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No seguir el ejemplo de Trump

Esperamos que no cunda el ejemplo: el gobierno estadounidense ordenó la mayor reducción de áreas protegidas en la historia de ese país, que dicho sea de paso, fue pionero en su creación. A través de un decreto, el Poder Ejecutivo cambió el estatus de ocho mil kilómetros cuadrados en dos espacios sitos en el Estado de Utah. Como resultado de la decisión de Donald Trump, se redujeron drásticamente las dos zonas.


Ambos son monumentos nacionales: áreas terrestres o marítimas bajo protección que, a diferencia de los parques nacionales, en Estados Unidos, pueden crearse sin la aprobación del Congreso. Alcanza con una simple orden del presidente, de acuerdo con una ley que data de 1906. Como podría adivinarse, la determinación de la Casa Blanca mereció el apoyo de los sectores más conservadores y la condena de organizaciones ecologistas, cuya voz se sumó al reclamo de los pueblos indígenas que tienen presencia en Bears Ears y Grand Staircase – Escalante, denominaciones de los parques en disputa.

El cada vez más insensible mandamás estadounidense justificó su decisión en una “extralimitación del gobierno en el manejo de tierras”, que adjudicó a la gestión anterior. El parque Bears Ears se extendía por 5.400 kilómetros cuadrados. Su creación databa de 2016, gracias al impulso de Barack Obama. Su sucesor practicó una división en dos zonas que juntas, apenas si abarcan 930 kilómetros cuadrados. Quiere decir que la reducción abarca el 80 por ciento del área original.

En tanto, Grand Staircase – Escalante data de 1996 y alcanzó el carácter de reserva natural en la gestión de Bill Clinton. En este caso, se dividió en tres partes y de 7.600 kilómetros cuadrados, pasará a poco más de 4.000 km2. Trump justificó su decisión con el argumento de que la protección federal pasaba “por alto las fuertes objeciones del liderazgo” estadual y cargó contra las restricciones a la caza, la ganadería, la recreación y el desarrollo económico.

En realidad, el presidente está preocupado por la extracción de gas y petróleo no convencionales, la minería y la tala con finalidades industriales. De hecho, dio a conocer que es su intención fomentar la construcción y la actividad comercial. Los parques en cuestión no sólo albergan sitios de gran belleza natural, además cobijan yacimientos arqueológicos de características únicas en el territorio estadounidense. Incluso, áreas que los pueblos indígenas consideran sagradas.

Las comunidades reaccionaron de manera enérgica, pero también legisladores demócratas y expresiones de la sociedad civil. El partido en la oposición consideró que las áreas quedaron “bajo amenaza”. La Fundación PEW recordó que sólo Bears Ears es “territorio sagrado para cinco naciones indígenas” y que, en ese parque, se encuentran –encontraban- bajo protección nada menos que cien mil sitios de interés arqueológico. “Reducir este tesoro nacional en más del 80 por ciento rompiéndolo en un archipiélago de sitios menores y aislados es ignorar la importancia de preservar todo ese paisaje”, apuntó la entidad.

Por otro lado, la reacción de diez organizaciones conservacionistas no se hizo esperar y presentaron una demanda conjunta en un tribunal de Washington, al calificar de “proclamación ilegal” la de Trump, que “pondrá en peligro tesoros geológicos y arqueológicos” e “ignorará 111 años de historia de protección ambiental”. Un portavoz navajo apuntó que “vamos a luchar para honrar a nuestros ancestros guerreros”.

A la reacción de los navajos, hay que sumar la de los hopi, los zuni y dos organizaciones de los ute, sobre todo por Bears Ears. El Fondo de Derechos de los Nativos Americanos (NARF, por sus siglas en inglés) presentó una demanda horas después de conocerse la decisión presidencial, para proteger ese Monumento Nacional. La organización consideró que la decisión de Trump constituye un ataque a las naciones indígenas soberanas que tienen fuertes lazos con la región de Bears Ears y representa una violación de la Constitución.

En opinión de los líderes indígenas, la protección federal es necesaria para contrarrestar el aumento del saqueo de sitios y objetos arqueológicos. Si bien en Grand Staircase – Escalante existen yacimientos de carbón, quienes apoyan la medida de Trump argumentan que no existen hidrocarburos en las áreas afectadas. Más allá de la precisión de las informaciones, la determinación estadounidense se da de cruces con algunas de las recomendaciones que están incluidas en la Segunda Advertencia a la Humanidad, que dieron a conocer quince mil científicos en noviembre último.

Ante el avance del cambio climático, la proclama solicitó el establecimiento de más reservas terrestres y marinas, el reforzamiento de leyes contra la caza furtiva y la restricción del comercio de vida silvestre, entre otras recomendaciones. El viraje estadounidense va en línea con su negación del calentamiento global y su abandono del Acuerdo de París. Que no sigan el ejemplo en la Casa Rosada.

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