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Patriota y economista no tiene por qué ser una contradicción

En septiembre de 1802, ganó la calle el “Semanario de la Agricultura, Industria y Comercio”, publicación pionera del periodismo económico en el Río de la Plata. Como acostumbramos a decir en ocasión del 7 de junio, la célebre Gaceta de Buenos Aires tuvo varios antecedentes, entre ellos, la publicación en cuestión, que se imprimió hasta el 11 de febrero de 1807, cuando los ingleses ocuparon Montevideo.


Son tres las publicaciones que los periodistas que se especializan en economía tienen como inaugurales. La primera se llamó “Telégrafo Mercantil, Rural, Político-Económico e Historiógrafo del Río de la Plata”. En su marco, apareció el “Manifiesto de la Metalurgia, Caza, Pesca, Agricultura y Ganadería del Río de la Plata”, de autor anónimo. Se dio a conocer en 1802 y se considera al texto como una suerte de continuador de “Representación de los Labradores” (1793) y del “Memorial de los Hacendados” (1794).

Apenas más tarde, se difundió el semanario al que hacíamos referencia. Con la formulación de su título, se anticipaba seguidor de la teoría de Adam Smith, para quien ese es el orden en que espontáneamente se invierten los capitales: agricultura, industria y comercio. Su fundador fue Juan Hipólito Vieytes que, además de ser una suerte de coleccionista de ediciones de la “Riqueza de las Naciones”, también escribió sobre la escasez de capitales en la agricultura y pronosticó que el Río de La Plata sería eminentemente agrícola. No se equivocó.

Vieytes aprovechó sus páginas para dar a conocer un resumen de la “Riqueza de las Naciones”, que abarcó varios números. Había llegado al mundo en San Antonio de Areco, provincia de Buenos Aires. Por eso, para la localidad es una suerte de prócer. Había estudiado filosofía y derecho en el Colegio de San Carlos y, más tarde, se convirtió en periodista, economista, partícipe de la Revolución y funcionario de la independencia.

Como buena parte de sus contemporáneos, luchó contra los ingleses como capitán de la milicia. En realidad, la difusión de las ideas de libre comercio que propugnaron los invasores reforzaron las que venían pregonando Vieytes y Belgrano, entre otros. Después de la derrota de los británicos, estableció una fábrica de jabón en Buenos Aires, en sociedad con Nicolás Rodríguez Peña. Fue miembro activo de la sociedad patriótica secreta que se reunía a menudo en esas célebres instalaciones.

Con otros integrantes de este grupo, pensaba en utilizar a Carlota Joaquina para lograr la autonomía del Río de la Plata. Tomó parte del cabildo abierto del 22 de mayo de 1810 y votó con entusiasmo a favor de la deposición del virrey Cisneros. No terminó allí su compromiso con la Revolución, ya que formó parte del primer ejército patrio, que comandó Ortiz de Ocampo.

Vieytes marchó al Alto Perú como auditor de guerra y representante de la Junta. Cuando intentó persuadir al gobierno para que revocara sus órdenes de ejecutar a los conspiradores en Córdoba, fue reemplazado por Juan José Castelli, quien ordenó esa ejecución de inmediato. Regresó a Buenos Aires y fue nombrado secretario de la Primera Junta para cubrir el lugar que había dejado vacante Mariano Moreno.

Abandonó el poder después de las jornadas del 5 y 6 de abril de 1811 y resultó recluido en Luján. Cuando asumió el Primer Triunvirato en septiembre de ese año, pudo retornar a Buenos Aires y fue uno de los jueces que se designó para juzgar a Martín de Álzaga y otros líderes de la conspiración de julio de 1812. También fue miembro del Tribunal de Apelaciones y, junto con Juan Larrea, redactó el reglamento policial.

Más tarde, fue víctima de la crisis política que resultó de la destitución de Alvear en 1815 y fue desterrado. De todas maneras, Álvarez Thomas suspendió la sentencia porque estaba delicado de salud. Sin embargo, Vieytes murió en San Fernando a los pocos meses. Había compartido la pasión por el periodismo económico con Belgrano. Todavía, en la actualidad, se discute la autoría de varios de los artículos que se le atribuyen al creador de la bandera.

No deja de llamar la atención la vocación integral de aquellos hombres, que se formaban en determinadas materias, pero ante los requerimientos de la época tuvieron que convertirse en columnistas, revolucionarios, funcionarios, militares y estadistas. Bajo ese signo, que hoy llamaríamos interdisciplinario, fue que nacieron las Provincias Unidas del Sud, antecesoras de la República Argentina.

Vieytes dijo presente con sus incursiones en el periodismo económico, pero también con sus participaciones políticas, institucionales e, incluso, militares. Vino al mundo un día en el lejano 1762. En su trayectoria, acuñó cuatro cualidades que cuesta encontrar que marchen juntas en la Argentina del siglo XXI: patriota, revolucionario, economista y periodista. Que inspire a nuestros contemporáneos.

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