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La vitalidad de la aviación comercial incide sobre Bariloche

Dos episodios recientes actualizaron la importancia que tiene la aviación comercial para Bariloche. En primera instancia, se recordará que, hace unas semanas, el aeropuerto de esta ciudad quedó fuera de funcionamiento al registrarse una repentina carencia de vehículos autobombas. Como consecuencia del déficit, un vuelo fue desviado hacia la estación aérea de Neuquén, sita a 430 kilómetros. Otros 17 resultaron cancelados.

En esa ocasión, aprendimos que la Organización Internacional de Aviación Civil exige estándares de seguridad para un aeropuerto internacional, entre ellos, la presencia en cercanías de la pista de autobombas con características específicas. Cierta indignación se apoderó del sector turístico, cuando trascendió que uno de los vehículos hace tiempo que está fuera de servicio. El episodio mereció el reclamo de legisladores nacionales hacia la Administración Nacional de Aviación Civil.

Durante la semana que finaliza, el flujo normal de vuelos también sufrió inconvenientes aunque, en este caso, en el contexto de una protesta gremial que afectó a la actividad en todo el país. Los pilotos de Aerolíneas y Austral quedaron en el centro de la escena, al protagonizar un paro por 24 horas en demanda de una recomposición de sus haberes del 25 por ciento, cuando la empresa sólo ofrece 16 por ciento.

Al momento de redactar estas líneas, el diferendo no se zanjó y desde las filas gremiales, se anunció la posibilidad de nuevas medidas. En la ocasión anterior, se cancelaron 380 vuelos locales e internacionales, con el consiguiente perjuicio no sólo para los pasajeros, sino para las localidades que, como Bariloche, presentan una marcada dependencia hacia el funcionamiento del sector turístico y, por ende, del aerocomercial.

En los últimos meses, la ciudad pasó de la expectativa a la mirada circunspecta ante la próxima llegada de los vuelos “low cost”. Anuncios gubernamentales y empresariales vincularon la modalidad con la posibilidad de incrementar el turismo de fin de semana, con la consecuente generación de empleo. Las informaciones más recientes hablan del mes que viene como comienzo de las operaciones, pero el acuerdo con una de las prestadoras generó resquemores e, incluso, distintos puntos de vista dentro del elenco gobernante.

Por otro lado, no hace falta ejercitar demasiado la memoria: el peor momento económico de la historia reciente de Bariloche coincidió con la imposibilidad de que aterrizaran aviones en el aeropuerto, después de la erupción volcánica del 4 de junio de 2011. Hubo que esperar más de siete meses para que los vuelos comenzaran a recuperar regularidad y toda la economía de la ciudad crujió desde sus cimientos.

El panorama viene a cuento de la enorme importancia que tiene para Bariloche la actividad, al conmemorarse hoy el Día de la Aviación Civil. La fecha se eligió en coincidencia con el natalicio de Aron Félix Anchorena: 5 de noviembre de 1877. Su trayectoria tuvo que ver, y mucho, con esta ciudad, ya que arribó a la zona en 1902 y pidió una porción de tierras en la isla Victoria, donde llevó a cabo plantaciones todavía presentes.

Desde la perspectiva aeronáutica, Anchorena pasó a la historia porque en la Navidad de 1907, junto con Jorge Newbery, dejó el piso a bordo del “Pampero”, globo aerostático de su propiedad. Se trató de la primera experiencia que ejecutaran argentinos, con medios y apoyos nacionales. En consecuencia, se la considera como el origen del vuelo civil y militar en la Argentina. Al año siguiente, fundó el Aeroclub Argentino.

Hubo que esperar un tiempo para que la aviación civil adquiriera status comercial. El primer vuelo de esa índole que llegó a Bariloche, despegó de General Pacheco en la madrugada del 17 de agosto de 1939. Partió a las 3:47 y tocó tierra en esta ciudad a las 11:32. Se trató de un Junkers LV-AAB que pertenecía a la compañía Aeroposta Argentina, que ya había realizado vuelos experimentales. La empresa cobró los pasajes a 125 pesos ida y vuelta.

El avión en cuestión llevaba como nombre “Patagonia”. Partió de General Pacheco, en el noreste bonaerense, en la madrugada e hizo escalas en Bahía Blanca y San Antonio Oeste, para arribar a Bariloche cerca del mediodía. Una hora después, emprendió el regreso, directo hacia la localidad del sur bonaerense, para aterrizar en General Pacheco a las 19:25. “Un placentero viaje de 3.400 kilómetros con el pasaje completo”, recuerdan las crónicas.

Más allá de la incorporación de las “low cost”, cuya utilidad deberá demostrarse con el tiempo, quizás haga falta recordar que no fueron muy felices los años en los que la aerolínea de bandera estuvo en manos privadas y, además, extranjeras. Sin perjuicio de redefinir una política integral de transporte, hay que decir que el buen funcionamiento de Aerolíneas siempre tuvo correlato favorable en la economía barilochense.

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