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Nadie se disputa la memoria de los libres

Hubo hombres cuya trayectoria pública fue tan libre, que ningún sector político de actuación en el presente se disputa su memoria. Es el caso de Manuel Ugarte, siempre incómodo para el peronismo a raíz de su origen socialista. Y traerlo a colación para los adherentes al socialismo es engorroso porque debatió de manera más que ferviente con Juan Bautista Justo. Además, a raíz de su origen de clase alta, su memoria no es políticamente correcta para la izquierda. Y como antiimperialistas coherentes hay muy pocos, su figura pasó más o menos desapercibida para las nuevas generaciones que se volcaron a la política en los últimos años…


Hacia fines del siglo XIX cumplió Ugarte con el rito de las juventudes ilustradas de entonces: fue a París para continuar con sus estudios y a conocer todas las chicas francesas que se pusieran a su alcance. Pero en 1898 Estados Unidos se entrometió en Cuba y al igual que muchos otros americanos, Ugarte puso el grito en el cielo… Viajó a Estados Unidos y allí comprobó el impulso expansionista que predominaba en su clase política.

Observó Manolo la pulsión que concebía desde Washington a la América Latina como objetivo de conquista. Se interesó entonces por la historia estadounidense y pudo constatar que buena parte de su jurisdicción había surgido de anexiones en desmedro de pueblos nativos o países vecinos. Fue allí donde terminó de redondear las dos ideas básicas de su pensamiento: el antiimperialismo y la necesidad de construir la Unidad Latinoamericana.

Cuando regresó a París, se sumó al socialismo y se acercó a la clase obrera. Sin embargo, esa faceta debió convivir con una profunda noción del nacionalismo latinoamericano. De vuelta en la Argentina y para decepción familiar, se vinculó con José Ingenieros y Alfredo Palacios. En 1904 volvió a Europa para participar del Congreso de la Segunda Internacional como delegado. Allí comenzaron los problemas intelectuales para el joven bonaerense, porque uno de los temas a debatir era la posición que debía asumir el socialismo frente al colonialismo.

Para su sorpresa, un delegado holandés defendió al colonialismo como factor de progreso histórico en las regiones dominadas. En realidad, no hacía más que repetir algunas de las aseveraciones de los fundadores del marxismo... Tres años después, Ugarte asistió a otro cónclave en Alemania pero al retornar al país se atrincheró en su nacionalismo y profundizó sus diferencias con la conducción del PS argentino.

A esa altura, ya era un escritor importante y publicaba columnas. En uno de sus artículos, comenzó a diferenciar el patriotismo de las potencias imperialistas o colonialistas y el de los países que sufrían opresión. Según Ugarte, el socialismo debía tener un carácter nacional que opusiera resistencia al imperialismo anglosajón. Como contrapartida, en 1909 Juan Bautista Justo defendía el carácter civilizador del imperialismo.

Por cuestiones de salud, Ugarte eligió residir en Niza pero desde allí continuó con la difusión de sus ideas. Su pensamiento se entroncaba con las tradiciones democráticas y populares del continente. No sólo logró desentrañar el carácter destructivo del imperialismo para los países latinoamericanos, además vislumbró el carácter reaccionario que jugaban las oligarquías socias de las potencias comerciales extranjeras. Concluía que sólo la unión de los pueblos del Sur permitiría hacer frente a las grandes potencias.

A fines de 1911, inició una gira que le significaría ratificaciones doctrinarias y dolores de cabeza. En La Habana, fue testigo de la influencia norteamericana en la isla. Su presencia apuró la formación de sectores estudiantiles y populares que comenzaron a bregar por la definitiva independencia, con una visión de integración latinoamericana. En México, encontró inconvenientes para realizar sus conferencias, ya que algunos empresarios se negaron a alquilar sus locales y teatros. El gobierno analizó la posibilidad de prohibir sus conferencias, ante la presión norteamericana. Pero una movilización de estudiantes permitió que saliera al balcón del hotel y pronunciara una alocución.

Al término de su gira, el Partido Socialista firmó su expulsión. En noviembre de 1915, comenzó a editar el periódico “La Patria”. Sus objetivos eran defender la industria nacional, combatir los monopolios, oponerse al imperialismo y bregar por una reforma cultural. Desde allí, desnudó la trama de la dominación británica. Más tarde, respaldó la política de neutralidad del gobierno radical ante la Primera Guerra Mundial.

Cuando el peronismo triunfó en 1946, sintió que podía volver a su país. En mayo de ese año se dirigió a la Casa Rosada: tanto Perón como Ugarte simpatizaron recíprocamente. Fue nombrado embajador en México, Nicaragua y después Cuba. Dejó de existir el 3 diciembre de 1951, demasiado libre para que las facciones se apoderen de su memoria. Nadie se tomó el trabajo de recordarlo al cumplirse un nuevo aniversario de su fallecimiento…

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