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Marcial, la historia del domador de caballos que cumplió 102 años

Marcial conoció Las Grutas hace muy poco gracias al programa “El mar invita”. Marcial conoció Las Grutas hace muy poco gracias al programa “El mar invita”.

- HISTORIAS DE VIDA -

Nació en Cushamen y tuvo que trabajar desde muy chico. Quedó huérfano cuando tenía ocho años. Contó el primer encuentro con quién luego fue su esposa. “Estaba trabajando lejos y volví para una señalada a Cushamen, ahí la volví a ver y nos entreveramos” comentó sonriente.

Por Susana Alegría
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Se dice que hay mucho que aprender de los abuelos, gente que ha dado por Bariloche y que poco a poco van quedando en el olvido. Algunos continúan contando sus historias a sus pares en los centros de adultos mayores, Marcial Acuipil es uno de ellos. Tiene 102 años y dialogó con El cordillerano, con una lucidez envidiable.

Nació en Cushamen, provincia de Chubut, y desde muy chico salió a trabajar en estancias. “Fui puestero y domador, siempre me gustaron mucho las tropillas y cuidar las ovejas”, comentó.

Marcial quedó huérfano cuando tenía ocho años, “quedamos solos con mi hermanito, en poco tiempo hasta nuestros abuelos fallecieron”, lamentó.

Andaban solos pidiendo que les den una changa, “antes los chicos servíamos para cualquier tarea, desde los seis años ya empecé a aprender y encima ganaba plata, ahora si tenés cincuenta ya no te toman y con 12 tampoco”.

Doble cumpleaños

Marcial dice haber nacido en 1916, pero según su documento tiene 90 porque cuando estaba por cumplir doce años recién lo inscribieron en el Registro Civil. “Yo nací un 10 de junio pero me anotaron un 7 de abril por eso festejo los dos cumpleaños”. Situación que era cotidiana para los vecinos que vivían en parajes alejados de la ciudad. En el Centro Amanecer le siguen festejando en esas fechas, con tortas y regalos incluidos.

Los caballos

Cuando cumplió 75 años dejó de trabajar con caballos, se reconoce como un muy buen domador. “Gracias a mis animales conocí todo el país, me contrataban de todos lados para que amanse tropillas. La primera vez tuvo a su cargo 25 potros salvajes y asegura que nunca lo tiraron al piso, “si me las veía feas pegaba un salto y siempre caía parado” describió Marcial.

Problemas de salud

El único problema de salud que tiene es la visión, “cada vez veo menos, pero me dijo el médico que no tiene cura mi problema, igual me manejo bien así”, contó. Lamenta no poder tejer más los tientos de cuero, “aprendí a los cinco años, nos pasábamos noches enteras tejiendo con mi papá, él me enseñó todo eso”, dijo.

Asegura que no toma pastillas porque le dañan el cuerpo, “solo para la presión, pero no todos los días”.

Educación

Fue un solo año a una escuela de campo, “me gustó más ganar mi plata así que no volví a estudiar, pero aprendí a leer y escribir solo, y eso me ayudó a seguir aprendiendo, diario o revista que encontraba la leía y conocí muchas cosas”. Se reconoce bueno en matemáticas y le gusta mucho su firma, “la practiqué mucho porque me dijeron que tenía que ser siempre igual” se rió.

Cada vez que puede vuelve al campo a pasar unos días, pero su vida cotidiana es compartir cada mañana en el Centro de Abuelos El Amanecer, donde lo miman con un rico desayuno y juega a las cartas, después de almorzar, se va a compartir el resto del día con su familia en el barrio Argentino. 

“Yo no siento que tenga tantos años, seguiré cumpliendo hasta que Dios disponga, no soy muy creyente pero mi papá me enseñó que hay que hacer las cosas bien porque el de arriba siempre nos está mirando y si hago macanas, le gusta al de abajo”, describió. “Cuando uno es chico se cree todo, me portaba mal y enseguida miraba el piso asustado”, dijo riéndose Marcial.

Consejo para los jóvenes

“Yo podría aconsejarles muchas cosas pero es muy raro que los muchachos te den bolilla, si te fijás los padres tampoco les dan pelota, así que para qué voy a hablar al aire”, razonó. “La última vez que un pibe me pidió que le cuente mi historia, apenas empecé a hablar, dio media vuelta y me dejó hablando solo, entonces no sirve”.

Finalizó diciendo al respecto, “a usted le cuento porque a lo mejor, alguien lee la nota aunque sea sin querer”.

“Yo me iba y ella siempre me esperaba”

Ya conocía a la que años después fue su esposa, “estaba trabajando lejos y volví para una señalada a Cushamen, ahí la volví a ver y nos entreveramos”, contó sonriente. “Yo me iba y ella siempre me esperaba”. Cuenta con una gran familia compuesta por diez hijos, seis varones y cuatro mujeres, 25 nietas, 5 nietos y dos bisnietos, asegurando que recibe mucho cariño de todos ellos.

“En esta vida me castigó la mala, enviudé tres veces, hace 30 años que una de mis hijas, cuando quedé solo, me trajo a Bariloche, cuando uno es chico no añora nada, pero con el tiempo se va haciendo más duro”, señaló.

Cuando llegó a nuestra ciudad estuvo de casero en la zona del lago Gutiérrez, “me tocó un patroncito muy bueno, no me dejaba arreglar nada, solo quería que cuide pero cuando él salía igual agarraba las herramientas y algo hacía”, comentó riéndose.

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