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Sensibilizar contra el cáncer de mama

En octubre transcurre el Mes de Sensibilización sobre el Cáncer de Mama, iniciativa de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que encuentra réplica en la Argentina. La tarea de generar conciencia contribuye a aumentar la atención y el apoyo a la detección precoz, el tratamiento y los cuidados paliativos. En particular, hoy se conmemora el Día Mundial de Lucha contra el Cáncer de Mama, a partir del cual se extendió el calendario.

Los datos justifican la tarea porque cada año se producen 1,38 millones de nuevos casos y 458 mil muertes por cáncer de mama, que es de lejos, el más frecuente en las mujeres, tanto en los países enriquecidos del Norte global como en los países que están eternamente en vías de desarrollo. En los países de ingresos bajos y medios, su incidencia aumentó constantemente en los últimos años, paradójicamente, a raíz del incremento de la esperanza de vida y de la urbanización.

También incide la adopción de modos de vida occidentales. El cáncer de mama es el más común entre las mujeres en todo el mundo, porque representa el 16 por ciento. Aunque se considera a la variedad como una enfermedad del mundo desarrollado, la mayoría (69 por ciento) de las defunciones se registra en los países en desarrollo. La incidencia varía mucho según la región del mundo que se trate, con tasas muy altas en América del Norte.

En tanto, Europa oriental, América del Sur, África austral y Asia occidental presentan incidencias moderadas, pero en aumento. La incidencia más baja se da en la mayoría de los países africanos, pero también en ellos se observa un incremento. Las tasas de supervivencia del cáncer mamario también varían mucho, desde el 80 por ciento o más en América del Norte, Suecia y Japón, pasando por un 60 por ciento aproximadamente en los países de ingresos medios, hasta cifras inferiores al 40 por ciento en los países de ingresos bajos.

Las bajas tasas de supervivencia que se observan en los países poco desarrollados pueden explicarse por la falta de programas de detección precoz, que hace que un alto porcentaje de mujeres acudan al médico con la enfermedad ya muy avanzada, pero también por la falta de servicios adecuados de diagnóstico y tratamiento. Por su parte, admite la OMS que los conocimientos actuales sobre las causas del cáncer de mama son insuficientes.

Precisamente, por esas carencias la detección precoz es aún la piedra angular de la lucha contra la enfermedad. Cuando se detecta precozmente, se establece un diagnóstico adecuado y se dispone de tratamiento, las posibilidades de curación son elevadas. En cambio, cuando se detecta de forma tardía, es poco usual que se pueda ofrecer un tratamiento curativo. En estos casos son necesarios cuidados paliativos.

No muy llamativamente, la mayoría de las muertes (269 mil) se producen en los países de ingresos bajos y medios, donde la mayoría de las mujeres con cáncer de mama se diagnostican en estadios avanzados a raíz de la falta de sensibilización sobre la detección precoz y las dificultades para acceder a los servicios de salud. La situación que afecta a miles de mujeres en entornos con escasos recursos es dramática, pero se puede cambiar.

La OMS fomenta los programas integrales de lucha contra el cáncer de mama como parte de los planes de lucha contra el cáncer. Las estrategias que se recomiendan para la detección precoz en los países de ingresos bajos y medios son el conocimiento de los signos y síntomas iniciales y la demostración de cómo se realiza la autoexploración de la mama. En efecto, los programas de detección mamográfica son muy caros y sólo resultan viables en países con una buena infraestructura.

Se conocen bien varios factores de riesgo que inciden en el cáncer de mama. Sin embargo, en la mayoría de las mujeres afectadas no es posible identificar factores específicos. Los investigadores sostienen que los antecedentes familiares multiplican el riesgo por dos o tres. Algunas mutaciones, sobre todo en cierto tipo de genes, se asocian a un riesgo muy elevado en este tipo de cáncer. Sin embargo, esas mutaciones son raras y explican sólo una pequeña parte de la carga total.

Los factores reproductivos que se asocian a una exposición prolongada a estrógenos endógenos, como una menarquia (aparición de la primera menstruación) precoz, una menopausia tardía y una edad madura en ocasión del primer parto, figuran entre los factores de riesgo más importantes.

Las usuarias de anticonceptivos orales y de tratamientos de sustitución hormonal tienen más riesgo que las mujeres que no usan esos productos. Como contrapartida, la lactancia materna tiene un efecto protector. Como corolario, digamos que contar con la información pertinente se convierte en una gran ayuda.

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