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En el tango no hay desacuerdos

Algunas prácticas del Poder Judicial dan vergüenza, probablemente la OMC se lleve puestos los intereses colectivos argentinos y sobre todo en la región hay heridas muy abiertas, pero vamos a correr un tanto la mirada de la actualidad para detenernos en una manifestación artística que unifica a los y las argentinas, más allá de sus preferencias políticas, sus geografías, sus orígenes y demás auto-identificaciones.

Está claro que el tango ya superó la siempre efímera gloria de la moda. Después de su resurrección, llegó para quedarse porque según se ve por todos lados, no sólo los que peinan canas se animan en las milongas o a interpretar las viejas glorias. Es enorme el piberío que se larga a danzar, pero también a recrear los clásicos, a rescatar los no tanto e inclusive, a componer nuevas piezas musicales, prueba de que está vivo.

Hoy es el Día del Tango, claro... Se debe su institución a un persistente personaje de Buenos Aires, porque un día como hoy pero de 1890, nacía Carlos Gardel. Pero además, nueve años después en idéntico recodo del calendario venía al mundo Julio De Caro, quien sería gran director de orquesta y un renovador del género. Además, al traer a colación a las dos figuras, Ben Molar aunaba a la “voz” con la “música”, en la figura de uno y otro artista.

Aunque nadie podría dudar seriamente sobre la identificación que existe entre la Argentina y el dos por cuatro, instituir el Día Nacional del Tango demandó más de una década. Molar contaba que una noche de 1965, se dirigía hacia la casa del célebre director para celebrar su cumpleaños, cuando advirtió que la fecha se podía asociar con el cumpleaños de Gardel. Además, constató que se trataba de dos vertientes diversas, pero muy representativas del tango.

Molar presentó su propuesta a la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Buenos Aires. El funcionario de turno pidió la conformidad de las entidades artísticas y como resultado, el entusiasta impulsor logró el beneplácito de SADAIC, ARGENTORES, SADE, la Casa del Teatro, el Sindicato Argentino de Músicos, la Unión Argentina de Artistas de Variedades, la Academia Porteña del Lunfardo y otras entidades.

Pero pasaron once años y nada. Corría la última dictadura militar, momento difícil para impulsar reclamos. Sin embargo, Molar le advirtió a su interlocutor que si no instituía la jornada en el ámbito de su jurisdicción, llevaría adelante una gran movilización radial, televisiva y gráfica para anunciar la organización de un gran festival en el Luna Park y apoyar la consagración del “Día del Tango”. Por entonces, administraba el mítico estadio de box Tito Lectoure.

El encuentro se desarrollaría el 11 de diciembre. Dos horas antes de expirar el ultimátum, el Poder Ejecutivo de la Municipalidad de Buenos Aires promulgó el decreto por el cual había luchado. Era el 29 de noviembre de 1977 y pese a la satisfacción de la demanda, el 11 de diciembre se llevó a cabo el primer festejo oficial del Día del Tango. La jornada fue memorable: 15 mil personas participaron de la actividad, que tuvo su momento culminante cuando los presentes le cantaron el feliz cumpleaños a De Caro.

Con el triunfo a cuestas, Molar elevó el mismo pedido a la Secretaría de Cultura de la Nación y ocho días después de la cumbre del Luna Park, el Poder Ejecutivo sancionaba la misma declaración que había hecho suya Buenos Aires. Desde entonces, aunque con mayor énfasis en los últimos años, se conmemora el Día Nacional del Tango, género que donde suene, en la latitud que sea, se asociará con la Argentina.

Sobre uno de los pilares en los que se basó Molar para consagrar la efeméride, se sabe mucho. Gardel nació el jueves 11 de diciembre de 1890 en la ciudad de Toulouse, al Sur de Francia, pero en 1893 llegó a Buenos Aires junto a su mamá. Más tarde se convirtió en cantor habitual de reuniones y cafés. Con casi 21 años conoció a José Razzano, con quien formó un dúo de canciones criollas. A esa formación se la conoció como “El Morocho y el Oriental”, porque su compañero era uruguayo.

Por su parte, De Caro fue director de orquesta, compositor, arreglista y violinista. Se convirtió en uno de los grandes intérpretes de la generación del 10 y a partir de 1923 creó un estilo original que le facilitó el liderazgo de su generación y la conversión en modelo para las siguientes. Fue de los primeros en comprender que el destino del tango era la música, es decir, no el mero baile o la simple canción. Esa dirección fue la que adoptó y recuperó en los últimos años, con nuevos bríos.

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