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Cuando la vocación y el cariño por la gente vence todas las estructuras

Entre lágrimas y risas contó a El Cordillerano su pasión por el trabajo. Entre lágrimas y risas contó a El Cordillerano su pasión por el trabajo.

- AGENTE SANITARIA Y ENFERMERA -

No todas las personas logran en la vida trabajar de lo que realmente les gusta, si a eso se suma la pasión con la que se desempeñan, al momento de la jubilación, un vacío muy grande queda interiormente, hasta ver dónde canalizar esa energía.

 

Por Susana Alegría
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Este es el caso de Rosalía Alvarez quien gran parte de su vida fue agente sanitaria y luego enfermera en centros de salud de nuestra ciudad. Una historia de vida cargada de anécdotas y sentimientos profundos por la gente que más necesita.

Ella es barilochense y nació en su casa, al igual que sus ocho hermanos, con una partera a la que se llamaba matrona, doña Carmen Ortega. “Me crié en Brown casi Onelli, cuando tuve edad para trabajar quise hacerlo en el hospital y me dieron un puesto de mucama”, comentó.

“Gracias a María Emilia Soto me tomaron una prueba, yo tenía 27 años, era el año 1983”. En esa época la destinaron al Centro de Salud de Las Quintas y al Frutillar, “un doctor me propuso hacer un curso de agente sanitaria en el 88 y no lo dudé”, dijo.

Las mismas tareas que desarrollaba la fueron llevando a la necesidad de estudiar enfermería, porque si no, no podía dar medicación ni aplicar inyecciones en el territorio que cubría.

“Yo quería ser enfermera pero para estar en terreno, no en el hospital ni en una sala, por eso elegí Enfermería Comunitaria y así empecé a trabajar de lo que me gustaba” contó.

Mientras fue mucama miraba cómo se manejaban los agentes sanitarios, les preguntaba qué hacían y sentía que era su sueño. “En Casa de la Salud estuve 18 años y me permití hacer tareas de las cuales no me voy a olvidar nunca”. En ese momento teníamos 130 o 140 chicos con bajo peso, “uno de ellos se llamaba Pablito, de cuatro años, subía un poquito y bajaba el doble, le pedí a la doctora si me lo podía empezar a llevar a mi casa a la hora del almuerzo, para hacer una prueba”. Así comenzó a enseñarle a comer, alimentos sanos y nutritivos, al poco tiempo se normalizó su peso, la mamá a la mañana le daba una mamadera y se iba, por eso no se lograba normalizar.

Recuerda a la doctora López como la que le dio la posibilidad de crecer en su trabajo, permitiéndole ir siempre más allá. “Después fui haciendo lo mismo con otros nenes, con el permiso de sus mamás, y el mejor premio era verlos que comenzaban a mejorarse”, explicó.

Como agente se veía limitada por eso la urgencia de recibirse de enfermera, en 1993 logró su diploma. “En el centro de Beschtedt y Ruta estuve 18 años, luego fui circulando por otros barrios, en el 84 con la nevada grande costaba mucho llegar a los hogares de la gente”, recordó.

“Teníamos que llegar sí o sí porque había que ayudar a la gente que estaba aislada, nunca dejé de ir aunque me pasara horas caminando”, afirmó.

Capacitación

Luego de recibirse continuaba tomando capacitaciones en Bariloche y la región, “siempre me pagué todos los gastos de mi bolsillo, mis hijos eran chiquitos y el sacrificio era muy grande, hice todas las jornadas porque sabía que aprendiendo iba a ser más útil a la gente”, dijo.

En otra etapa estuvo en el DAPA en el Hospital, luego fue destinada al San Francisco donde el doctor Alí le dio la posibilidad de hacer talleres para mujeres que sufrían violencia de género. “Di cursos de reciclado, de manualidades, le puse como nombre Las Manos de Somó”.

Llegó la jubilación

Hace cinco meses que le llegaron los papeles anunciando su jubilación. “Todavía no lo puedo creer, me pregunto qué hice mal para que me esté pasando esto, yo no me quería jubilar porque sé que tengo mucho para dar”, dijo muy conmovida.

“Sinceramente no me di cuenta que había cumplido 60 años, en ese momento me lloré todo, pregunté al director cómo podía hacer para seguir trabajando, entonces firmé con disconformidad los papeles y me dieron cinco años de prórroga, pero este año, ya no pude zafar y me jubilaron”, lamentó.

Ella hizo los papeles con la mayor lentitud pensando que como a muchos compañeros tardaría un año en salir, pero a los pocos meses estaba todo resuelto. “Un día llegué a trabajar y me enteré, fue el peor momento de mi vida, encima tenía un montón de vacaciones acumuladas porque como nunca tuve necesidad de hacerlo, se juntaron a lo largo de los años”.

El miércoles pasado fue a un Encuentro Nacional de Agentes Sanitarios en El Bolsón, “fui porque me pidieron que vaya especialmente para hacerme un reconocimiento, me encantó pero a la vez me angustió mucho saber que ya estoy afuera de todo eso que es mi vida”, dijo.

