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Ovidio Zúñiga: “A mí en la cárcel me pagaron con la moneda más preciada, el respeto”

Zuñiga en la puerta del sindicato gastronómico tras llegar de Esquel. Zuñiga en la puerta del sindicato gastronómico tras llegar de Esquel.

- ENTREVISTA A SOLAS - 

El Cordillerano mantuvo un encuentro a solas con el dirigente gastronómico Ovidio Zúñiga, tras haber salido del Penal Federal 14 de Esquel, donde estuvo recluido un año y medio. Más allá de las lecturas políticas y de los procesos judiciales, las preguntas se enfocaron en las emociones y en los momentos vividos.

Por Diego Llorente 
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El ex diputado nacional habló de lo que vivió tras las rejas, los amigos y los dirigentes que lo llamaron. Contó algunas anécdotas y de la tragedia que padeció su familia en su ausencia. También relató porqué la lista que él respaldó ganó las elecciones en el sindicato el 7 de septiembre pasado.

El Cordillerano: - ¿Cuáles son sus sensaciones a pocos días de haber recobrado la libertad?

Ovidio Zúñiga: - Primero, te imaginarás, lo importante que ha sido para mí terminar el año en familia. Tengo la suerte de que puedan estar mis ocho hijos acá en Bariloche. Ellos se iban a juntar igual y fue coronado con esto que ocurrió el miércoles pasado, de poder estar en libertad. Yo siempre supe y lo dije muchas veces, que el remedio a esta situación lo iba a poner la Corte Suprema de Justicia. Porque estaba tan politizado, y ha habido tanta presión mediática y política, que sólo quienes están en un nivel superior lo podían resolver. Pero bueno, la sensación es de un alivio muy grande. Cuando yo ingresé a la cárcel y a medida que se iban cerrando los cerrojos de las puertas, iba pensando cómo iba a afrontar ese momento. Ahí me propuse salir bien. Allí te encontrás con tu conciencia solo, por más que haya en los pabellones 17 o 20 personas alojadas, es un momento en que te encontrás solo. Esa primera noche me pregunté: ¿de qué tenía que arrepentirme? Y como no era culpable de ningún delito, dije que tenía que tener la fortaleza para vivir el momento que vivo ahora, el de la libertad.

E.C.: - ¿Que le ayudó a estar entero psicológicamente este año y medio?

O.Z.: - Yo me encomendé a Dios y a la Virgen de las Nieves. Les pedí que me dieran la fuerza para superar el tiempo que fuera necesario. Yo iba con la idea de estar por lo menos 32 meses, aunque esperando que la Corte me diera la razón. Pero la fe la puse en quienes más creo. Lo más importante que pude tener, fue el sostenimiento de mis hijos. Y por más que resulte obvio, la mayoría de mis ocho hijos tiene más de 34 años y todos tienen su vida, su familia y su trabajo. Debo decir que eso fue lo que sembró la madre de mis hijos en ellos, mucho amor y respeto. Pese a que las contingencias de la vida nos separaron, ella sembró mucho amor. Así que se conjugó el respaldo de mi familia y la fe con Dios.

E.C.: - En su llegada dijo que se fijó un comportamiento dentro del Penal…

O.Z.: - Sí, en todo sentido. Fue un compromiso conmigo mismo, llevando una vida ordenada en lo que hace a las comidas, tratando de que la mente esté siempre pensando en el momento que tome la libertad. Preparándome para salir. Una anécdota de los primeros días fue en el patio, caminando junto a un interno que me veía compungido. Ese día hacía 10 grados bajo cero y se jugaba un partido en la cancha de fútbol de internos con gente de afuera y nosotros caminamos alrededor de la cancha. Él se puso a sacar la currícula de cada uno de los jugadores del equipo del Penal, con chicos menores de 36 años. Sumó los 11 titulares y los cuatro suplentes que estaban en el banco y dijo: “mirá Ovidio ahí hay más o menos 180 años de condena jugando a la pelota y vos te complicás la vida por sólo cuatro” (risas). Son esas las cosas que te ponen los pies sobre la tierra en ese lugar.

E.C.: - ¿Hacer ejercicio era otro de sus objetivos?

O.Z.: - Sí. Entré con 92 kilos y salí con 76. Hay mucho hacinamiento en el Penal. Pero yo me la rebusqué, considerando que entre mi cucheta y la de los laterales, había una distancia de una silla. Y en ese espacio de dos baldosas por cinco, todas las mañanas yo hacía gimnasia. Hacía muchas flexiones, movimiento de cuerpo y 300 abdominales diarios, que comencé a hacer con el paso de los días. Leí 11 libros, que en realidad me los leía un amigo que me hice ahí, porque conociendo que sufro maculopatía seca, se me complica leer de corrido. Y Cristian tuvo la deferencia de leerme 11 libros en la cárcel.

