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Nos asiste el derecho de mandarlos al cuerno

Si la Argentina actuara con memoria y a partir del principio de la reciprocidad, estaría en su derecho de mandar al cuerno a sus acreedores extranjeros que tengan sede en Estados Unidos o Gran Bretaña. No solamente por el contubernio que animaron ambas potencias durante la Guerra de Malvinas, sino también por la conducta que éstas desarrollaron contra los intereses de nuestro país hace unos 60 años.

Cuando la Segunda Guerra Mundial tocó a su fin en 1945, Estados Unidos y Gran Bretaña eran deudores de la Argentina. Así como lo lee... Ambos vencedores en la reciente conflagración tenían en rojo sus cuentas con nosotros por dos mil y 3.500 millones de dólares respectivamente. Además, el origen de esas acreencias no estuvo en turbios manejos de los mercados de capitales como en la actualidad, sino en compras que habían efectuado por mercaderías que necesitaron mientras se prolongó su esfuerzo bélico.

Hubo quien se ocupó de actualizar los valores del endeudamiento anglo-estadounidense con la Argentina. A moneda de 1983, cuando se produjo la recuperación democrática y Raúl Alfonsín asumió la presidencia, ese monto hubiera equivalido a 40 mil millones de dólares, es decir, aproximadamente la mitad de la cifra que permaneció en “default” a partir de 2001. Una magnitud similar tenía por entonces la totalidad de la deuda externa argentina.

Por entonces, Estados Unidos y Gran Bretaña maniobraron de común acuerdo para liberarse de manera fraudulenta de la suma que nos debían. Ya en 1945, la Casa Blanca había bloqueado los créditos de los que podía disponer la Argentina por esa deuda. Washington no sólo se negó a pagar, además las autoridades económicas del “gran país del norte” anunciaron que no reconocerían interés alguno.

Del otro lado del Atlántico, con argumentos que sólo podían sostenerse por su condición de potencia militar triunfante, Gran Bretaña declaró el bloqueo de las libras esterlinas que correspondían aplicarse a la cancelación de los abastecimientos argentinos durante los enfrentamientos. Frente a esa situación y cuando asumió el gobierno, Perón llevó a cabo arduas negociaciones con Londres que culminaron con la firma de algunos convenios.

Aparentemente, con estos acuerdos se ponía punto final al conflicto. Se celebró en definitiva una suerte de entendimiento triangular por el cual la Argentina podía hacer uso de las libras inglesas siempre y cuando las utilizara para adquirir mercaderías en el mercado de Estados Unidos. Fue en ese momento cuando el gobierno británico declaró inconvertible a la libra.

Fue una decisión unilateral que borró con el codo lo que habían escrito con la mano. En consecuencia, las libras eran inservibles en el mercado norteamericano, al menos si estaban en manos argentinas. Claro está, Washington estuvo perfectamente al tanto de esa urdimbre y dispuso que los importadores argentinos pudieran valerse de los créditos con que allí contábamos para superar esa inconvertibilidad.

Es decir, la triangulación derivó finalmente en un atentado contra nuestra soberanía porque en lugar de utilizar los dos mil millones de dólares en donde hubiéramos querido, nos vimos forzados a hacerlo al norte del río Bravo. Además, la Argentina vivía entonces una época de gran reactivación económica y pronto las adquisiciones en Estados Unidos excedieron el monto que nos debían.

Como las libras no podían convertirse a dólares, pronto los argentinos nos encontramos con que los deudores éramos nosotros. En aquel momento, no existía ningún CIADI al cual recurrir para acusar a Gran Bretaña de cambiar las condiciones jurídicas y los tratados que ella misma había celebrado. De todas formas, sabemos que si esta situación se repitiera en el presente, lejos estaría el CIADI del Banco Mundial de fallar a favor de la Argentina...

En forma simultánea se puso en marcha el Plan Marshall para proceder a la reconstrucción de Europa. Por entonces era embajador de Estados Unidos en la Argentina un tal Bruce, que se comprometió ante nuestro gobierno a colocar aquí importantes órdenes de compra con destino al abastecimiento de la iniciativa. Solicitó al mismo tiempo la reserva de toda nuestra producción en algunos rubros para atender esa demanda.

Pero con posterioridad arribó a Buenos Aires otro representante del gobierno norteamericano que trabajaba en la ejecución del plan. Ante la sorpresa de las autoridades nacionales y del propio diplomático, el emisario expresó que la iniciativa era solamente financiera y que en la Argentina no se compraría nada. Otro fraude se había consumado por parte de los poderosos del mundo contra nuestras cuentas...

Las supuestas vacilaciones tenían como objetivo construir una imagen de desprestigio en torno al gobierno de Perón para presentarlo como moroso de sus compromisos internacionales. La intención de Washington y Londres era bloquear todo programa de desarrollo autónomo del país cuando en rigor, con las libras esterlinas bloqueadas, alcanzaba para cancelar las adquisiciones argentinas en Estados Unidos.

En consecuencia, Perón dispuso que el 30 por ciento de las reservas con que contaba el país en divisas quedaran a disposición de los bancos y las firmas privadas para que cancelaran las deudas en Estados Unidos. Gracias a ese importante respaldo, los intereses privados constituyeron un consorcio bancario, se acordaron todos los arreglos y se cancelaron todas las cuentas. Inclusive, se pagaron intereses. En 1955, cuando Perón fue derrocado por un golpe militar, la Argentina no debía un sólo peso. En 1956 nuestro país se asoció al FMI. El presidente desalojado siempre se había opuesto a ingresar el organismo internacional.

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