Actualidad
08/06/2017

Familiares y jóvenes con problemas de adicciones todavía pueden sumarse al programa Comunidad en Diálogo

- EN LA PARROQUIA MEDALLA MILAGROSA -  El padre Branko de la Parroquia Virgen de la Medalla Milagrosa, ubicada en calle Sobral, tomó la iniciativa de comenzar con el Programa Comunidad en Diálogo, para ayudar a los jóvenes a alejarse de la droga y el alcohol.

Familiares y jóvenes con problemas de adicciones todavía pueden sumarse al programa Comunidad en Diálogo
El joven italiano y Blanca, parte del equipo del Programa.
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or Susana Alegría
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Se trata de un programa que está a punto de cumplir 26 años, fue creado por el padre Matteo Tagliaferri, de la rama Vicentina, bajo una consigna muy clara “para que renazcan a la vida los tóxico dependientes, porque amar a alguien significa decirle: Tu no morirás”.

El Cordillerano dialogó con Blanca Elena Vargas, de Colombia, y Damián Renzi, de Italia (del Sur de Roma), quienes ya empezaron con la noble tarea de dialogar con las familias que se acercan los días sábado para poco a poco comenzar a ingresar a los jóvenes que decidan recibir ayuda.

Ella en Bogotá trabaja con habitantes de calle, con hermanas vicentinas, y la directora pidió abrir allí una Comunidad en Diálogo, y por hablar nuestro idioma la invitaron a sumarse al proyecto en Bariloche. “A través de una experiencia de vida los jóvenes comienzan a recuperar los valores que han dejado un poco olvidados por dejarse llevar por las circunstancias”, dijo Blanca.

El Programa

Tiene una duración de 3 años, tiempo en el cual los jóvenes permanecen en residencia, compartiendo actividades cotidianas que se les asignan, sector de cocina, de limpieza, etc. Allí asumen determinadas responsabilidades en la convivencia, la que se iniciará en el edificio de Medalla Milagrosa y luego serán derivados a otros lugares. Esta rutina además lleva a que se abran surgiendo la sinceridad y el diálogo espontáneo.

“Hay un momento en que lo mejor para el joven es tomar distancia de su lugar de origen y de las malas amistades que lo han llevado a lo que hoy es”, agregó.

No es un programa que esté masificado, se habla en un principio de diez o doce jóvenes, pero si se supera esa cifra, verán la forma de incorporarlos, porque a nadie se le negará la posibilidad de estar mejor.

El sábado pasado fue el primer encuentro y ya cuentan con tres jóvenes dentro del programa, por lo que se cree que tendrá muy buen recibimiento en nuestra ciudad. Ellos ya comenzaron con las actividades pautadas dentro del equipo de trabajo. 

“En este espacio la centralidad siempre va a ser el ser, la persona, no se mira estrato social, religión ni lenguas, la estructura es importante pero lo esencial es el ser humano, los escuchamos, contenemos y acompañamos a través del asumir responsabilidades y cumplir pautas horarias”. Es con esa rutina organizada que van surgiendo sentimientos del interior de cada joven, desbloqueándolo.

Es de destacar que no se utilizan medicamentos ni tratamientos terapéuticos con profesionales en el programa, “cuando una persona entra en abstinencia es totalmente diferente en cada uno, una manera de atravesar ese momento es a través del acompañamiento total y el diálogo”.

El equipo de trabajo es parte de una comunidad a nivel mundial, que va rotando según las necesidades en cada centro de asistencia.

Experiencia personal

Damián todavía está dentro del Programa y vino desde Italia para sumarse al equipo de trabajo en nuestra ciudad, cuando se enteró de la posibilidad de poder colaborar. Lleva 40 meses dentro de la Comunidad en Diálogo y pronto lo finalizará. Ingresó por consumo de drogas, alcohol y psicofármacos.

Es el menor de tres hermanos: “yo entré al mundo de la droga a los 11 años, me costaba mucho relacionarme con mis pares, me dejaban de lado y se reían de mí, lo que llaman bullying. También tenía problemas en mi familia y me fui cerrando a todo. Cuando apareció un grupo que me aceptó, apareció la droga, me sentía parte de ellos y eso me enorgullecía sin darme cuenta que el problema iba a ser mucho más grave”, dijo el joven italiano.

A los 14 años comenzó a consumir bebidas alcohólicas, “empecé a salir con una chica con la que tomábamos todo el día, desde la mañana, después la Policía me agarró con marihuana, me aplicaron el Artículo 75 y llegué a manos de Asistencia Social, los que a su vez me enviaron a un psiquiatra”, detalló. Años de concurrir a los tratamientos, tres veces por semana y sólo sumó una adicción más, el consumo de medicamentos, “la situación no había cambiado en absoluto y cada vez me sentía peor”.

Un claro reflejo de cuando el sistema aplica los mecanismos sin tener en cuenta a la persona y su futuro.

