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¿Qué tiene que ver Dorrego con el petróleo?

Según algunas interpretaciones, con el fusilamiento que tuvo lugar el 13 de diciembre de 1828, se inauguró el prolongado ciclo de la violencia política que caracterizó a la Argentina durante el siglo XIX. A nosotros nos parece que si bien terminó de ensombrecer nuestros albores, el asesinato de Manuel Dorrego se entronca con la muerte de Mariano Moreno, la traición a José Artigas y muchos otros hechos lamentables.

Los sucesos de Navarro son poco conocidos y menos divulgados. Fue allí donde se sesgó la vida del gobernador de Buenos Aires, en el marco de una interrupción del orden constituido. Esa modalidad se tornó en costumbre y se instaló en el país, como bien sabemos, durante todo el siglo XX. El fusilamiento se inscribió en unos de esos movimientos, en los cuales una minoría no trepida en vulnerar la legalidad con tal de defender intereses de sector.

El entonces gobernador fue derrocado por una conspiración de carácter cívico y militar. Cabe recordar que por delegación de las provincias, sobre el malogrado patriota descansaba la jefatura del Poder Ejecutivo Nacional. Por eso, ante la imposibilidad de imponer un proyecto sectorial, extranjerizante y aristocrático, la asonada se impuso por la fuerza de las armas y la eliminación física del opositor se convirtió en un recurso frecuente en nuestra trayectoria.

Suponían los golpistas que con esa muerte, pondrían fin a la utopía federal y republicana que buena parte de los porteños siempre detestó, junto a varias de las aristocracias provinciales. Ya desde Mayo, Mariano Moreno y sus compañeros abogaban por una organización republicana y federal sobre bases democráticas y sufragio universal. Pero para Rivadavia, Agüero, Del Carril y el propio Lavalle, quienes así pensaban eran los resabios del “barbarismo” criollo.

Eran ellos los portadores de la civilización. Así, quienes antaño habían sido guerreros de la Independencia -como Lavalle- trabajaron para establecer un nuevo sistema que no admitía una distribución espacial del poder entre las Provincias Unidas. Buenos Aires sería el mandamás. Dorrego era porteño y por eso más peligroso. Se había alistado en las tropas patriotas para enfrentar a los realistas, ganó sus jinetas de coronel en el campo de batalla y brilló en los triunfos de Salta y Tucumán.

Con vocación americana, no se contentó con llevar la lucha fronteras adentro del antiguo virreinato: antes de ponerse a las órdenes de Belgrano colaboró con los patriotas chilenos y cuando vicisitudes internas lo obligaron a marchar a Estados Unidos, se sumó a los colombianos, dentro de la estrategia bolivariana de emancipación. En febrero de 1826 desembarcó en Colonia con los 33 Orientales para recuperar ese territorio, en manos del Imperio Brasileño. Triste destino el de un hombre que se había jugado el cuero ante el enemigo... ¡Morir fusilado por las armas propias!

Hoy también es el Día del Petróleo, efeméride que salvo en ciertos reductos del pensamiento nacional, se pasa por alto desde 1989, cuando los argentinos dejamos de ser dueños de nuestros hidrocarburos. La conmemoración tiene que ver con el descubrimiento del fundamental recurso, que se produjo el 13 de diciembre de 1907. Allí se inició la explotación estatal del “oro negro”, que no estuvo exenta de durísimas controversias frente a los trusts internacionales.

Hay que rescatar la tarea de los presidentes Hipólito Yrigoyen y Marcelo de Alvear, quienes se propusieron controlar el petróleo cuando ya se lo consideraba recurso gravitante. Ambos intentaron ponerlo al servicio de un desarrollo nacional independiente que contemplara las demandas de trabajo y consumo de los sectores populares. Así, en 1922 el primero creó la Dirección Nacional de Yacimientos Petrolíferos Fiscales y el segundo designó a su frente al coronel e ingeniero Enrique Mosconi.

Éste preparó un plan estratégico que tuvo como destino desplazar del mercado a las compañías internacionales, entre las que se destacaban la Standard Oil, la Royal Dutch-Shell y sus subsidiarias. Contó para ello con apoyo del poder político, además de colaboradores civiles y militares de primerísimo nivel y probado patriotismo, entre los que se destacaron el coronel Alonso Baldrich y el doctor Carlos Madariaga.

Aquella primera batalla culminó exitosamente el 1º de agosto de 1929. Esa jornada, YPF concretó el control del mercado petrolero mediante la implantación de una más que significativa baja del precio de los combustibles. La determinación descolocó definitivamente el liderazgo que habían ejercido las multinacionales norteamericanas e inglesas. Cuando se logró ese objetivo, Mosconi consideró a la gesta como continuadora de las que habían encabezado San Martín y Bolívar un siglo antes: “Pues bien, a semejanza de aquel gran movimiento continental que dio independencia política a nuestro continente, se encuentra en marcha el movimiento que terminará conquistando la independencia económica para nuestra América” Eran otros tiempos. Claramente.

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