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Para los jóvenes misionar significa ser solidario y crear lazos de amistad

Uno de los grupos que visitó al Línea Sur. Uno de los grupos que visitó al Línea Sur.

- ALUMNOS DE CUARTO AÑO DEL COLEGIO DON BOSCO -

Cuando de solidaridad se trata no hay distancias que impidan el acercamiento entre los que más necesitan y quienes pueden ayudar. En el colegio Don Bosco hace muchos años que los alumnos de cuarto año realizan una salida a distintos parajes de la Línea Sur visitando escuelas.

Por Susana Alegría
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Actualmente Vanesa Zapata y Verónica Martín de la Pastoral del colegio son quienes coordinan estas salidas y ya se están preparando para la próxima de este año, contando con la colaboración del jefe de tutores y el tutor de cada curso.

Verónica lleva más de 15 años en la institución, pero hace dos que está en coordinación Pastoral abarcando las misiones. “Con los viajes se despierta en los chicos algo tan lindo, ver lo que significa darse al otro y lo que provoca en los demás, la alegría del compartir es tan maravillosa que estamos pensando cómo darle una vuelta de tuerca más y comenzar con estas salidas un poco antes, no solo cuando llegan a cuarto año”, explicó.

Esos viajes son un cierre de ciclo de todo lo que se ha trabajado a lo largo de la primaria y casi toda la secundaria, “los valores que desde chiquitos les inculcamos y el amor al prójimo los ponen en práctica de manera desinteresada en esta experiencia, como un broche de oro que reafirma los conocimientos”, pasando de manera concreta a los hechos reales y sabiendo que quizás pueda ser para algunos de ellos, el inicio de una vida junto a la solidaridad.

“No lo hacemos en quinto porque ya están con la energía en finalizar sus estudios o analizando qué carreras van a seguir”, comentó Verónica.

Detalló que van a diferentes colegios de la Línea Sur, este año agregaron dos localidades más, Maquinchao y Ñorquinco, “nos vamos un día miércoles, llegamos pasado el mediodía, compartimos el resto del día y todo el jueves y el viernes a media mañana emprendemos el regreso”.

Generalmente les regalan una obra de teatro y la última noche hacen un gran asado que llevan especialmente para eso, donde además invitan a la gente del paraje a sumarse, terminando con un baile y guitarreada.

Previamente las coordinadoras visitan esos parajes recorriendo los establecimientos educativos para ver específicamente cuáles son sus necesidades y a partir de ahí, junto con los chicos, arman actividades que en su mayoría están relacionadas con talleres.

“También colaboran con alguna necesidad que tenga el colegio, en Mencué reestructuramos la huerta que se había dañado mucho por el viento, en Pilquiniyeu del Limay convertimos un depósito en una sala de juegos y una ludoteca”, agregó.

Una vez realizada la visita de las responsables, llegan a Bariloche con las novedades y desde allí los alumnos de cada cuarto año comienzan a trabajar en equipo para ver la forma de conseguir esas cosas. Hacen campañas pidiendo alimento o ropa, juegos de mesa o libros, para asegurarse de llevar principalmente lo que necesitan.

“Los chiquitos de las escuelas cuando nos ven saben que falta poco para la visita y ya se ponen felices, acá desde distintas materias colaboran para el viaje, han hecho juegos didácticos o velas artesanales”. Además, juntan remeras porque una vez que están en el paraje, arman pareja con uno de los alumnos, y las pintan exactamente igual entonces cada uno se queda con ese recuerdo.

Este año se suman a los cuatro cursos, algunos alumnos de quinto ya contando con la experiencia y colaborando con las coordinadoras. “Es muy bueno que sientan la necesidad de volver a hacerlo porque eso significa que les ha dejado valores muy importantes a nivel social”.

“El año pasado fue muy especial porque fuimos con un curso que estaba muy desmembrado y al regresar la unidad fue maravillosa, provocó en ellos un cambio positivo”, dijo.

La primera semana de octubre se va el primer grupo a Pilquiniyeu del Limay, la tercera semana se van a Maquinchao, la última del mes a Mencué y la primera de noviembre a Ñorquinco.

Los fondos para solventar todos los gastos del viaje surgen de un bingo que realizan en el gimnasio del colegio, se juntan dos de los cursos y programan cada uno, hacen rifas y feria de platos. “Son los chicos los que salen a buscar premios y promociones, colaboran muchos los padres, con eso pagamos el transporte, los alimentos que vamos a comer con los alumnos del colegio al que vamos y los materiales que vamos a utilizar”. De esos bingos sale además el dinero para comprar las pinturas y pinceles que necesitan para hacer cada mural que dejan como recuerdo en los edificios que visitan.

La tarea de misionar comienza muchos meses antes del viaje, “ver con quiénes van a trabajar en equipo, aceptar las propuestas grupales y ponerse de acuerdo es parte de esas tareas”, comentó.

Un trabajo en equipo que colabora con quienes más lo necesitan, aportando herramientas sociales que podrán continuar aplicando a lo largo de sus vidas.

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