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Pura pasión antimitrista

Si es verdad que Juan Bautista Alberdi fue el mentor ideológico de la oposición al régimen que encarnó Bartolomé Mitre, Carlos Guido Spano fue su constante referente ético. Como siempre, la historia oficial quiso pintar un semblante suyo alejado de la realidad: el poeta romántico encerrado en su limbo... Así intentó vaciar sus contenidos políticos y morales. Hay que reconocer que la maniobra todavía tiene éxito.

Pero quienes investigaron más a fondo su figura desconfían de la iconografía predominante, que se preocupó por difundir imágenes de su vejez, cuando lucía una barba larga y ostentaba un aire a Walt Whitman. No obstante, hay en el Archivo General de la Nación otras imágenes suyas que revelan su faceta militante. Es que Guido Spano adquirió fuertes compromisos sin esperar recompensas; a tal punto que, si ocupó cargos públicos, fue por períodos muy acotados.

El poeta fue hijo del general Tomás Guido, “lancero” de San Martín, denominación que acuñó el correntino para graficar la amistad que forjó con hombre público de tan dilatada trayectoria. Guido fue testigo de la muerte de Mariano Moreno a bordo de aquel bajel fatídico, ideó junto con el futuro libertador el plan de caer sobre los realistas detrás de la cordillera y fue diplomático de la Confederación, entre otros desempeños brillantes.

Fue acomodada la cuna de Carlos, pero en realidad resultó la calle su universidad. Su trayectoria no fue del agrado de las narraciones liberales que se adueñaron de nuestra historia. Por ejemplo, vivía en Brasil junto con su padre en misión diplomática; cuando volvió a la Confederación Argentina para alistarse en el ejército que a las órdenes de Rosas, batía a los franceses. No llegó a entrar en combate porque las hostilidades cesaron.

A los 20 años, y como era de rigor, viajó a Francia. Corría 1848 y, por aquellas épocas, París fue escenario de una insurrección republicana. Lejos de contentarse con el rol de espectador, Guido Spano se dejó llevar por la marea de los acontecimientos, como confesó en su autobiografía: “Poniendo el oído a los rumores del siglo, recuperando mi energía, me lancé con febril actividad a la calle, donde paseaba en el delirio de su efímero triunfo la revolución democrática. Curioso espectáculo el de una sociedad que se transforma en medio de la discusión tormentosa de sus intereses primordiales removiendo hasta el fondo de las pasiones. (…) Nadie sabía donde le arrastra la vorágine. Se centuplica la potencia vital; el pensamiento es acción, la acción es fiebre. Imposible permanecer tranquilo, cuando por doquier te solicitan el ruido de la calle, la palabra de los tribunos, los estímulos de las aspiraciones populares. Mézcleme al movimiento general, peroré en los corrillos, estuve en la asonada, subí a la tribuna tambaleante, en las salas ahumadas de los clubs subalternos establecidos en las callejuelas de la inmensa ciudad, fraternicé, en fin, con la santa canalla. En todas partes, proclamé la República, llegando a merecer frenéticos aplausos de los carboneros, los enjalbegadores, los zapateros de viejo y demás gente menuda, ante quienes ensayaba mis armas oratorias”. Pura pasión…

Cuando retornó a Buenos Aires, se encontró con el triunfo del mitrismo e intentó residir en Montevideo, pero retornó. Adhirió a la facción de los chupandinos, es decir, los reformistas federales. Fue entonces que se estrenó como analista político en “La reforma pacífica”, que dirigía Nicolás Calvo. En forma simultánea, colaboró con el periódico “Fray Supino Claridades”, muy incómodo para los círculos porteños. Ambos medios supieron de procesamientos y clausuras.

Ante el ambiente hostil, Guido Spano prefirió mudarse hacia Paraná. Allí, fue secretario de Relaciones Exteriores durante la presidencia de Derqui y escribió para la “Revista de Paraná”. Pero optó por renunciar y, después de un paso por Montevideo, arriesgó su libertad con sus críticas a Mitre. Incluso partió hacia Paysandú para sumarse a su defensa y, en el trayecto, conoció a José Hernández, pero cuando ambos llegaron al escenario de la masacre, la plaza ya había caído a manos de los invasores brasileños y los colorados orientales.

Fue la agresión a Paraguay la que terminó por conmocionar a Guido Spano y a denunciarla fue que consagró sus mejores ensayos. Según Ricardo Rojas, la suya fue “una de las (prosas) más elegantes y limpias de la literatura argentina”. Según sus compañeros de ruta, no hubo fractura entre su prosa y sus poesías, a tal punto que sus versos más célebres todavía se recuerdan en el país vecino. Nació el 18 de enero de 1827. El día de su cumpleaños en 1906, dejó de existir Bartolomé Mitre. Como es de rigor en estos casos, Guido Spano murió en la pobreza. Su perseguidor, contendiente militar e ideológico, no.

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