E.C.: - Uno piensa en una cárcel como un lugar hostil, ¿se pueden hacer amigos, buenos compañeros?

O.Z.: - Sí, buenos compañeros, sí. Yo creo que a mí en la cárcel me pagaron con la moneda más preciada: el respeto. Cuando eso pasa, vos transitás la hora del patio con tranquilidad y dormís más tranquilo aun. Eso fui construyendo con el tiempo y me lo fueron reconociendo, por mi forma de ser. Nunca me creí más que nadie ni menos que nadie ahí adentro, todo en su lugar.

E.C.: - ¿Y las fiestas de fin de año, como se viven adentro?

O.Z.: - Las fiestas se viven con toda la adrenalina que significa estar lejos. Es la única vez que te permiten cocinar algo para un pabellón, que una o dos personas cocinen y en estos casos fuimos Omar Goye y yo. Preparamos asado, el 24 y el 31 de diciembre de 2016 y el 24 último. Luego, el servicio te da un pan dulce y una ficha de teléfono de 25 pesos. El teléfono es una cosa de un valor muy preciado, porque es la comunicación con el afuera. Es una fecha en la que todos quieren hablar con su familia, por lo que hay que tratar de ser breve. Y otros tienen la mala suerte que no lo llame nadie.

E.C.: - También le tocó pasar un cumpleaños allí, ¿Cómo lo vivió?

O.Z.: - Sí, cumplí 68 años en la cárcel, en el mes de marzo. Y tuve la gratificación de que todo el pabellón se preparó para celebrármelo, colaborando cada uno con lo poco que podía poner en la mesa. Algunos aportaron un poco de fiambre, otro un paquete de salchichas, otro aportó tres huevos hervidos y me cantaron el feliz cumpleaños. Realmente me emocionó mucho, porque lo hacíamos en un lugar donde jamás pensé que me podían hacer semejante demostración de afecto y de respeto.

E.C.: - ¿Lo fue a visitar mucha gente, lo llamaron, alguien que lo haya sorprendido?

O.Z.: - Sí, mucha gente. Y que me sorprendieran, muchos. Pero puntualmente me llamó varias veces (la ex intendente) “Chiche” Costa y los otros días me llamó de vuelta. Los primeros meses de mi detención se comunicó el senador Miguel Pichetto, para solidarizarse desde el punto de vista de decirme que lo lamentaba mucho y me pareció prudente. La sorpresa me la dio don Samuel Pulgar, un policía retirado de más de 80 años y que perdió la vista hace unos 14. Me sorprendió porque nunca avisó, ya que hay que pedir autorización y la seguridad lo dejó entrar igual por ser no vidente y por su edad avanzada. Así que me sorprendió que ese sábado haya ido Samuel, fue una gratísima sorpresa.

E.C.: -  Mientras estuvo encerrado, en su entorno pasaron cosas buenas y malas. Empezando con las malas, ¿Cómo vivió la tragedia de perder dos bisnietos? (N. de R.: en el mes de junio del año pasado, se prendió fuego una vivienda con dos niños adentro que eran primos y bisnietos de Zuñiga)

O.Z.: - Sí, una tragedia. Ni bien se inició el incendio me llamaron por teléfono, era un amigo, Hernández. Me dijo que estaba viendo un incendio, pero que no sabía bien explicármelo. Yo no entendía nada. “Lo que pasa Ovidio es que se está quemando tu casa”, me dijo. Era mi casa de Chubut y Saenz Peña, donde criamos a nuestros ocho hijos, la que había levantado yo junto a un compadre. Luego, con la madre de mis hijos, Mónica, se la dejamos a unos de ellos, para que críen a sus hijos. Y me dijo que parecía que había algún niño quemado y ahí no entendí más nada. Luego me avisaron lo sucedido y preferí no viajar, porque mi presencia no ayudaba en nada e iba a desviar la atención de lo que era un drama. No me pareció correcto estar ahí y quedó así la cosa.

