Editorial
01/01/2019

2019: escenario impensado y destino incierto

El gobierno de la alianza Cambiemos arrancó su último período de mandato, al que deberá revalidar en octubre. Tres años atrás, ni siquiera entre los más pesimistas de sus filas habrán imaginado que 2019 comenzaría con una situación socioeconómica tan complicada. Menos aún que en términos concretos, el deterioro sería de una contundencia tal que pondría en juego aspiraciones de continuidad.

Columnas atrás, recordábamos que según Platón, son los números los que gobiernan al mundo y que según la sentencia del filósofo, el oficialismo tiene todas en contra. Se estima que la tasa de crecimiento del cuarto trimestre de 2018 fue la peor desde que el presidente Macri se instaló en la Rosada. Sin embargo, más preocupados están en su entorno por los augurios de las encuestas: si hoy se votara habría balotaje y se dirimiría con Cristina. Otro horizonte que a comienzos de 2016, ni el más furibundo kirchnerista habría aventurado.

Nadie esperaba que en cuatro años, el gobierno de Cambiemos pudiera alcanzar la idílica meta del “hambre cero”, pero en general, se aguardaba que fuera capaz de ordenar la macroeconomía en forma gradual. Ahora tiene menos de un año para que su gestión no termine con más inflación, pobreza, desempleo y deuda que cuando se inició. El desafío es muy complejo ante la incertidumbre que aporta el contexto externo.

Para retrucar, el oficialismo cuenta con poca cosa: avances en las investigaciones que ventilan casos de corrupción contra exfuncionarios de la gestión anterior y supuestos éxitos en política exterior, a partir de la Cumbre del G20 en Buenos Aires. Obvia el análisis que el Poder Judicial es supuestamente independiente y que nada tendrían que ver sus progresos con la actuación del Poder Ejecutivo. Y en relación al segundo ítem, el boato del encuentro presidencial se dio de bruces con el vertiginoso crecimiento de la pobreza en la Argentina.

Existe otro agravante: en tres años, la Argentina perdió soberanía sobre su política económica. Al recurrir al Fondo Monetario Internacional, la suerte de los números del país ya no depende tanto del Palacio de Hacienda sino de las condiciones que establezca el organismo. El segundo acuerdo con la entidad permitió que se descomprimiera un tanto el alza inflacionaria y al menos, postergó las posibilidades de un nuevo default de cara a 2019.

No obstante, no alcanzó para lograr una caída del riesgo país, que cerró 2018 por encima de los 700 puntos. Si bien en primera instancia, la variable solo tiene importancia para el mundo de las finanzas, es central para saber a qué tasa debería endeudarse el gobierno si requiriera de nuevo financiamiento en los mercados internacionales. Y ahí sí tendría trascendencia para la economía real.

Para el conjunto de los analistas cercanos a la ortodoxia económica, su vigor se explica en parte por las perspectivas electorales. Para los “mercados”, es inquietante que pueda retornar lo que ellos llaman populismo. Pero más concretamente, expresa las dudas que se abaten sobre las posibilidades de financiamiento del sector público en 2020. Aunque de cara a octubre, el gobierno no debería malgastar la espalda que provee el FMI para transitar los primeros tres trimestres.

Si bien el desmadre argentino se explica sobre todo por cuestiones internas, es verdad que el contexto internacional complicó más las cosas. En ese sentido, deberían encender velas en la Rosada a la Reserva Federal estadounidense, para que sus decisiones no provoquen una tercera reversión de capitales desde los países emergentes hacia los centrales. Fue el famoso “pasaron cosas” del que todavía descansa en Villa La Angostura.

Si las encuestas ratifican las posibilidades kirchneristas de retornar al poder, difícilmente el riesgo país afloje. Como consecuencia, las Letes y demás instrumentos financieros dejarán de renovarse. El gobierno prevé una tenue reactivación económica a partir del segundo trimestre pero si desde las finanzas las señales van en sentido contrario, los nuevos “brotes verdes” pecarán por su debilidad.

Frente a todo proceso electoral de suerte incierta, las inversiones financieras tienden a dolarizarse. Difícil que esa demanda no impulse hacia arriba la cotización del billete verde aunque para enfrentar estampidas, el Banco Central y el resto del sector público tendrán a favor dólares contantes y sonantes, gracias a una buena cosecha. También podrá jugar a favor el excedente que aportó el FMI.

Cambiemos jugará su suerte en su lucha contra la inflación. Aunque ya no se anuncien metas, la intención es que baje al 28 o al 25 por ciento en 2019. Para retomar a Platón, el electorado deberá soslayar cortinas de humo, operaciones mediáticas, palabras lejanas a la realidad y demás distracciones. Horas de televisión no mejoran la vida de la gente, más bien al contrario: tienden a empobrecerla.

Dejar un comentario
Seguinos en Facebook
Seguinos en Twitter