Falta de inversión en ciencia

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las promesas de campaña se las lleva el viento y parece ser que no existe tormenta alguna que las traiga de regreso. En 2015, cinco días después de la primera vuelta electoral, el actual presidente Mauricio Macri prometía "duplicar la inversión en ciencia y tecnología". Poco más de dos años y medio después, Argentina solo invierte el 0,6% de su PBI en investigación y desarrollo (I+D).

Por María del Pilar Ayuso

La importancia del desarrollo de proyectos de I+D es crucial para la economía nacional, ya que permite la optimización de recursos y una mayor productividad, pero la inversión argentina está lejos de las grandes potencias mundiales. Israel destina el 4,3% de su PBI en investigación y desarrollo; en el caso de Corea del Sur, dedica el 4,2% a esta área, y Alemania tiene el 2,9% de su PBI allí. Dentro del ranking de los quince países que más porcentaje de su producto bruto invierten en I+D, el capital privado nunca baja del 50% del total.

Esta relación también se da a la inversa, excepto en contadas inversiones. En la mayoría de los casos, con inversiones menores al 0,2% de su PBI Madagascar, Irak, Indonesia, Filipinas, Paraguay y otros 30 países, el porcentaje privado no supera el 35% y la cifra suele oscilar el 4% en la mayoría de las ocasiones.

En el ranking global, Argentina se encuentra en el puesto 56 de 135 países. Sin embargo, si se analiza una fotografía macro de la situación, nuestro país se posiciona en el poco deseado grupo de los que invierten menos del 1% de su PBI, lejos de las promesas de campaña y aún más lejos de las potencias mundiales que destinan más del 2 por ciento.

Del total de estas inversiones, en nuestro país la mayoría viene del Estado. Por ejemplo, en 2015 el 76,4% de la inversión en I+D vino por parte del gobierno, mientras que solo el 17,2% fue realizado por empresas. Para el mismo período, en Corea del Sur el 71,1% provino de parte de las empresas y nada más que el 22,6% fue financiado públicamente.

"En muchos países la inversión es mixta; pero acá, el porcentaje privado es bajo, el sector no apuesta al desarrollo científico y tecnológico", confirmó Alan Szalai, becario posdoctoral del CONICET. "El sector privado no va a arriesgarse acá, cuando en otros países hay costos que los absorbe el Estado", explicó.
Fernando Stefani, investigador principal del CONICET, remarcó que "los países desarrollados realizan inversiones que impactan positivamente en sus economías, generando los incrementos de PBI per cápita mayores".

"Estamos retrasados en cuanto a nuestras propias cualidades", explicó Stefani a BAE Negocios. El investigador principal del CONICET aseguró: "Mientras los países desarrollados aumentan hace décadas la inversión de I+D a un ritmo constante de 0,03% de su PBI por año, en Argentina también crecemos, pero solo un 0,01% anual, lo cual es tres veces más lento y nos hace alejarnos cada vez más".

Hoy en día, en el país el 75% de la inversión está en la investigación científica básica y el restante 25% en producción industrial. El problema recae en la falta del sustento para completar la cadena. Para que un desarrollo científico con potencial comercial pase del laboratorio a la fábrica, es necesario que atraviese un proceso de innovación industrial que puede durar años.

El problema no termina allí. La innovación industrial de un producto, que conlleva su maduración tecnológica y fabril, requiere inversiones a largo plazo y esa es una materia pendiente en el país.

Stefani aseguró que hay dos puntos que impiden la llegada de capital privado. "El primero es la política de Estado, ninguna empresa invierte a largo plazo si no se ve acompañado por el gobierno", explicó el investigador. "La falta de un instrumento de fomento" fue el segundo punto para el hombre del CONICET, quien justificó que "la carencia de instituciones intermedias que acompañen y la falta de subsidios para los procesos disuaden a las empresas".

"Las inversiones privadas ocurren cuando se minimiza el riesgo, se dan las condiciones económicas y hay continuidad de las políticas públicas, porque son procesos larguísimos", concluyó Stefani. Szalai coincidió con esto: "Los cambios en las políticas económicas no ayudan".

El capital humano muchas veces también pierde. "Los subsidios estatales en el área científica se dan por tres años, con presupuestos en dólares pero que se asignan en pesos y a veces ni siquiera se entregan a tiempo", afirmó Szalai para explicar cómo la coyuntura también perjudica a los investigadores y sus proyectos.

Los desarrollos podrían ser un trampolín para la economía argentina, pero se requieren políticas a largo plazo por parte del Estado para fomentar la inversión privada. No alcanza con pensar por cuatro u ocho años, el capital está y podría beneficiar a los sectores más importantes de la economía argentina que hoy pierden.

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