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Recobró sentido exigir el desarme nuclear

Cuando en 1989 se desmembró la ex URSS, la opinión pública internacional supuso que la posibilidad de un enfrentamiento nuclear se disipaba para siempre. Hay que recordar que sobre todo en Europa, se convivió con ese temor durante casi cuatro décadas, mientras se agudizaba el conflicto entre Moscú y Washington al finalizar la Segunda Guerra Mundial. A partir de la caída del Muro de Berlín, parecía que exigir el desarme nuclear perdía sentido.

Casi 30 años después, aquel fantasma amenaza con adquirir cuerpo de manera dramática. Los periódicos ensayos y lanzamientos norcoreanos, junto con las respuestas verbales y fácticas estadounidenses, permiten concluir que nunca se estuvo tan cerca de una conflagración nuclear como ahora, desde que se agotara el período de la Guerra Fría. Lamentablemente, demandar desarmes nucleares volvió a cobrar sentido.

El último sábado, bombarderos y cazas estadounidenses volaron cerca de las costas de Corea del Norte para demostrar que Washington dispone de “opciones militares” ante cualquier intimidación de su rival. Precisamente, el encargado norcoreano de las relaciones internacionales sostuvo en la Asamblea de la ONU que un ataque contra Estados Unidos es “inevitable”, a raíz de las persistentes amenazas de la Casa Blanca.

Entonces, el 26 de septiembre adquiere nuevamente relevancia como conmemoración. En efecto, mañana se celebrará el Día Internacional para la Eliminación Total de las Armas Nucleares, efeméride que recobra inquieta actualidad. De hecho, avanzar hacia el desarme nuclear a nivel mundial es uno de los objetivos más antiguos de las Naciones Unidas: la primera resolución que aprobara la Asamblea General en 1946, tenía que ver con la temática, cuando todavía estaban muy frescos los recuerdos de Hiroshima y Nagasaki.

Por parte de las grandes potencias, suscribir aquella moción resultó sumamente hipócrita, porque estaban lanzadas en la carrera nuclear más vertiginosa. Sin desfallecer, el plenario de la comunidad internacional incorporó la meta en su agenda de manera persistente a partir de 1959, junto con la búsqueda de un desarme general y completo.

La eliminación del potencial vendaval destructivo se erigió en una cuestión de primer orden en las conferencias que se consagraron al examen del Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares, a partir de 1975. En el primer período de sesiones extraordinario que se dedicó al desarme (1978), se otorgó una particular prioridad al desarme nuclear. El asunto siempre contó con el apoyo de todos los secretarios generales de la entidad.

Pero al parecer, estamos frente a una utopía de muy difícil consecución: en la actualidad existen unas 15 mil armas nucleares. Además, los países que cuentan con arsenales de esa índole, despliegan programas de modernización a largo plazo con su correspondiente dotación de fondos.

Llamará la atención saber que más de la mitad de la población del planeta vive en países que cuentan con armamento nuclear o que son miembros de alianzas nucleares.

Hasta 2016, si bien hubo importantes reducciones de armas nucleares en cuanto a su despliegue a contar desde el apogeo de la Guerra Fría, no se destruyó físicamente ni una sola, de conformidad con ningún tratado, bilateral o multilateral. Además, tampoco hay negociaciones en marcha sobre la cuestión. Como contrapartida, durante el año en curso pudimos advertir que la doctrina de la disuasión nuclear persiste como elemento de las políticas de seguridad de todas las potencias nucleares y de sus aliados.

El status permanece a pesar de la renovada preocupación mundial que existe ante las catastróficas consecuencias humanitarias que provocaría el uso de una sola arma atómica. Qué decir entonces, de una guerra nuclear de alcance regional o inclusive global… De ahí que recobre relevancia el 26 de septiembre como Día Internacional para la Eliminación Total de las Armas Nucleares. La jornada de mañana ofrece una ocasión para que la comunidad internacional reafirme su compromiso con el desarme nuclear a escala global como una prioridad.

La conmemoración viene bien como excusa para compartir información con la gente y con sus líderes sociales y políticos, ante los beneficios reales que implicaría la eliminación de los arsenales atómicos, si más allá de la faceta bélica se tuvieran en cuenta también los costos sociales y económicos que derivan de su perpetuación. Una vez más, hay que ponderar que estamos frente a uno de los desafíos más trascendentes que afronta la humanidad: paz y seguridad en un planeta sin armas nucleares.

A pesar de la demanda, el sábado pasado una portavoz estadounidense señaló que “el programa de armas de Corea del Norte es una amenaza grave para la región Asia-Pacífico y toda la comunidad internacional. Estamos preparados para usar toda la gama de capacidades militares para defender a Estados Unidos y nuestros aliados”. El vocablo “toda” incluye justamente, la capacidad nuclear estadounidense.

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