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Doscientos años de emocionar argentinos

Cuando hoy se entone el Himno Nacional, inevitablemente se tenderá a evocar el pasado, pero no fue ese el propósito de sus autores en pleno transcurso de la Revolución de Mayo, 200 años atrás. “La marcha patriótica” que le dio origen tuvo como finalidad influir sobre aquel presente de convulsión e incertidumbre, pero también de grandeza y perspectivas. Como se sabe, su letra se debe a Vicente López y Planes y desde el 11 de mayo de 1813, es la Canción Patria.

La determinación corrió por cuenta de la Asamblea Constituyente que deliberaba por entonces, la misma que aprobó la libertad de los hijos de los esclavos, suprimió la vigencia de la Inquisición y terminó con los títulos de nobleza. Es decir, un cónclave donde primó un fuerte tono antimonárquico y de ideología igualitaria para los parámetros de aquella época.
El relato más difundido le asigna a Mariquita Sánchez de Thomson la primera interpretación en público que precisamente, tuvo lugar en su casa. Pero también se afirma que después del pronunciamiento de la Asamblea, se escuchó el Himno en un teatro de Buenos Aires gracias a la interpretación de “una comparsa de niños ricamente vestidos al traje indiano”. Suponemos que en la segunda ocasión se pudo contar con más público.

En la letra de su primera versión, es elocuente la influencia del ideario que animó a la Revolución Francesa. El grito de libertad corona su arranque y en seguida, se invoca a la igualdad, bandera de lucha entonces de todas las causas republicanas. Por otro lado, si bien no se menciona explícitamente a la fraternidad -la otra integrante de la tríada- los expertos sostienen que aflora en la utilización de la primera persona del plural, cuando se jura “con gloria morir”.

A pesar de tanta distancia temporal, todavía cumple la Canción Patria su cometido original: la propaganda. En efecto, si inclusive en la actualidad el Himno emociona y moviliza, ¡qué sensaciones provocaría al entonarse cuando todavía el enemigo estaba a la vuelta de la esquina! Al fundamentar su elección como enseña sonora de las Provincias Unidas, se buscó “inspirar el inestimable carácter nacional” y “que ninguno viva entre nosotros sin estar resuelto a morir por la causa santa de la libertad”.

Por otro lado, el autor de la lírica no era precisamente un compositor de canciones de amor. En efecto, López y Planes se doctoró en Leyes en la Universidad de Chuquisaca, actual territorio boliviano. En aquellas lejanías, la impronta de Tupac Amaru y demás líderes de insurrecciones indígenas estaba muy presente e incidió en la voluntad política de varios de los futuros revolucionarios.

Cuando tuvieron lugar las invasiones inglesas a Buenos Aires, López y Planes se desempeñó como capitán en el Regimiento de Patricios y desde entonces, comenzó a dar noticias de su vocación, ya que después del triunfo rioplatense escribió un poema al que tituló “El triunfo argentino”. Como varios de los que repelieron la agresión británica, el poeta participó del Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810 y apoyó la formación de la Primera Junta.

Se dice que tenía buenas relaciones con Manuel Belgrano y quizá por esa afinidad marchó al norte con la Expedición Auxiliar a las provincias. Ocupó el cargo de secretario auditor de su jefe, el coronel Francisco Ortiz de Ocampo. Como éste se opuso al fusilamiento de Liniers, perdió su cargo y como derivación de ese suceso, López y Planes retornó a Buenos Aires.
Los vericuetos de la política en los primeros tiempos de la Revolución, encontraron al escritor en contraposición al bando de Cornelio Saavedra y como impulsor del Primer Triunvirato, en cuyo ámbito se desempeñó como síndico y secretario de Hacienda, hasta enero de 1812. Participó de la Asamblea del Año XIII en representación de Buenos Aires y fue ese cónclave quien le encargó la letra de una “marcha patriótica”. La música tuvo como autor a Parera, hombre oriundo de Murcia. La obra de la dupla desplazó otra canción, que llevaba la firma de Esteban de Luca.

En conmemoración de la decisión de la Asamblea, que tuvo lugar el 11 de mayo de 1813, se instituyó el Día del Himno Nacional. Como sabemos, la versión original era bastante más extensa que la actual y además, antes del recorte sufrió otra mutación, ya que en 1860, el maestro Juan Esnaola realizó algunos ajustes, los que basó en viejos manuscritos de Parera. Esos arreglos se convirtieron en versión definitiva a partir de 1944, a raíz de una decisión del Poder Ejecutivo.

Durante el segundo gobierno de Julio Roca, el Poder Ejecutivo dispuso que sólo correspondía cantar la primera y última cuarteta, además del coro de “La marcha patriótica” y esa es la versión que todos conocemos del Himno Nacional Argentino. ¿Qué pensaría de ese recorte Blas Parera? Dicen que el músico murió en absoluta miseria, a tal punto que sus restos se enterraron en una fosa común. Por componer la Canción Patria, había cobrado la friolera de 200 pesos.

El autor de la música que más veces y por más tiempo sonó en la Argentina había llegado al río de la Plata en la búsqueda de mejores horizontes. Sobrevivió gracias a encargos ocasionales, daba clases de piano a las niñas ricas o tocaba el órgano en las iglesias. Entre 1812 y 1813 puso música a otras letras patrióticas de Saturnino de la Rosa y de Cayetano Rodríguez. Pero esas marchas no gustaron a las autoridades. Sólo el tercer intento conformó a los contratantes: el que hoy cumple un bicentenario de provocar emociones.

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