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Producción de hidrocarburos no encuentra piso en su caída

Para los grandes medios de comunicación, la noticia del ámbito energético en los últimos días fue la renuncia del ejecutivo que estaba al frente de YPF SA. Pero si la mirada se extendiera más allá del corto plazo, veremos que la petrolera supuestamente de bandera atraviesa una crisis que en realidad no es su patrimonio exclusivo. En rigor, no hace falta ser especialista para advertir que el sector de los hidrocarburos en su conjunto sufre problemas de importancia.

Con la mirada sesgada que es su característica, los partidarios del gobierno anterior sostienen que la debacle arrancó en diciembre de 2015, cuando en verdad el país perdió el autoabastecimiento durante sus gestiones. En la actualidad, es cierto que los números de YPF SA –insistimos con la razón social porque fue falaz su re-estatización- son especialmente pavorosos, pero no se diferencian en mucho de la marcha general del sector.

La producción de petróleo crudo venía en baja desde 1998, como resultado del modelo privatista que instaló el eterno senador por La Rioja durante su década presidencial. La tendencia declinante se desaceleró cuando el Estado decidió adquirir la mayoría accionaria de YPF SA pero, recién en 2015, se revirtió la tendencia. Quiere decir que, durante el último año de su gobierno, la administración K de la empresa logró superar la producción del año inmediatamente precedente.

Si aquel fue el magro resultado de los “nacionales y populares”, qué podía esperarse en el retorno del neoliberalismo: en 2016, la producción de YPF SA cayó 3,8 por ciento contra la que se había logrado un año antes. En el primer semestre del año en curso, la caída se agudizó y continuó: 8 por ciento. Contra el mismo período de 2015, la retracción está en el orden del 10,7 por ciento.

En las jurisdicciones provinciales, la merma se distribuye de diversas maneras aunque siempre en términos de castigo. La primera productora del país es Chubut, cuya caída, en el primer semestre del año en curso, fue de 10,4 por ciento contra el mismo período de 2016. Si el parámetro fuera idéntico lapso de 2015, la disminución sería del 14,3 por ciento. En Neuquén, sucede otro tanto.

En la segunda productora de la Argentina, la declinación no detiene su marcha: 2,8 por ciento entre 2016 y 2015 y 5,8 por ciento en el primer semestre de 2017. Contra la primera mitad de 2015, la baja se ubicó en el 8,4 por ciento. Los especialistas también suelen considerar los datos por cuenca: en ese sentido, hay que retener que, de la Neuquina y del Golfo San Jorge, proviene el 90 por ciento del crudo que se extrae en la Argentina.

La primera no se extiende solamente por la vecina provincia, sino también por Mendoza, Río Negro (norte y noroeste) y La Pampa. Aquí, la producción, entre 2016 y 2015, había caído 2 por ciento. En tanto, en la más sureña, la baja fue del 5 por ciento. En los dos casos, se acusa empeoramiento. Más allá de los prismas partidarios con que se pueda mirar la realidad, entre el último año K y el primer semestre de 2017, en la Cuenca Neuquina, la producción bajó 8 por ciento y, en el Golfo San Jorge, 13 por ciento, con las correspondientes consecuencias en los respectivos erarios provinciales.

Ambas performances son las más bajas desde 2012 y, según destacan los informes, la situación no es muy distinta en el gas natural, aunque las caídas no revisten tanto dramatismo. En este caso, la producción acusó una merma del 0,9 por ciento durante el primer semestre del año en curso contra el mismo período de 2016. En la actualidad, la tendencia continúa a pesar de las estratosféricas recomposiciones tarifarias que impulsó el Poder Ejecutivo.

En efecto, desde 2013 que no se registraban números tan desalentadores. En este caso, es Neuquén la primera productora de gas del país, con aproximadamente la mitad de la producción nacional. A pesar del considerable desbarajuste, en el gobierno nacional, nadie parece acusar recibo de la gravedad de la situación. Cabe recordar que, al renunciar en abril último, un alto funcionario del Ministerio de Energía acusó sin mencionar al titular del área por las “graves” disminuciones de la producción en Santa Cruz, Chubut y Salta.

Curiosamente, hasta el momento, nadie reemplazó a José Luis Sureda al frente de la Secretaría de Recursos Hidrocarburíferos, omisión que puede interpretarse de dos maneras: Juan José Aranguren no quiere voces disidentes en su cartera o bien, para la gestión de Cambiemos la cuestión de los hidrocarburos no es prioridad. Que, en este contexto, se aleje el director ejecutivo de YPF es casi una anécdota, salvo que se vaya a modificar de manera sustancial la política energética en su conjunto.

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