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Osadías como las de Bouchard hacen falta

¿Dónde habrá sorprendido el verano de 1818 a la tripulación de la fragata “La Argentina”? No hay muchas opciones: en alta mar o en combate contra alguna embarcación española. Se trata del primer navío que, bajo la bandera azul y blanca, dio la vuelta al mundo, en el marco de la guerra de corso que las autoridades de las Provincias Unidas de Sudamérica mantuvieron con la corona ibérica.


La acción de los corsarios se convirtió en un componente importante durante la gesta de la Independencia. Su objetivo era hostilizar el tráfico mercantil de los realistas y contribuir a la decadencia de su poder naval. Hacia 1814, eran aproximadamente sesenta los navíos corsarios que navegaban bajo pendones sudamericanos. La máxima intensidad del corso se alcanzó hacia 1818 y se extendió hasta 1823.

En ese lapso fue que se produjo el periplo de “La Argentina”, que navegó lejos de la patria entre 1817 y 1819. Pero los corsarios rioplatenses no se limitaron a la misión que comandó el francés Hipólito Bouchard. Hubo otros que actuaron sobre todo en el Pacífico pero además, hubo quienes se animaron hasta el Mediterráneo. Incluso, la mismísima Cádiz sufrió un intento de bloqueo por parte de corsarios de la Independencia.

El francés había llegado a Buenos Aires en 1809 e, inmediatamente, se inclinó por la causa de la Revolución de Mayo. Supo estar en el lugar indicado en el momento adecuado, ya que el gobierno de Buenos Aires tuvo que armar una escuadrilla para enfrentar a la flota realista que mandaba en el Río de la Plata. Bajo las órdenes de Azopardo, ese primer intento naval argentino tuvo a Bouchard como segundo jefe.

Es curioso al tratarse de un marino nato pero, el 3 de febrero de 1811, el francés formó parte del contingente de Granaderos que batió a los realistas en San Lorenzo. En el parte que San Martín le envió al gobierno, dice textualmente, a la hora de enumerar los implementos que le capturó al enemigo, “... y una bandera que pongo en manos de VE y que arrancó con la vida del abanderado el oficial don Hipólito Bouchard”.

El 9 de julio de 1817, “La Argentina” zarpó para cumplir un crucero que duraría dos años. Navegó por las aguas del Atlántico Sur y llegó al océano Índico, luego de recalar en Madagascar. A los cañonazos, Bouchard impidió maniobras esclavistas que llevaban a cabo tres buques ingleses y uno francés, en cumplimiento del mandato de la Asamblea 1813 y de las órdenes que llevaba: combatir la esclavitud.

Luego la fragata puso proa a Filipinas. En sus cercanías y antes de llegar a destino, hizo falta repeler el ataque de cinco buques piratas de la Malasia, los que más tarde se harían famosos gracias al “Sandokan”, de Emilio Salgari. Meses después, “La Argentina” fondeaba frente a las islas Hawái. Bouchard encontró allí a otra embarcación nacional, la corbeta “Santa Rosa”, cuya tripulación se había sublevado.

Como consecuencia de sus gestiones, una autoridad originaria de los hawaianos se constituyó en el primer soberano que reconoció a las Provincias Unidas del Río de la Plata como entidad independiente. Juntas, la “Santa Rosa” y “La Argentina”, atacaron Monterrey. Las tripulaciones nacionales que, en realidad, se integraban con hombres de todas latitudes, capturaron el fuerte e izaron la bandera azul y blanca que allí permaneció por unos días. Así es: en la California estadounidense de hoy, supo ondear el pabellón de los argentinos…

Centroamérica era todavía un bastión realista, entonces Bouchard dispuso que se cañoneara Sonsonate, en Guatemala. Gracias a su pericia, los corsarios de la Independencia capturaron bergantines de los maturrangos. Proa al sur, atacaron El Realejo, el principal puerto que los realistas mantenían en esas latitudes, hoy Nicaragua. Allí capturaron dos navíos del enemigo y destruyeron otros dos.

El contingente arribó a Valparaíso justo cuando San Martín preparaba la flota que cumpliría la faceta marina de la Campaña al Perú. En el puerto chileno, Bouchard dio por finalizada su misión, después de dos años de navegación, trece acciones navales de importancia, la captura o la destrucción de veintiséis buques enemigos y el registro de cuatro barcos negreros, entre ellos, dos ingleses y uno estadounidense. ¡Qué osadía la de entonces!

Hombre de acción, Bouchard se incorporó a la expedición libertadora. Cuando San Martín creó la escuadra peruana, al francés se le otorgó el mando de la fragata “Puebla”, el buque más importante. Años después y saciado su hambre de gloria, murió el 4 de enero de 1837, a manos de un peón suyo descontento. Había nacido un día como ayer, de 1780. Junto a su tripulación, fue el primero en “globalizar” la enseña de las Provincias Unidas.

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