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Necesita trabajar para poder sobrevivir el próximo invierno y mejorar su vivienda

La vivienda vista desde un lateral. La vivienda vista desde un lateral.

- HERNAN CORONA NO CUENTA CON NINGUN INGRESO - 

Hernán Corona tiene 52 años, vive en la costa del río detrás del barrio El Vivero. Hace dos años fue víctima de un asalto en el que le provocaron serios daños físicos cuando lo golpearon en la cabeza, por lo que ahora sufre ataques de epilepsia. Está en proceso el trámite para lograr una pensión por discapacidad, pero aún faltan algunos papeles. 

Por Susana Alegría
[email protected]

No consigue trabajo y no cuenta con ingresos económicos, está intentando hacerse una casa más confortable porque en la que reside actualmente tiene piso de tierra y no es apta para estar allí con su hija. Pide ayuda a la comunidad para hacer más llevaderos sus días, volver a sentirse parte de la sociedad y salir adelante.

Cuenta Hernán acerca de sus padres, “mi mamá había nacido en San Martín de los Andes, allí conoció a mi papá; conmigo en la panza, cruzó la Cordillera caminando, entonces nací en Chile”.

Como la golpeaba, cuando Hernán tenía casi 13 años, se volvieron a Argentina. Acá formó otra pareja con la que el jovencito no se llevaba bien, por lo que se escapó al país vecino, también caminando.

“Allá estuve un tiempo, trabajé algunos años pero siempre iba y venía a pata a ver a mi mamá, conocía el camino y tardaba dos días completos en llegar”, contó.

Intentos de familia

“Cuando tenía veinte años, para ser más feliz me casé, tuve dos hijas. Me había hecho una casita en el barrio El Mallín pero como no funcionó, le dejé la casa a ellas y me fui”.

Su segundo intento de formar familia fue con dos hijos más y la construcción de otra casa en la calle 9 de Julio, “me porté mal y mi mujer me echó” dice, así quedó nuevamente en la calle.

“Trabajaba en Tronador así que le daba el dinero que correspondía para mis hijos, nunca dejé de aportarles para que tengan buena comida y abrigo”, explicó Hernán.

Un tercer intento significó la pérdida de otra casa, el destino o su manera de manejarse lo dejaban siempre en la calle, pero remarcó: “nunca dejé de ver a mis hijos, me pueden reprochar muchas cosas pero como papá, nunca les fallé”. Actualmente tiene ocho hijos de sangre y dos del corazón, y ocho nietos.

Experiencia laboral

Trabajó mucho en estancias entonces se caracterizó por ser uno de los mejores domadores de caballo, era muy buscado por sus cualidades. Realiza trabajos de talabartería por encargo, pero hace mucho que no recibe un pedido. Fue contratado del municipio durante un tiempo y luego trabajó en Lago Escondido. “Fui a hablar con el intendente, le conté mi situación, me mandó a hablar con Chamatrópulos, quedaron en ayudarme, me dijeron que espere y sigo esperando”, dijo. Está pidiendo cualquier trabajo que no requiera hacer mucha fuerza, cursó sólo hasta tercer grado de la primaria y una de sus hijas le está enseñando poco a poco.

El robo

Hace dos años fue contratado como domador en Mendoza y luego en Chile, fue allí donde lo atacaron rompiéndole la cabeza. “Estuve allá un mes en coma, apenas me dieron el alta, supe que mi mamá estaba enferma. Me vine caminando apurado hasta San Martín de los Andes, pero cuando llegué, ya la habían enterrado así que tuve que ir a despedirla a cementerio”, refirió muy apenado.

La próxima semana le realizarán nuevos estudios porque los ataques de epilepsia son cada vez más frecuentes, por lo que los médicos le han prohibido hacer trabajos que impliquen utilización de fuerza. Los medicamentos se los entregan de manera gratuita en el hospital. 