“Todavía quería hacer intercambio con agentes de las zonas rurales y muchos otros proyectos, por eso la jubilación me partió al medio”. Agregó “dejé a un grupo de trabajo hermoso, jóvenes con muchas ganas de aprender y ya no puedo acompañarlos, ni hablar cuando pienso en mis pacientes de los barrios, mis chiquitos, esto es muy triste”.

A gusto

Dice haberse sentido a gusto en cada centro de salud por el cual pasó, pero en especial el de El Frutillar. “Ahí me dieron todo a nivel laboral y emocional, me permitieron hacer todas las locuras que se me ocurrían, hasta me permití ir a baldear casas de pacientes que vivían en situaciones muy tristes, conseguía las cosas y les decía cómo hacer una huerta, entonces después aunque no tuvieran dinero, les enseñaba a cocinar con esas verduras”, contó.

Todo esto no habría sido posible hacerlo, sin el acompañamiento de su marido, “él les hacía conexiones de gas o arreglaba los techos, todo de corazón” dijo orgullosa. Cuando sus hijos fueron creciendo también apoyaron cada paso que se proponía.

Rosalía tuvo seis hijos, “mi hija mayor fue una madre para todos sus hermanos, cuando empecé a estudiar entraba a las 6 de la mañana y cuando terminaba ya era hora de ir a trabajar, llegaba a mi casa a las diez de la noche, estaba con ellos un ratito y agarraba los libros, nadie me regaló nada, solo la vida que me dio una familia maravillosa” dijo. Lleva 46 años de casada y a los 40 años, se volvieron a casar, esta vez, por la iglesia. Tiene nueve nietos.

El Frutillar

“Con Marcela Cárdenas estuve este último año, pero todos mis compañeros son mi otra familia, El doctor Felipe de Rosas pone tanta fuerza a todo lo que se propone que contagia” dijo. Al hablar de los vecinos comentó “la medalla de oro no te la da la dirección del hospital, sino cada una de las personas que me saluda, esos bebitos que ayudé que hoy ya son padres, mucho amor en todos”.

Reconocimiento

En el Centro de Salud de El Frutillar la noticia de la jubilación de Rosalía, también llegó de improviso. Con palabras muy simples pero cargadas de cariño el equipo de trabajo le dedicó unas líneas “ya no nos acompañarás día a día, incansable trabajadora, caminadora incansable de los barrios de Bariloche, con gran corazón para las situaciones problemáticas, sin miedo a los partidos difíciles, gran compañera con un alma sensible y observadora de nuestros pesares”.

Hace pocos días, al inaugurar una ampliación del edificio en el cual trabajan, invitaron a Rosalía para compartir con ella ese nuevo logro. La recibieron con gritos, besos y aplausos y nuevamente las lágrimas se le escaparon, sabe que en ese espacio aún tiene mucho para dar, solo tendrá que ver cuál es el camino que se abre a partir de ahora.

El cariño de la gente

Como regalo le dedicaron hermosas palabras para dejar plasmado algo de todo lo que sienten por ella. Aquí reproducimos algunos de esos regalos del corazón.

María Angélica Mansilla Ojeda: bendiciones, una gran dama, hermosa persona ¡qué disfrutes a full!

Silvina Alejandra Cuello: Excelente persona y gran compañera. Que la vida te retribuya todo lo bueno que has dado. ¡Te quiero Rosalía!

Adrian P. Mazzanti: Mamá adoptada... hay madres que adoptan hijos y también “habemos” hijos que adoptamos madres. Gracias Ma.

Tad Kal Covi: Felicitaciones... de verdad una mujer siempre con una sonrisa... y dispuesta ayudar a los demás sin pedir nada a cambio... se te va a extrañar mucho pero bueno, ahora a disfrutar esta etapa nueva, gracias por ser una excelente mujer.

Adry Paillalef: Genia, El Fruti te va a extrañar!

Mirta Godoy: ¡Qué grande! Gracias por todo Rosalía... Me enseñaste tanto... ¡pero tanto! qué divertido fue trabajar al lado tuyo. Sobran anécdotas, las recuerdo y me vuelvo a reír. Y en los momentos difíciles siempre acompañando, buscando y proponiendo soluciones. Salir con vos a recorrer el barrio siempre será una tarea maravillosa. Y los viajes... y los bailes... y la vida... ¡a brillar compañera!

Patricia Negro Rosalía: Qué decirte, sé que te cuesta dejar tu profesión, pero te digo de corazón que disfrutes esta nueva etapa.

Jovita: Gracias por atender a mis hijas.

Araceli Panetta: Rosalía querida, una bendición haber compartido el trabajo y el afecto. Gracias por compartir tu saber, por tu mansedumbre en medio de la hecatombe. Los vecinos te extrañarán y los compañeros aún más! Gracias por todo, gracias por tanto. Mis cariños para vos.

 
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