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Recuperar el suelo es un objetivo tan glamoroso como cualquier otro

Faltan 32 años para que la población mundial arribe a 10 mil millones de humanos. Para alimentar a 2.400 millones de personas más que en la actualidad, cae de maduro que la producción de alimentos deberá aumentar un 75 por ciento en relación al presente. Para arrimar al objetivo se deberían sumar más de 1,6 millones de hectáreas por año, objetivo que parece a todas luces inalcanzable a raíz de la combinación de muchos factores.

Durante la celebración de la 23ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 23), se planteó que la meta es irrealizable. “A menos que se tomen medidas urgentes para recuperar las tierras degradadas, al mundo le espera un futuro de inseguridad alimentaria”, pronosticó Monique Barbut, secretaria ejecutiva de la Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación.

La recuperación del suelo no es un “tema glamoroso, aun cuando se ofrecen todos los datos”, reconoció en Bonn la directiva. La COP 23 se consagró a diseñar una hoja de ruta para hacer frente al cambio climático. Con razón, los debates se concentraron en poner fin al uso del carbón, en difundir las energías renovables y en mecanismos que tornen más accesibles las tecnologías “verdes”. Como contrapartida, los problemas del suelo quedaron en segundo plano.

Salvo algunos grupos indígenas de la “sociedad civil”, no se escucharon mayores voces sobre la necesidad de preservar la fertilidad. Sin embargo, la gestión del suelo se relaciona de forma directa con la lucha contra el cambio climático. “En las CPDN (Contribuciones Previstas y Determinadas a Nivel Nacional), más de 140 países dijeron que la tierra era parte de la solución o de sus problemas en términos de cambio climático”, señaló la funcionaria internacional.

Se trata de los recortes en la emisión de gases de efecto invernadero que propuso cada Estado parte de la Convención. Uno de los casos más ilustrativos es India, donde se estima que 30 por ciento del suelo ya se degradó. Según los datos de ese país que se dieron a conocer en 2016, la zona degradada aumentó más de 0,5 por ciento para superar los 29 millones de hectáreas en “sólo” 10 años.

La desertificación también aumentó 1,16 millones de hectáreas y se mantuvo en 82,64 millones de hectáreas entre 2011 y 2013, según indican las informaciones que puso a consideración ese país. Ante el resto de la “comunidad internacional”, India se comprometió a combatir la desertificación y la degradación del suelo y lograr la degradación neutral para 2030, es decir, en lograr un equilibrio entre la proporción de pérdidas y de ganancias en materia de tierras.

Cuando Barbut apuntó que la recuperación del suelo no es un “tema glamoroso”, hacía referencia a las diferencias de valoraciones. El objetivo indio de arribar a una “degradación neutral” en 2030 es muy ambicioso y no merece mayor atención, ni siquiera por parte de las autoridades. Como contrapartida, la así llamado Misión Solar recibe muchos elogios. Con esa iniciativa, India se propone producir 175 giga-vatios a partir de fuente renovables hacia 2022.

“Aun la tierra más degrada puede recuperarse con una pequeña inversión de 300 dólares por hectárea. Lo que se necesita no es una gran suma de dinero, sino mucho trabajo manual. Quizá no haya espacio para grandes inversiones y ganancias”, observó la especialista. Al conocer el paño, la Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (UNCCD), junto con los gobiernos de Francia, Luxemburgo, Noruega y una fundación de mucho poderío económico, lanzó un fondo especial para recuperar tierras degradadas y luchar contra la desertificación.

Desde otra perspectiva, si de recuperar suelos se trata, se debe tener en cuenta la conexión que existe entre el ambiente y los derechos de las mujeres. “Ya sea la sequía, la degradación del suelo o la desertificación, las mujeres sufren más que otros. De hecho, no sólo sufren las consecuencias de la sequía o de la desertificación, sino también por el hecho de que en la mayoría de los casos, las mujeres no tienen derechos sobre la tierra”, explicó.

El impacto del cambio climático sobre el suelo es cada vez más un problema global y con grandes consecuencias sociales y políticas. Grandes sequías afectaron a países del Primer Mundo, como Francia, Canadá y Estados Unidos. El 100 por ciento de los inmigrantes que llegan a Europa provienen de tierras áridas. En el planeta, suman 2.000 millones de hectáreas las tierras degradadas. Si se recuperaran “apenas” 300 millones de hectáreas, se podría garantizar la seguridad alimentaria para 2050. Objetivo que debería ser tan glamoroso como cualquier otro de los relacionados con el cambio climático.

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