Su hogar

Se trata de una construcción atípica, similar a un campamento. Los troncos están atados con cuerdas, en su interior hay dos camas chicas y una salamandra. Con piso de tierra, plásticos y pedazos de chapas, ya ha pasado el invierno. En su patio se ve otra estructura también de troncos mucho más grande donde trabaja en lo que será su casa.

“Tengo una yegua mansita, se la regalé a uno de mis nietos, con ella salgo a recorrer y me traigo lo que encuentro tirado y algo de leña”, comentó. En lo que será su nuevo hogar, ya levantó una chimenea hogar, con restos de lavarropas, secarropas y heladeras que encontró tirados en los basurales.

El baño es una letrina que está a algunos metros de la casa, cuenta con luz eléctrica y el agua la saca de una vertiente que baja de una ladera de la montaña.

Necesita mucho de la gente

Apelando a la solidaridad de los vecinos, Hernán está necesitando todo lo que sirva para construir, chapas, tablas, vidrios, clavos, porque se va dando maña para que sea parte de su casita. Su único ingreso es la caja de alimentos que le entregan desde el CAAT, con eso no llega a fin de mes, pero en la primavera armó una hermosa huerta donde tiene papas y cilantro. “Tenía muchas plantitas de lechuga, pero una tarde cuando volví del pueblo, me la habían robado todas”, contó.

También tiene un gallinero, “ahora solamente como sopa de verduras con huevos caseros, pero cuando empieza el frío, la cosa se me complica”, agregó. Le regalaron un chivito para que engorde para las fiestas, pero prefirió dejarlo como su mascota, se llama Pepe.

 

Por cualquier clase de ayuda, pueden comunicarse con su hija Romina al teléfono 154165801 o con Raquel, en el Centro Comunitario del barrio.

HERNAN CORONA NO CUENTA CON NINGUN INGRESO
Necesita trabajar para poder sobrevivir 
el próximo invierno y mejorar su vivienda
 
Por Susana Alegría
[email protected]
 
 
Hernán Corona tiene 52 años, vive en la costa del río detrás del barrio El Vivero. Hace dos años fue víctima de un asalto en el que le provocaron serios daños físicos cuando lo golpearon en la cabeza, por lo que ahora sufre ataques de epilepsia. Está en proceso el trámite para lograr una pensión por discapacidad, pero aún faltan algunos papeles. 
 
 
No consigue trabajo y no cuenta con ingresos económicos, está intentando hacerse una casa más confortable porque en la que reside actualmente tiene piso de tierra y no es apta para estar allí con su hija. Pide ayuda a la comunidad para hacer más llevaderos sus días, volver a sentirse parte de la sociedad y salir adelante.
Cuenta Hernán acerca de sus padres, “mi mamá había nacido en San Martín de los Andes, allí conoció a mi papá; conmigo en la panza, cruzó la Cordillera caminando, entonces nací en Chile”.
Como la golpeaba, cuando Hernán tenía casi 13 años, se volvieron a Argentina. Acá formó otra pareja con la que el jovencito no se llevaba bien, por lo que se escapó al país vecino, también caminando.
“Allá estuve un tiempo, trabajé algunos años pero siempre iba y venía a pata a ver a mi mamá, conocía el camino y tardaba dos días completos en llegar”, contó.
 
Intentos 
de familia
“Cuando tenía veinte años, para ser más feliz me casé, tuve dos hijas. Me había hecho una casita en el barrio El Mallín pero como no funcionó, le dejé la casa a ellas y me fui”.
Su segundo intento de formar familia fue con dos hijos más y la construcción de otra casa en la calle 9 de Julio, “me porté mal y mi mujer me echó” dice, así quedó nuevamente en la calle. 
“Trabajaba en Tronador así que le daba el dinero que correspondía para mis hijos, nunca dejé de aportarles para que tengan buena comida y abrigo”, explicó Hernán.
Un tercer intento significó la pérdida de otra casa, el destino o su manera de manejarse lo dejaban siempre en la calle, pero remarcó: “nunca dejé de ver a mis hijos, me pueden reprochar muchas cosas pero como papá, nunca les fallé”. Actualmente tiene ocho hijos de sangre y dos del corazón, y ocho nietos.
 