E.C.: - Y la buena noticia se dio en el plano gremial, recuperando el sindicato gastronómico…

O.Z.: - Las cosas en el gremio comenzaron a no estar bien hacía dos años, no desde que yo caí en prisión. Había sectores de la conducción, que comulgaban con una forma de acción sindical más administrativa que la que nosotros entendemos que necesita el trabajador: la de un gremio activo, con reclamos por las insatisfacciones que tienen los trabajadores en sus salarios o en sus condiciones laborales, no el conflicto por el conflicto mismo. Y se desborda cuando caigo preso, ahí se desmovilizó la organización sindical, se le quitó participación al cuerpo de delegados y se comenzó a tener relaciones con el sector empresarial, que no están bien cuando no hay respuesta. Allí, fue vital la presencia de Nelson Rasini, como consecuencia de resolver que se requería una alternativa. De lo contrario, se caía en manos de compañeros que no tienen la experiencia para conducir un sindicato, con las características y la potencialidad que tiene la UTHGRA Bariloche. Y fue muy importante el apoyo que tuve de Luis Barrionuevo, como secretario general, hombre, padre de familia, quien como nadie entendió la situación que vivía mi familia. Él estuvo permanentemente al lado de mis hijos. La respuesta que nos dio es digna de destacar y reconocer. Y cuando las cosas se complicaron en el gremio, hablé con él y le pedí que no se interviniera el sindicato, ya que había un fuerte rumor en ese sentido. Le pedí que nos permitiera votar. Y se comprometió, señalando que este tema lo arreglaban los trabajadores con su voto.

E.C.: - En su vida ha sido diputado, ha estado en la cárcel… le han tocado buenas y malas, pero la cárcel es como tocar fondo… ¿Ahí realmente se ven las verdaderas amistades?

O.Z.: - No te quepa ninguna duda. Hay un dicho de pueblo que dice que de la cárcel y del hospital nadie está libre. Y es bravo estar en la cárcel, porque los primeros días o el primer mes, aparecen muchos llamados, pero después se empiezan a distanciar. Cada vez son más esporádicos. Y así como reconozco el afecto de mis hijos, los compañeros de la organización sindical local que se escindieron del oficialismo, me dieron una demostración de lealtad terrible. Porque es muy fácil que el calor del poder te atrape. Sin embargo, es de público conocimiento lo que tuvo que soportar el hoy secretario general Nelson Rasini. Y él decidió por la lealtad, el aprecio y una forma de hacer sindicalismo, que hemos transitado juntos. Esta es una seccional con una historia muy rica.

E.C.: Habló bastante del adentro, pero cuando le tocó salir tuvo un gran recibimiento, ¿Cómo lo vivió?

O.Z.: - Primero me sorprendió gratamente, porque no pensé que iba a haber tanta gente con semejante lluvia. Me pregunté, cómo salen con esta lluvia, viejo (risas). Una señora mayor me dijo que no le importaba el clima. Realmente lo viví con una tremenda emoción. Eso marca, lo que le di a entender al fiscal de la causa cuando estuvo en la cárcel en junio de este año, cuando estuvo para ver a Facundo Jones Huala y aprovechó para entrevistarnos. Yo le dije que me habían llevado ahí adentro, argumentando que yo había estafado a los trabajadores gastronómicos y le expresé que los trabajadores que supuestamente yo estafé, iban a darle la respuesta el 7 de septiembre en las elecciones. Los trabajadores no se olvidan de quiénes los ayudan y de quiénes los embroman. Y no estaba equivocado.

E.C.: - Y ahora, ¿Cómo sigue su vida? Usted está jubilado, pero muy activo en la vida sindical y política…

O.Z.: - Yo pienso que de esto no se jubila nadie, porque es una forma de vida que hago por vocación. Un periodista me preguntó el día que me iba a entregar, si era mi momento más difícil. Yo le respondí que no, que fue en 1976, cuando después de haberle hecho paro a los militares, tuve que estar dos años y medio en la semi clandestinidad, con la madre de mis hijos bancándonos con, entonces, siete hijos. Y sabiendo que en cualquier momento te pasaban a buscar, porque el Ford Falcon se paraba a media cuadra de mi casa y la controlaba y yo había estado casi cinco meses en China Muerta. Así que de esto, uno no se va. De lo que sí estoy convencido, es que he continuado con la siembra de nuestros anteriores dirigentes, con la misma forma de hacer sindicalismo, que se hizo desde el momento que nació la necesidad del derecho de los trabajadores. Lo único que hice es recoger la idea de que uno tiene derecho a una vida digna, a un trabajo digno y que le dé a su familia la salud, la educación, la vivienda propia, que fueron ratificaciones de Perón. Entonces me siento un sembrador más de esa idea. Y eso se dio con la movilización de los delegados en las elecciones del año pasado, es decir que logré lo que lograron otros en mí. Lo que lograron en el gremio don Parra, Timoteo Timosuck o Iván Molina, que estuvo dos meses desaparecido y me dijo: “Ovidio ahora te toca a vos”. Y esa idea sigue pegando en la actual conducción, que es la continuidad de una forma de hacer sindicalismo y que cuando los trabajadores no tengan los recursos necesarios, ellos van a estar en la calle.

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