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Estados Unidos toma posiciones en Sudamérica

Con un clima político en la región diferente al que imperaba dos años atrás, las fuerzas armadas estadounidenses incrementan su presencia en la Amazonía. Con el beneplácito del gobierno brasileño -cuya legitimidad de origen es muy dudosa- a comienzos del mes que viene se llevará a cabo la Operación “América Unida”, de la que participarán efectivos estadounidenses, brasileños, peruanos y colombianos.

Los ejercicios tendrán como base la localidad de Tabatinga, en una zona de triple frontera. Las maniobras expresan con claridad un incremento sustancial de la militarización extranjera en la región. La propuesta cuenta con el liderazgo e impulso del Comando de Logística del Ejército Brasileño y se inspira en el ejercicio logístico y militar que concretó la OTAN en Hungría dos años atrás. En aquella oportunidad, se desplegaron 1.700 efectivos.

En la versión latinoamericana del re-despliegue estadounidense, el objetivo confeso es crear una base logística multinacional de carácter temporal con el cometido de realizar operaciones de control a la migración ilegal, asistencia humanitaria, operaciones de paz, acciones contra el narcotráfico y cuidados ambientales. Metas todas muy conmovedoras y muy propias de unas fuerzas armadas que tienen millones de muertos en su haber.

Como ya apuntamos en esta columna, voces periodísticas e inclusive militares brasileñas señalaron que enseñar a tropas extranjeras a combatir “en territorio nacional”, debería considerarse “alta traición”. Sin embargo, el Ministerio de Defensa de Brasil interpreta la presencia de militares estadounidenses en su espacio soberano como una oportunidad para confraternizar entre los dos ejércitos.

En los hechos, un contingente considerable de efectivos norteamericanos tendrá la oportunidad largamente acariciada por el Pentágono, de ingresar a espacios selváticos considerados claves. El antecedente húngaro no es alentador, si todavía la soberanía es un valor para los gobiernos de la región: aquella base en primera instancia “temporal” se convirtió en permanente. Hasta el momento, las autoridades brasileñas negaron esa posibilidad.

El interés de Estados Unidos en la cuenca del Amazonas reconoce larga data. Llaman la atención las actuales invocaciones a cierto altruismo, el cuidado de la naturaleza e inclusive, la lucha contra el narcotráfico, cuando sabemos que desde 2001 a la actualidad, donde hubo intervenciones militares estadounidenses quedaron regueros de sangre. Échese una mirada por el mapa de Medio Oriente, nomás.

Históricamente, detrás de toda acción militar norteamericana siempre estuvo la finalidad de apoderarse de recursos para alimentar a su voraz economía. En el caso de América Latina, la abundancia de bienes comunes otorga sentido a la presencia norteamericana. Según el Banco Mundial, la región desarrolla un rol global en la problemática del cambio climático porque posee “las reservas de agua dulce más grandes del mundo”.

Entre los 10 países que cuentan con mayores reservas a escala mundial se encuentran Brasil (1ro.), Colombia (6to.) y Perú (8vo.), justamente tres de los involucrados en la Operación “América Unida”. Hace rato sabemos que según el Departamento de Defensa de Estados Unidos, el cambio climático y la escasez de agua se interpretan como amenazas para la seguridad del país y como motivos para futuros conflictos.

El informe que arribó a esas concusiones data de 13 años atrás. Está claro entonces, el interés que tiene el Pentágono en contar con una base a las orillas del Amazonas. Sin embargo, la búsqueda estadounidense no radica solamente en el agua: en la región se encuentra el 95 por ciento de las reservas mundiales de niobio, una material que se considera fundamental para el acero que utilizan las naves espaciales y los misiles intercontinentales.

También están allí el 96 por ciento de las reservas de titanio y tungsteno, que se utilizan en la industria aeronáutica, espacial y militar. Por otro lado, hace rato se sabe que la Amazonía cobija grandes reservas de petróleo, gas, uranio, oro y diamantes. De ahí que sea lícito interpretar al inminente ejercicio bélico como el inicio de una tendencia creciente hacia la militarización de la región.

La actualización de las acciones militares con presencia estadounidense evidencia un resurgimiento del intervencionismo, que se había moderado durante el reciente ciclo de gobiernos “progresistas”. Si bien es difícil acceder a información oficial, se conoce la existencia de 75 bases estadounidenses en América Latina y el Caribe. En Sudamérica, los países que más cuentan con tan incómodos inquilinos son Colombia y Perú, con nueve y ocho bases respectivamente.

En la Argentina, el presidente que salió fortalecido el último domingo, anunció en su oportunidad que el país permitirá la instalación de bases con presencia permanente de norteamericanos en la Triple Frontera con Paraguay y Brasil y en Tierra del Fuego. Insistimos: una mirada de largo plazo permitirá concluir que nunca la llegada de tropas norteamericanas resultó beneficiosa para el país anfitrión. ¿Por qué iría a ser distinto?

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