Editorial
05/12/2018

Más de la mitad de los femicidas es familia

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al de muchos… Pero la Argentina no es una excepción a la regla: el mayor peligro que enfrentan las mujeres está en sus propios hogares, si se da crédito al informe que elaboró la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito. Según la investigación, en 2017 más de la mitad de las mujeres que fueron víctimas de homicidio, resultaron asesinadas por su pareja o por parientes cercanos.

Los investigadores concluyeron que los esfuerzos que se realizaron en algunos países para frenar la oleada de asesinatos a través de nuevas estrategias jurídicas y programas sociales, no lograron avances tangibles. El reporte se dio a conocer el 25 de noviembre último, en coincidencia con el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Pone el acento en analizar cómo se relaciona la violencia contra las mujeres y las niñas con su estatus y papel en la sociedad.

En el prólogo del informe puede leerse que asesinar a una mujer es “un acto letal a lo largo de un (proceso) continuo de discriminación y abuso, basados en el género”. La definición corresponde a Yury Fedotov, director general de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito. La investigación encontró que si bien la mayoría de las víctimas de asesinato son hombres, es más probable que las mujeres mueran a manos de gente cercana.

El relevamiento determinó que aproximadamente uno de cada cinco homicidios tuvo como responsable a una pareja o familiar cercano. Las mujeres y niñas conformaron la mayoría de esas muertes. Los fríos números: de casi 87 mil mujeres que fueron víctimas de homicidio doloso durante 2017 en todo el planeta, alrededor del 34 por ciento fue asesinada por su pareja y el 24 por ciento por un familiar.

El índice más elevado en relación a las mujeres que murieron a manos de su pareja o parientes se encontró en países africanos: 3,1 víctimas por cada 100 mil mujeres. Pero por aquí también el guarismo es espantoso: en América la cuenta dio 1,6 víctimas por cada 100 mil. El más bajo se registró en Europa: 0,7 víctimas. Los autores del informe advirtieron que no fue posible registrar con precisión los asesinatos de género que ocurrieron durante conflictos armados. En consecuencia, las cifras verdaderas en ciertas regiones podrían ser más elevadas.

Además, los datos no incluyeron los homicidios todavía irresueltos que posiblemente se dieran por el género de la víctima. Y por último pero no menos importante, los analistas dijeron que muy frecuentemente, la violencia contra la mujer no se reporta. A título crítico, el informe no deja en claro de qué manera se tomó en cuenta la violencia contra las mujeres transgénero en las estadísticas. Ni siquiera si efectivamente se consideró.

En la raíz de la violencia doméstica contra mujeres y niñas se encuentran normas sociales que suponen que el hombre está revestido de autoridad para ejercer control sobre ellas. Investigaciones que cita el texto de la ONU apuntan que los hombres y los niños que se atienen a las perspectivas estereotípicas sobre los roles de género, son más propensos a ser violentos con su pareja.

Los hombres que mataron a su pareja de sexo femenino, por lo general trajeron a colación problemas con el alcohol, celos o miedo al abandono. En cambio, las mujeres que mataron a su pareja de sexo masculino, con frecuencia mencionaron que habían soportado largos períodos de violencia física de su parte. También existieron casos excepcionales en los cuales fueron mujeres las responsables de violencia de género: los ejemplos más habituales fueron protagonizados por algunas parientes que cometieron homicidios por honor, es decir, las familiares asesinaron a una niña o mujer por -supuestamente- haber deshonrado a la familia.

Existen otras motivaciones, entre ellas, la orientación sexual o la identidad de género de la víctima, además de la práctica de trabajo sexual. En el sur de Asia se suman a la nómina disputas sobre las dotes matrimoniales o incluso acusaciones de brujería, al igual que en África e islas del Pacífico. Si bien algunos países ya cuentan con leyes que penan de manera diferenciada el femicidio (entre ellos, la Argentina) en términos globales todavía no existe consenso sobre el significado de la categoría.

El origen del término data de los 70, cuando se acuñó para referir a los asesinatos de mujeres y niñas. En años recientes, Latinoamérica hizo punta para que se utilice con el fin de crear nuevas categorías legales y políticas públicas. En este sentido, el rol del movimiento de mujeres en la Argentina fue y es central, aunque algunos jueces insistan en no tomar nota de los nuevos conceptos.

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