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Resulta que el de la calle era intercultural

Puede considerarse a Clemente Onelli como una suerte de pionero de conceptos que se acuñaron casi un siglo después de su trayectoria vital. El prócer regional que le da su nombre a la arteria más popular de Bariloche y fuera director del Zoológico de Buenos Aires, lamentaba que por su sangre no corriera sangre indígena y afirmaba que la suerte de los pueblos originarios había sido lamentable bajo la “civilización cristiana”.

El naturalista (Roma 1864), brindó una conferencia de curiosa denominación en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires: “Psicología estética de los indígenas sudamericanos” que afortunadamente, fue publicada en la revista de la casa de altos estudios (tomo XLIII) en 1919. Su charla giró en torno a la existencia de manifestaciones artísticas en los pueblos que habitan el actual territorio argentino.

Onelli viajó en repetidas oportunidades por la Patagonia, pero también era profundo conocedor de otras latitudes. Por ejemplo, exclamaba: “¡Pobre aymará! ¿Qué ha quedado de tu arte bajo la civilización cristiana? Desde el día del Conquistador hasta estos tiempos de la ciencia que investiga y de la democracia que triunfa, ¿qué opinión se tiene de ti?” Al menos en su discurso, no participaba del dogma euro-céntrico que imperaba en aquellos años.

“Quizás tú conoces todavía el significado de las hieráticas esculturas, que el sabio trata de silabear, y que tú no puedes revelar por el evangelio secreto, instalado desde el seno materno por tantos siglos de desconocimientos, de persecuciones y de desprecio de la raza que se cree a ti superior. Ellos, los blancos, te han sumido en la mayor ignorancia, pero tu ignorancia no es sin embargo tan profunda, y tú la demuestras porque el precepto que te viene de generación en generación…”, consideraba, entre otros conceptos.

Su postura es más propia de los tiempos que corren, si se tienen en cuenta las políticas culturales de principios del siglo XX. Para el explorador había continuidades entre los pueblos del actual Norte argentino y los del Sur. “¿No hay ninguno de ustedes que se haya alarmado ante mi afirmación que la greca aymará e incaica llega hasta el estrecho de Magallanes entre razas primitivas de araucanos y tehuelches? Yo no puedo afirmarlo; pero la línea llamada greca no paréceme a mí un dibujo espontáneo que pueda aparecer a la fantasía de un primitivo, como la raya, dos líneas cruzadas o paralelas, un mal círculo que son también los primeros garabatos que hace un niño a los cuatro años; y además para sostener mi idea pienso: ese meandro puede haber llegado -desde el Norte hasta el estrecho del Sur- como han llegado palabras del lenguaje quechua: el Sol, el Inti de los incas, se llama en araucano Anti, y Quilla, la Luna incaica se dice Quillen”, ilustraba.

Para el tema que daba nombre a la conferencia, Onelli apuntó que “un rasgo curioso de estética visual la tienen o la tenían los indios pampas, tan afines a los araucanos, pero mientras los araucanos, sobre todo del lado de Chile, en sus tejidos admiten el rojo y el amarillo, el pampa con el blanco y con el negro -colores tan fúnebres para nosotros- hacían tejidos bien alegres también para nuestra vista. ¿Quién no conoce el clásico poncho pampa donde el fondo negro se alegra por los vibrantes movimientos en blanco de la característica greca pampa?”

A la hora de reflexionar sobre las danzas, explicaba que “sus bailes se mantienen unisexuales y de hombres, y aun cuando el indio que baila no es estético, en el sentido de ellos buscan quizás este sentimiento; de otra manera no se explicaría, porque el indígena del Sur, araucano y tehuelche, que viste a la usanza de nuestros campesinos o a su manera, para bailar se desnuda, cubriendo tan solo la cintura y la cabeza con unas cuantas plumas; los más hábiles son aquellos que en los violentos movimientos de las piernas y en la postura del Discóbolo griego, hacen mejor resaltar la agilidad y la turgencia de sus musculaturas a veces miguelangiolesca; por lo tanto el sentido estético de la danza indígena lo conceptúo superior al de la danza moderna”.

Para finalizar su extensa charla, Onelli proclamaba ante un auditorio seguro estupefacto: “Yo no sé si todo lo que he dicho los ha persuadido sobre un estado psicológico del indígena sudamericano, estado que puede hacerle apreciar y revelar un sentido estético de cosas pero, créanme: yo desearía que corriera por mis venas por lo menos una gota de esa sangre ancestral para poder decirles con mayor autoridad que los indígenas, bajo su tosca corteza, han sido y son artistas en el alma”. Murió un día como hoy, de 1924.

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