Editorial
28/11/2018

Hay que poner fin a la ocupación militar del territorio palestino

“La lucha palestina por la libre determinación, la independencia y una vida digna, que ha durado varias décadas, afronta hoy numerosos obstáculos, entre ellos el mantenimiento de la ocupación militar del territorio palestino, la persistencia de la violencia y la incitación, la continuación de la construcción y expansión de asentamientos, las graves incertidumbres relativas al proceso de paz y el deterioro de las condiciones humanitarias y económicas, especialmente en Gaza”.

El párrafo precedente no lleva la firma de la Autoridad Nacional Palestina, ni de Hamás ni de Fatah ni de cualquier otra organización que lucha para que se hagan efectivos los derechos del pueblo palestino. Hizo suyas esas palabras António Guterrez, el secretario general de la ONU, al conmemorarse hoy el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino. Muy difícilmente pueda catalogarse al diplomático portugués de terrorista o antisemita.

La celebración se instituyó en 1977 para el 29 de noviembre de cada año. Se eligió la fecha por la importancia que tiene para el pueblo palestino que ese día de 1947, la Asamblea General aprobara la resolución 181, a la que posteriormente se conoció como la “de la partición”. En ella se estipulaba la creación de un “Estado judío” y de un “Estado árabe” en Palestina, con Jerusalén como ciudad con un régimen internacional especial.

Pero 71 años después, de los dos Estados que se preveían solo existe uno. Entonces, el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino otorga una oportunidad para que la comunidad internacional centre su atención en un hecho ineludible: la cuestión de Palestina aún no se resuelve. En 1975 se había establecido el Comité para el Ejercicio de los Derechos Inalienables del Pueblo Palestino, con el mandato de asesorar a la Asamblea sobre los programas que se destinaran al ejercicio de los derechos inalienables del pueblo palestino, incluidos el de la libre determinación sin injerencia externa, el de la independencia y la soberanía nacionales, y el de regresar a sus hogares y propiedades, de los cuales fueron desalojados.

Ese Comité también tiene como mandato “ofrecer su cooperación y apoyo a las organizaciones palestinas y otras organizaciones de la sociedad civil”. Desde entonces se creó una red con más de 1.000 organizaciones que tienen presencia en todas las regiones del mundo. La conmemoración adquiere un carácter especial durante el año en curso, ya que la violencia recrudeció por varias razones, entre ellas, el apoyo estadounidense para que Jerusalén funcione como capital israelí.

Lejos de avanzarse hacia la llamada “solución biestatal”, en los últimos años el conflicto se agravó notablemente a partir de la construcción por parte de Israel de un muro de separación, que funciona junto con estructuras y obstáculos en el territorio palestino ocupado. El Comité en cuestión se pronunció con firmeza para repudiar la odiosa infraestructura porque además, su trazado se desvió de la frontera anterior a 1967. La situación afecta inclusive a Jerusalén Oriental.

Su construcción se acompañó con la destrucción y confiscación de tierras y propiedades palestinas y del desplazamiento de miles de familias. A propósito, en 2004 la Corte Internacional de Justicia afirmó que la construcción del muro era ilegal en virtud del derecho internacional. Pero antes que Corea del Norte, antes que Irán o que Siria, si algún país hace caso omiso al derecho internacional es precisamente, Israel.

Ese mismo año la Asamblea General exigió que Israel cumpliera con sus obligaciones legales, advertencia que una vez más cayó en saco roto. El Comité hizo saber su preocupación porque entiende que con la construcción de la barrera, supuestamente por motivos de seguridad, el gobierno de Israel pretende en realidad anexionarse de hecho más tierras palestinas y definir de manera unilateral las fronteras de un futuro Estado palestino.

Según ese ámbito de la ONU, Israel no tiene derecho a construir ninguna de esas estructuras de separación en tierra palestina. Su erección en territorio palestino ocupado, incluida Jerusalén Oriental y sus alrededores, debe cesar de inmediato y se deben desmantelar, tanto el muro como las estructuras conexas que se levantaron, de conformidad con la opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia.

La cuestión de los refugiados palestinos es otro elemento crítico del conflicto. Su resolución de manera justa y ecuánime es un requisito esencial para alcanzar la paz, tanto entre Israel y Palestina como a escala regional. Solo se puede lograr en el contexto del derecho inalienable de los palestinos a regresar a sus viviendas y propiedades, de las que fueron desplazados. El Comité de la ONU entiende que una solución justa para los refugiados palestinos y su pueblo engloba también una compensación y remedos por los daños que sufrieron y sufren. ¿Cuántos minutos dedicará la Cumbre del G20 a la cuestión palestina?

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