Editorial
17/12/2018

Otorgarle seguridad a la migración

La humanidad siempre migró. Desde los comienzos de su historia, la migración obedeció a motivaciones valientes, tanto individuales como colectivas, de superar adversidades y enfrentar peligros en la búsqueda de una vida mejor. Si bien el fenómeno es viejo, en la actualidad, la globalización provocó que se incrementara el número de personas que tienen el deseo y la capacidad de mudarse a otros lugares.

Los avances en las comunicaciones y el transporte estimulan el proceso. La nueva era creó tantos retos como oportunidades para las sociedades, en todo el planeta. También sirvió para subrayar el vínculo que existe entre migración y desarrollo, así como las oportunidades que ofrece para el concepto de codesarrollo, al que se entiende como una mejora concertada de las condiciones económicas y sociales, tanto en origen como en el destino.

En la actualidad, la migración atrae cada vez más atención. En países europeos, es asunto central de la agenda política y las diversas opiniones separan partidos políticos y votantes. La problemática convive con factores de incertidumbre, urgencia y complejidad. Está a la vista que las periódicas crisis que derivan de la migración internacional, requieren de una mayor cooperación y una acción colectiva.

Además de violar derechos humanos y provocar muertes, los muros en las fronteras son inservibles. Insuficiente parece la tarea que lleva adelante la ONU, que procura ampliar los diálogos y generar interacciones entre países y regiones. La entidad internacional también asume como tarea impulsar el intercambio de experiencias y oportunidades de colaboración, ante el ritmo creciente de los traslados.

En 2017, el número de migrantes alcanzó la cifra de 258 millones, frente a los 173 millones de 2000. Sin embargo, la proporción de migrantes internacionales en relación a la población mundial es sólo ligeramente superior a la registrada en las últimas décadas: un 3,4 por ciento en 2017, en comparación con el 2,8 por ciento de 2000 y el 2,3 por ciento de 1980. En cambio, el ingrediente novedoso es que mientras muchas personas escogen migrar voluntariamente, muchísimas otras emprenden el viaje por necesidad.

Existen alrededor de 68 millones de personas que se vieron desplazadas por la fuerza, entre los que se incluyen 25 millones de refugiados. También hay que contabilizar tres millones de solicitantes de asilo y más de 40 millones de desplazados internos. En los últimos meses de 2016, la Asamblea General aprobó un conjunto de medidas, al celebrarse la primera cumbre de la historia sobre los desplazamientos de migrantes y refugiados.

Los Estados contrajeron las obligaciones que quedaron plasmadas en la Declaración de Nueva York sobre Refugiados y Migrantes. En el texto, se reafirma la importancia de brindar protección internacional a las personas que migran y se subraya la obligación de los Estados de mejorarla. El acuerdo allanó la aprobación de dos nuevos acuerdos mundiales en 2018: el Pacto Mundial para Establecer una Migración Segura, Ordenada y Regular y el Pacto Mundial sobre Refugiados. La aprobación del segundo se previó para la Conferencia Intergubernamental que se celebró en Marrakech días atrás.

En uno de los apartados de su preámbulo, el flamante texto expresa que “si bien los refugiados y los migrantes tienen los mismos derechos humanos universales y libertades fundamentales, que deben respetarse, protegerse y cumplirse en todo momento, constituyen dos grupos distintos que se rigen por marcos jurídicos separados. Sólo los refugiados tienen derecho a una protección internacional específica, definida en el derecho internacional de los refugiados. El presente Pacto Mundial se refiere a los migrantes y propone un marco de cooperación para abordar la migración en todas sus dimensiones”.

Como marco general, el Pacto Mundial reconoce que la migración “genera prosperidad, innovación y desarrollo sostenible en nuestro mundo globalizado, y que estos efectos positivos pueden optimizarse mejorando la gobernanza (sic) de la migración. En el mundo actual, la mayoría de los migrantes viajan, viven y trabajan de manera segura, ordenada y regular. Sin embargo, no cabe duda de que la migración tiene efectos muy distintos, y a veces imprevisibles, en nuestros países y comunidades, y en los migrantes y sus familias”.

Entre otros principios, ratifica la soberanía nacional, es decir, el derecho que tienen los Estados “a determinar su propia política migratoria y la prerrogativa de regular la migración dentro de su jurisdicción, de conformidad con el derecho internacional. Dentro de su jurisdicción soberana, los Estados podrán distinguir entre el estatus migratorio regular e irregular, incluso al decidir con qué medidas legislativas y normativas aplicarán el Pacto Mundial, teniendo en cuenta sus diferentes realidades, políticas y prioridades, y los requisitos para entrar, residir y trabajar en el país, de conformidad con el derecho internacional”. Al celebrarse hoy el Día Internacional del Migrante, cabe exigir que las nuevas concepciones se hagan realidad.

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