante la enorme deuda que contrajeron algunos países, sobre todo en los últimos años. Sin embargo, el propio FMI destacó que “las economías más endeudadas del mundo son también las más ricas”.
Flaco consuelo si recordamos que en 2007, la crisis financiera que luego se hizo económica arrancó en Estados Unidos para luego mudarse a Europa. Precisamente, el primero figura entre los grandes prestamistas del planeta, junto con China y Japón. Llamativamente, los tres son también los que más deben: en conjunto representan más de la mitad de la deuda global, proporción que supera su participación en la producción mundial de bienes y servicios.

Con una mirada de largo plazo, las cifras arrojan que la deuda del sector privado se triplicó desde 1950 y que funciona como motor para el crecimiento de la deuda global. Precisamente, uno de los cambios más significativos desde la crisis financiera de 2008 es “el aumento de la deuda privada en los mercados emergentes, liderada por China, que ha superado a las economías desarrolladas”. En efecto, en el gigante asiático la deuda total representa el 245 por ciento del PBI. La privada corresponde al 81,5 por ciento del PBI. Claro que su PBI nominal supera los 12 billones de dólares.

La deuda pública global había disminuido de manera constante hasta mediados de los 70 pero a partir de entonces, no hizo más que aumentar, sobre todo en las economías desarrolladas. En relación a 2009, se incrementó en 11 puntos en relación al PBI. Frente al “endurecimiento de las condiciones financieras en muchos países” a raíz de las subas en las tasas de interés estadounidenses y otros estímulos del Banco Central Europeo, el FMI pidió tener en cuenta los riesgos para 2019 y 2020, precisamente ante tamaños niveles de endeudamiento.

No hace mucho, una exdirectiva de la Reserva Federal estadounidense avizoró chances de otra gran crisis financiera porque “hay enormes agujeros en el sistema”, entre ellos, el mercado de préstamos apalancados. Así se denomina a los que se conceden a empresas con historiales crediticios deficientes y que por ende, tienen mayores posibilidades de default. La contrapartida se expresa en que esas compañías deben afrontar mayores intereses. La modalidad creció mucho en los últimos años.

Ese cúmulo de deudas tambalearía si las empresas tuvieran problemas para refinanciarlas, sobre todo si las condiciones para los préstamos se endurecieran a raíz del aumento de las tasas en Estados Unidos. No hace falta mucha imaginación para asociar el panorama a la crisis de las hipotecas “basura” de 2007: sus problemas fueron el primer eslabón de una larga cadena que afectó a toda la banca global.

Para volver a los números de 2017, el FMI saludó que en las economías desarrolladas se registrara una reducción en la acumulación de deuda y que la privada esté por debajo de su nivel máximo, aunque experimentó un leve aumento. Por el contrario, las economías emergentes continuaron endeudándose en 2017, aunque a menor ritmo. En tanto, en los países en desarrollo de bajos ingresos, la deuda pública continuó creciendo en 2017 y en algunos casos, alcanzó niveles cercanos a los que se observaban cuando dichos países buscaron ayuda.

El FMI advirtió que “con el endurecimiento de las condiciones financieras en muchos países las perspectivas de reducir la deuda siguen siendo inciertas. Los altos niveles de deuda corporativa y pública acumulados a lo largo de años de condiciones financieras globales fáciles, constituyen una posible falla. Por lo tanto, al cerrar la primera década después de la crisis financiera mundial, el legado de deuda excesiva sigue cobrando importancia”. Espada de Damocles.

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