Experiencia laboral
Trabajó mucho en estancias entonces se caracterizó por ser uno de los mejores domadores de caballo, era muy buscado por sus cualidades. Realiza trabajos de talabartería por encargo, pero hace mucho que no recibe un pedido. Fue contratado del municipio durante un tiempo y luego trabajó en Lago Escondido. “Fui a hablar con el intendente, le conté mi situación, me mandó a hablar con Chamatrópulos, quedaron en ayudarme, me dijeron que espere y sigo esperando”, dijo. Está pidiendo cualquier trabajo que no requiera hacer mucha fuerza, cursó sólo hasta tercer grado de la primaria y una de sus hijas le está enseñando poco a poco. 
 
El robo
Hace dos años fue contratado como domador en Mendoza y luego en Chile, fue allí donde lo atacaron rompiéndole la cabeza. “Estuve allá un mes en coma, apenas me dieron el alta, supe que mi mamá estaba enferma. Me vine caminando apurado hasta San Martín de los Andes, pero cuando llegué, ya la habían enterrado así que tuve que ir a despedirla a cementerio”, refirió muy apenado. 
La próxima semana le realizarán nuevos estudios porque los ataques de epilepsia son cada vez más frecuentes, por lo que los médicos le han prohibido hacer trabajos que impliquen utilización de fuerza. Los medicamentos se los entregan de manera gratuita en el hospital.
 
Su hogar
Se trata de una construcción atípica, similar a un campamento. Los troncos están atados con cuerdas, en su interior hay dos camas chicas y una salamandra. Con piso de tierra, plásticos y pedazos de chapas, ya ha pasado el invierno. En su patio se ve otra estructura también de troncos mucho más grande donde trabaja en lo que será su casa. 
“Tengo una yegua mansita, se la regalé a uno de mis nietos, con ella salgo a recorrer y me traigo lo que encuentro tirado y algo de leña”, comentó. En lo que será su nuevo hogar, ya levantó una chimenea hogar, con restos de lavarropas, secarropas y heladeras que encontró tirados en los basurales.
El baño es una letrina que está a algunos metros de la casa, cuenta con luz eléctrica y el agua la saca de una vertiente que baja de una ladera de la montaña.
 
Necesita mucho 
de la gente
Apelando a la solidaridad de los vecinos, Hernán está necesitando todo lo que sirva para construir, chapas, tablas, vidrios, clavos, porque se va dando maña para que sea parte de su casita. Su único ingreso es la caja de alimentos que le entregan desde el CAAT, con eso no llega a fin de mes, pero en la primavera armó una hermosa huerta donde tiene papas y cilantro. “Tenía muchas plantitas de lechuga, pero una tarde cuando volví del pueblo, me la habían robado todas”, contó. 
También tiene un gallinero, “ahora solamente como sopa de verduras con huevos caseros, pero cuando empieza el frío, la cosa se me complica”, agregó. Le regalaron un chivito para que engorde para las fiestas, pero prefirió dejarlo como su mascota, se llama Pepe.
Por cualquier clase de ayuda, pueden comunicarse con su hija Romina al teléfono  154165801 o con Raquel, en el Centro Comunitario del barrio.
 
 
 
 
Epigrafes:
Vieji1: Hernán junto a una de sus hijas y Raquel, una vecina del barrio.
Vieji2: Ya pasó un invierno en ese estado.
Vieji3: Con lavarropas y heladeras que encontró, construye chimeneas y cercos.
Vieji4: El chivito que ahora se convirtió en su mascota.
Vieji5: La letrina que utiliza Hernán.
Vieji6: Con dos tablas que le regalaron, está construyéndose una mesa.
Vieji7: La vivienda vista desde un lateral.
Vieji8: Una de las huertas que hizo para tener alimento durante el verano.
Vieji9: Todo lo que encuentra lo utiliza para intentar mejorar su calidad de vida, no puede comprar materiales de construcción porque no encuentra trabajo.
Vieji10: Parte del interior de su hogar.
 
 
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