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La democracia siempre es una meta

Este viernes se conmemora el Día Internacional de la Democracia, con el ánimo de examinar el estado que ésta presenta a escala planetaria. En este sentido, hay que considerarla tanto un proceso como una meta, lejos del mero funcionamiento institucional que supo caracterizarla durante muchos años en la Argentina. Según la ONU, sólo con la plena participación y el apoyo de la comunidad internacional, los órganos nacionales de gobierno, la sociedad civil y los individuos puede el ideal de democracia constituirse en realidad para el disfrute de todos, en cada rincón.

La celebración de elecciones periódicas y genuinas a través del ejercicio del sufragio universal es elemento esencial de la democracia pero desde ya, no el único. Los valores de libertad y respeto por los derechos humanos son también sus componentes fundamentales y en ese sentido, persisten varios claroscuros en nuestro país. En forma simultánea, es la democracia la que proporciona el medio más lógico para la protección y la realización efectiva de los derechos humanos.

Los valores que mencionamos fueron incorporados en la Declaración Universal de Derechos Humanos y presentan un grado de mayor elaboración aún en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, texto que consagra una multitud de derechos políticos y libertades civiles cuya vigencia mejor ilustra a las democracias más significativas. Auténtica ironía desde una perspectiva argentina, el Pacto entró en vigencia el 23 de marzo de 1976…

Curiosamente, el primer artículo del entendimiento internacional refiere a un tema que es objeto de debate en la actualidad, sin que la mayoría de la gente entienda sus alcances. “Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación. En virtud de este derecho establecen libremente su condición política y proveen asimismo a su desarrollo económico, social y cultural”. Su implementación es aún un desafío para el Estado argentino en relación a los 36 pueblos preexistentes que habitan su jurisdicción.

El tema que eligió para la edición 2017 la entidad internacional es “Democracia y prevención de conflictos”, concepto que hace centro en la necesidad de reforzar las instituciones democráticas para promover la paz y la estabilidad. Según el criterio de la ONU, el apuntalamiento de sociedades resilientes exige un enfoque más integrador para lograr gobiernos democráticos efectivos e inclusivos que respeten los derechos humanos y el imperio de la ley.

Recordemos que el concepto de resiliencia refiere a la capacidad de las comunidades de absorber perturbaciones sin alterar significativamente sus características de estructura y funcionalidad. Sobre todo, se caracteriza por la posibilidad concreta de regresar al estado original, una vez que la perturbación cesara. En términos políticos, sociedades resilientes son aquellas capaces de dirimir sus disputas a través de la mediación, el diálogo y un grado razonable de legitimidad en sus instituciones.

Nadie se ofenderá si afirmamos que la sociedad argentina debería interpelarse a sí misma respecto del concepto de resiliencia, a la luz de los acontecimientos que tienen lugar hace unos ocho meses, período en el cual la violencia apareció en demasiadas oportunidades como manera de dirimir discrepancias políticas. Una vez más, el rol de las fuerzas de seguridad y su siempre pendiente democratización están en el centro de la escena.

Ocurre que desarrollar infraestructuras y mecanismos para la prevención de conflictos provee de herramientas para resolver las injusticias y mantener la paz. En términos internacionales y nacionales, procesos tales como los acuerdos de paz, las elecciones y las reformas constitucionales, pueden ayudar a mantener un equilibrio entre intereses contrapuestos, así como avanzar hacia una reducción de la fragilidad y la violencia.

Según la ONU, un liderazgo fuerte que apoye la democracia, mejore la sociedad, empodere a las mujeres y mantenga el Estado de derecho, son condiciones que preservan la estabilidad y la paz. Existen lazos indivisibles entre las sociedades pacíficas y las instituciones eficaces, responsables e inclusivas. Mencionemos además que la Agenda 2030 para el Desarrollo incluye la democracia en su objetivo número 16.

El secretario general de la ONU entendió que “el Día Internacional de la Democracia es una oportunidad para renovar nuestro compromiso con un mundo definido por los valores consagrados en la Carta de las Naciones Unidas: paz, justicia, respeto, derechos humanos, tolerancia y solidaridad. Sin embargo, en muchas sociedades alrededor del mundo ha sobrevenido una crisis de confianza”.

Con razón, advirtió António Guterres que “la globalización y el progreso tecnológico han sacado a muchos de la pobreza, pero también han contribuido a la desigualdad y la inestabilidad. Hay una disparidad creciente y cada vez más profunda entre las personas, así como entre las personas y las instituciones políticas establecidas para que las representen. El miedo rige demasiadas decisiones, lo cual supone un peligro para la democracia”. Hay que disipar esos peligros.

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