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Basta de frenar a los eco-coches

Con la incorporación de la metodología de la fractura hidráulica, los analistas del negocio energético suponen que se alejó el fantasma del agotamiento del petróleo. Además, hace años que se elaboran combustibles a partir de granos u otros productos agrícolas, como la soja o la caña de azúcar.

En consecuencia, al menos en términos comunicacionales, perdió ímpetu la necesidad de diseñar vehículos que pudieran alimentarse de fuentes de energía alternativas, como el hidrógeno o la electricidad.

Tres o cuatro años atrás, el Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Argentina avisaba que se encontraban avanzadas las investigaciones para elaborar combustibles a partir del hidrógeno. En aquella ocasión, recordábamos nosotros que un vecino de Bariloche circulaba hacía rato con un vehículo que se movía a partir de ese elemento. Bastante después, no hay noticias sobre la irrupción en el mercado de esas unidades.

Queremos decir que si hubiera en verdad decisión política y voluntad, sería posible propulsar automóviles con energías distintas al petróleo. ¿Cuántas veces se habló, por ejemplo, de automóviles que funcionan a electricidad? “Antes de 10 años, el automóvil eléctrico producido en serie para el gran público circulará por las calles”. La frase puede leerse en un libro cuyo título es “La guerra secreta del petróleo”. Se publicó en 1970...

No será difícil hacer memoria. El lector seguramente recordará haber visto en la televisión o en revistas el lanzamiento de algún modelo, con la promesa o el augurio de su rápida generalización. Luego, el asunto sale de los grandes medios de comunicación y periódicamente retorna, aunque cada vez con menor espacio y trascendencia. Si tenemos en cuenta la situación del medioambiente y la responsabilidad que tiene el petróleo en las tensiones que se registran a escala planetaria, cabe preguntarse qué intereses hay detrás de la no promoción de los automóviles a electricidad o propulsados por otra energía.

Como se recordará, en menos de 20 años las nuevas tecnologías evolucionaron la manera de trabajar, de estudiar y de relacionarse entre las  personas, a través de la difusión de la informática y la introducción de Internet. Se trata de sólo un ejemplo de las innovaciones que las grandes empresas decidieron introducir al mercado. ¿Por qué entonces, no se aplica el mismo ímpetu para desarrollar vehículos más económicos?

Los ensayos continuaron y ya se arribó a prototipos de automóviles más económicos aún que los que funcionan a electricidad. Por ejemplo, en España existe una pequeña empresa que se denomina MDI. Desde hace tiempo intenta sacar al mercado un coche que funciona con aire comprimido. Tiene la posibilidad de circular a 120 kilómetros en la hora, consume aceite de cocina en vez de derivados del petróleo y depura el ambiente en lugar de contaminarlo.

El costo del aire comprimido que se aplica a abastecer el auto asciende a 1 euro por cada 166 kilómetros. El valor de la unidad asciende a 9.000 euros y 30.000 españoles se anotaron para adquirirlo. Pero la burocracia del Estado no sólo no impulsó el proyecto, además lo obstaculizó. Los grandes medios de comunicación quedan muy lejos para MDI, que además denuncia que la CIA vigila a diario su sitio web.

Volvamos a los coches eléctricos. Circulan en Europa desde 1991 pero a pesar de las ventajas que ofrecen desde la perspectiva ambiental y también desde la posibilidad de ahorrar, son obviados por los respectivos gobiernos. Cuando se impone reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, serían comprensibles políticas estatales que impulsen directa o indirectamente la generalización de los vehículos que algunos ya llaman “eco-coches” pero claro, el poder de las petroleras es inconmensurable.

No obstante, el desarrollo de los autos que funcionan sin petróleo continúa, aunque sólo obtenga como premio la indiferencia y el boicot de las diversas instancias involucradas en el negocio de los combustibles fósiles. Sus impulsores tienen pocas posibilidades de difusión, entre ellas los llamados “rally solares”, que son organizados en el Viejo Continente por pequeñas asociaciones que se autofinancian.

La realidad es que todas las compañías trasnacionales que incursionan en el negocio automotriz cuentan con prototipos de autos eléctricos muy avanzados y listos para salir al mercado desde hace décadas. En los últimos años, también muestran de vez en cuando prototipos que se propulsan con hidrógeno. Pero nadie se atreve a dar el primer paso, movimiento que cambiaría el mapa económico del planeta.

Jamás se generalizó la utilización de los coches eléctricos y ya aparecieron los que se propulsan a aire comprimido. Se dice que éstos superan inclusive a los que se motorizan en base a hidrógeno, porque éste es muy inflamable y además precisa de una infraestructura más costosa. Los compresores para el coche de aire, así como su motor y la infraestructura que precisan, resultan muy baratos. Se trata de márgenes comerciales que no le interesan a las grandes compañías.

Afirman que el “eco coche” de aire respira y limpia. Tiene entre 200 y 300 kilómetros de autonomía y su carga puede realizarse en forma rápida. El eléctrico fue el pionero, su autonomía puede ascender a 100 kilómetros y la carga de las baterías precisa de 4 a 6 horas. También existen “eco coches” solares, que cuentan con autonomía total, porque si bien sus cargas insumen entre 4 y 6 horas, se puede hacer el trámite en marcha.

Hay otros eco coches pero en definitiva la idea de sus impulsores es auspiciar la entrada en el mercado de los “coches sin petróleo”. A raíz de la situación medioambiental, la escasez de ese hidrocarburo que se registra a escala planetaria y la acumulación de poder que ostentan las trasnacionales petroleras, que estos vehículos salgan a la venta se constituye en una reivindicación que abarca varias facetas. Muchos argumentos a favor como para seguir ignorándolos.

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