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El marido y la madre de Alén convocan a una marcha

La madre y el esposo de la joven. La madre y el esposo de la joven.

- LA JOVEN FUE ABANDONADA POR SU ACOMPAÑANTE Y MURIO AHOGADA - 

Se reunirán las 8.30 horas en el Centro Cívico y desde allí se van a dirigir hacia el edificio de la Justicia ubicado en Otto Goedecke y Anasagasti. Luis Miguel Huenchuan hizo un conmovedor relato de su vida junto a Alén Coronado.

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En la jornada de ayer tuvimos oportunidad de dialogar con la madre y el esposo de Alén Luciana Coronado, quien fue hallada ahogada en el arroyo Gutiérrez el fin de semana pasado. Por supuesto, ninguno de los dos tenía consuelo y dieron a conocer detalles de la vida y las últimas horas de la infortunada joven.

Durante varios pasajes de la charla a los dos se les quebró la voz quedando a un paso del llanto, lo que hizo que el relato fuese conmovedor.

Luis Miguel Huenchuan, “El Chile”, comenzó contando cómo era su mujer: “Alén era buena esposa y una excelente madre. Todas las mañanas nos levantábamos juntos, tomábamos unos mates, yo me iba a trabajar y ella se quedaba con la nena. Me despedía con un beso me decía te amo y después, cuando estaba por irme me pedía ‘dame otro beso’ y así un par de veces más hasta que yo le decía, bueno está bien, voy a llegar tarde”. A esta altura -y recién era el principio de la charla-, los ojos se le llenaron de lágrimas, pero continuó “ella se quedaba regando y haciendo las cosas de la casa y cuidando a la bebé. Cuando yo regresaba volvíamos a tomar unos mates y así pasaban nuestros días. Los viernes cuando cobraba siempre hacíamos un asadito o pollo al disco”.

Justamente al mencionar el último día hábil de la semana fue que se dio el pie para entrar en lo sucedido el viernes pasado. Al respecto, Luis dijo: “Estábamos en casa, habíamos compartido un asado y después me dijo que iba a ir a lo de unas amigas. Yo siempre dejaba que lo hiciera, porque es joven (usó el tiempo presente) y le di plata para comprar una cerveza, me dijo ‘¿me das un beso?’ y yo jodiéndola le dije que no. Ella insistió en otro y otro. Hasta que le contesté, andá que te va a cerrar el negocio”.

Esa fue la última vez que vio con vida a su mujer, pues a la mañana siguiente un policía llegó a la puerta de su casa, le preguntó su nombre y apellido y cuando corroboró que era Luis Huenchuan le dijo lo peor. Que a su esposa la habían encontrado ahogada frente a la Virgen de las Nieves.

Aseguró que “no lo podía creer, no entendía nada y después se me vino el mundo abajo… me dejó la casa vacía”. Logró recuperar la firmeza en la voz luego de un rato y ante la consulta de qué cree que sucedió esa madrugada indicó, “ella quiso venir como siempre, pero ese hijo de puta la habrá convencido, le habrá dicho vamos a comprar, vamos a dar una vueltita y se la llevó a otro lado”.

Con respecto al estado de la causa, señaló que “me dijeron que esa persona en quince días podría estar libre porque no tienen pruebas que haya hecho algo, pero él tendría que haber avisado lo que ocurrió, si estuvo tomando con ella, ¿por qué la dejó abandonada como un perro? ¿Por qué no fue a avisarle a la policía?”.

Luego mencionó que conocía al hombre que había estado con su mujer. “Era del barrio, alguna vez fuimos a jugar al fútbol, pero no mucho más. Lo veía poco porque no me juntaba con él”.

Y después volvió contar anécdotas vividas con Alén y la niña, para rematar: “No sé si yo podré darle a la niña todo el amor que la madre le daba y eso me duele”.

Marianella Mabel Pacheco, la mamá de la víctima, se mantuvo en silencio hasta que se le consultó acerca de qué era lo que ellos pretendían y casi interrumpiendo la pregunta mencionó: “Justicia, nosotros queremos justicia. Por ello es que convocamos para el viernes (por mañana) a concentrarnos en el Centro Cívico a la 8.30 y después marchar hacia el edificio de tribunales ubicado en Anasagasti y Otto Goedecke. La consigna es ‘Justicia por Alén’. Queremos que vayan todos lo que puedan. Sus amigos, sus conocidos”.

Otro momento conmovedor de la nota fue el relato de lo sucedido en el cementerio local el día que iban a sepultar a Alén. Cuando llegaron, Luis se dio cuenta que el lugar era deprimente, “estaba lleno de toscas y me di cuenta que cuando tiraran una palada de tierra, las piedras iban a destruir el cajón. Eso me lo ratificó uno de los empleados. Pero primero me dijeron que como no pagaba a la cooperativa el lugar que me correspondía era ese. Me enojé y dije ¡pero cómo hace esa gente que no tiene el medidor a su nombre porque alquila o porque ocupa un terreno! Y me respondieron que los ponían en ese lugar. Una vergüenza. Me di media vuelta y busqué un lugar decente para sepultar a mi esposa, lo encontré y les dije que ahí tenía que ser. Los muchachos se portaron muy bien, me entendieron y ahí fue donde cavaron la sepultura”.

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