“A los 19 años me enteré de Comunidad en Diálogo, me acompañaron a Trivigliano, la sede central, conocí al padre Matteo. Quizás por curiosidad, decidí probar y acá estoy, terminando mi tratamiento y colaborando con los que decidan ingresar”. El se quedará tres meses en Bariloche y luego regresará a su país.

Damián es un eje muy importante en el equipo porque sabe exactamente de qué se trata y cómo se sienten los jóvenes que viven en la droga o el alcohol.

Dónde acercarse

Para todas aquellas personas que deseen ayudar a un joven con adicciones y obviamente para quienes ya no quieren continuar con ese estilo de vida, pueden acercarse los días sábado de 18.45 a 19.15 horas a la parroquia. “Si bien no es fácil salir a gritar a los cuatro vientos que se tiene un hijo adicto porque se sufre, porque duele, tampoco es fácil continuar viviendo así”, dijo Blanca. Es la familia la que sufre porque el adicto no siempre es consciente de lo que le está sucediendo.

“Tener un familiar con ese problema no es un castigo ni es un pecado, es una situación que se escapó de las manos, tampoco se trata de buscar culpables, sino de encontrar soluciones”, agregó. Muchas veces se acercan primero las madres y allí las van guiando y dando herramientas para que en poco tiempo, su hijo tome la decisión de acercarse. Nunca es tarde para hacer algo positivo por su propia vida.

Historia de Comunidad en Diálogo

La experiencia de la comunidad está instalada en varios países, en Colombia ya cumplió diez años y Blanca comentó que “allí hemos tenido jovencitos de 14 años en adelante, en realidad la edad no es importante, sí la decisión de pedir ayuda para dejar la adicción”.

En febrero de 1991 Tagliaferri se encontraba en una parroquia de montaña en el centro de Italia, a 1400 metros de altitud y rodeada de nieve. Se acercó un padre desesperado porque su hijo era tóxico dependiente y si no se recuperaba el juez lo condenaría a prisión. Decidió hablar con el juez y pedir tenerlo a su cargo al jovencito en aquella iglesia, a los pocos días llegaron dos más con el mismo problema y sin darse cuenta, nacía el primer grupo. 

En pocos años ya eran más de 200 quienes además colaboraban con los que recién ingresaban, y así fueron surgiendo en otros lugares del mundo. En una carta de Tagliaferri a los primeros ingresados citaba: "Al comienzo la lucha para cada uno y para todos, es siempre contra la poca fe en la fuerza interior que todos poseemos para vencer la confusión y el egoísmo, pero precisamente quienes han sufrido ya demasiado, se han entregado y encontrado cada vez más en el camino de la vida; cada vez más participantes de un clima vital; cada vez más responsables y capaces de amar. Y así aprendiendo a dialogar, a apoyarse unos a otros, revive día a día el hombre que está en cada uno de nosotros. No importa la fatiga y el sacrificio, porque la voluntad de vivir plenamente su vida en las dimensiones más profundas, en los sentimientos y en los afectos, en la realidad del propio futuro creído nuevamente posible y en el que de nuevo se ha vuelto a pensar, tal voluntad es más fuerte que cualquier otro temor y sacrificio: es el hombre".

Medalla Virgen Milagrosa

Creada el día que se celebra la fiesta de la Virgen de Luján, un 8 de mayo 1986 con la llegada del Padre Branko, la capilla San Carlos -ubicada en Hermite y Palacios- comenzó a ser parroquia. Por esos tiempos la misa se celebraba al calor de un único medio de calefacción, una vieja salamandra. La casa parroquial era un ranchito dividido en dos, que ni siquiera tenía baño. Las lauchas eran las invitadas todas las noches, hasta que el padre se consiguió una gatita blanca y negra que lo acompañaba en las misas diarias sentándose en el primer banco.

Durante los primeros años, vinieron misioneros de afuera para visitar los barrios (y se armó el primer cancionero). El padre Branko tocaba la guitarra, una de doce cuerdas que todavía anda dando vueltas por ahí. Con las visitas a las casas, la gente se fue acercando y como la capillita se hacía chica, en enero de 1988, se puso la piedra fundamental para el nuevo templo que estaría dedicado a la Virgen de la Medalla Milagrosa, quien era la protectora de la congregación a la que pertenece el padre Branko.

Se trabajó duro y parejo, en poner el hombro para la construcción, ir a buscar la madera al bosque, juntar los fondos necesarios recolectando y vendiendo papel de diario. Lo único que se pagó fue la estructura de hormigón, el resto lo hicieron entre todos, especialmente adolescentes de entre 13 y 18 años y algunos hombres. Fue así como el 10 de septiembre de 1989 se realizó la primera misa en la capilla y se confirmó el primer grupo de la parroquia. A partir de ese momento todas las celebraciones comenzaron a congregar a la comunidad en la capilla actual, mientras que las demás actividades se organizaban en la capilla vieja (reuniones, fiestas, catequesis).

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