Editorial
30/12/2018

Nuevos criterios para hacer efectiva la justicia social

En los últimos 150 años, el mundo cambió de manera drástica. La humanidad ya no vive en un planeta relativamente deshabitado y con unas pocas herramientas a su disposición. Se denomina a la etapa actual Era del Antropoceno, período que se caracteriza por la abundancia de bienes pero también por una alteración sustantiva de los sistemas ecológicos que sostuvieron la existencia humana durante milenios.

Uno de los problemas del presente radica en que los conceptos y modelos económicos a los que estamos habituados, se desarrollaron en un planeta relativamente “vacío”. Si es verdad que se procura una prosperidad sostenible, si buscamos “mejorar el bienestar humano y la equidad social, reduciendo significativamente los riesgos ambientales y la escasez ecológica”, harán falta nuevas visiones sobre la economía y su forma de relacionarse con el mundo.

Son cada vez más necesarias las concepciones que se adapten mejor a las nuevas condiciones a las que se enfrenta el conjunto de la humanidad, entre ellas, una economía que respete los límites del planeta y que reanude la íntima dependencia que experimenta el bienestar humano respecto de las relaciones sociales y la justicia. Las prácticas económicas deben asumir que su objetivo final es precisamente, el bienestar real y sostenible de la gente, no solo el crecimiento del consumo material.

Las visiones que necesitamos sobre el acontecer económico son aquellas que reconocen que éste se integra a una sociedad con su cultura y que de forma simultánea, existen vínculos estrechos entre éstas y los sistemas ecológicos vitales. En definitiva, la economía no puede crecer siempre en un planeta que es finito. Cada año, el 20 de febrero, se conmemora el Día Mundial de la Justicia Social.

La conmemoración busca apoyar la labor de la comunidad internacional que se encamina a erradicar la pobreza y promover el empleo pleno, al igual que el trabajo decente. No es de menor importancia transitar hacia la igualdad entre los sexos, el acceso al bienestar social y a la justicia social para todos y todas. Se trata de un principio fundamental para la convivencia pacífica y próspera, dentro los países y entre ellos.

La ONU considera que la búsqueda de la justicia social universal representa el núcleo de su misión en la promoción del desarrollo y la dignidad humana. En ese sentido, la Declaración de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre la Justicia Social para una Globalización Equitativa se erige como un buen ejemplo de aquel objetivo. El texto se centra en garantizar resultados equitativos para todos y todas a través del empleo, la protección social, el diálogo social, y los principios y derechos fundamentales en el trabajo.

La consecución de la justicia social se vincula estrechamente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y en ese sentido, la conmemoración que corresponde a 2018 centra su atención en los trabajadores migrantes y en su búsqueda de la justicia social. Es que en la actualidad, el motivo principal para migrar se liga directa o indirectamente con la búsqueda de un empleo digno. Incluso en las situaciones en las que el trabajo no es la razón más importante, el empleo suele ser un elemento definitorio en cualquier proceso migratorio.

En nuestros días, se calculan en 258 millones a los migrantes de carácter internacional. La OIT tiene para sí que unos 150 millones de trabajadores son migrantes, es decir, un 4,4 por ciento de la mano de obra mundial. Entre ellos, el 56 por ciento se constituye por hombres y el 44 por ciento, por mujeres. A nivel mundial, los trabajadores migrantes tienen una tasa de actividad más alta que los locales: un 73 y un 64 por ciento, respectivamente.

La Declaración de la OIT data de 2008, “momento político crucial” según la entidad. El texto recogió “el amplio consenso acerca de la necesidad de una fuerte dimensión social en la globalización, que permita conseguir mejores resultados y que éstos se repartan de manera más equitativa entre todos”. A una década de su elaboración, quizá goce hoy de más vigencia que por entonces.

Entre otros conceptos, se esfuerza por instalar el de Trabajo Decente y refleja “una perspectiva productiva que destaca la importancia de las empresas sostenibles para la creación de más empleo y oportunidades de ingresos para todos”. Por su parte, la Asamblea General de la ONU reconoce que la globalización y la interdependencia abren nuevas oportunidades mediante el comercio, las corrientes de inversión y los adelantos de la tecnología, pero al mismo tiempo advierte sobre la persistencia de problemas graves, como las agudas crisis financieras, la inseguridad, la pobreza, la exclusión y la desigualdad. Entonces, políticas en términos de justicia social se tornan imperiosas.

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