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La población civil no es el objetivo

Mañana (19 de agosto) se celebrará el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria. Con su establecimiento, la ONU procura rendir tributo a los trabajadores que arriesgan sus vidas al llevar ayuda humanitaria a otros y al mismo tiempo, apoyar a las personas que sufren por las crisis que tienen lugar en diversos puntos del planeta. Para su edición 2017, el “tema” parecería obvio: “La población civil no es objetivo”.

Claro que no está de más desempolvar ese criterio, que se terminó de perder durante la Segunda Guerra Mundial. La opinión pública deberá recordar que después de la Batalla de Londres –una serie de bombardeos sobre la capital británica que emprendió la fuerza aérea alemana-, los aliados se cobraron con creces la deuda y en las últimas fases de la contienda, arrasaron ciudades como Dresde, cuando a esa altura del conflicto, no tenía ninguna trascendencia estratégica.

La locura destructiva contra la población civil alcanzó el punto culminante seis meses más tarde en Japón, cuando la fuerza aérea estadounidense se cobró la vida de centenares de miles de japoneses no combatientes, al inaugurar la utilización de armamento nuclear contra Hiroshima y Nagasaki, aniversarios que se cumplieron hace muy poco. Lamentablemente, se instituyó la costumbre de bombardear a la gente que no combate, práctica que continúa vigente hasta hoy.

En efecto, en 2017 la ONU observa que los conflictos se cobran la vida de muchas personas en diversas regiones del planeta. Los civiles quedan atrapados en guerras en cuya gestación no fueron responsables y por millones, se tienen que esconder o huir para poder estirar su supervivencia. El drama es muy concreto: los niños dejan la escuela, las familias abandonan sus hogares y las sociedades se despedazan. Ante tales catástrofes, la “comunidad internacional” no tiene posibilidades de detener el sufrimiento, porque no es extraño que las grandes potencias tengan participación directa o indirecta en tales masacres.

Es en ese contexto desfavorable que los trabajadores sanitarios y humanitarios ponen sus vidas en peligro para atender a las víctimas de la violencia. Como agravante, se detectó en los últimos tiempos que se convierten cada vez más en objetivo de los ataques de los diversos contendientes. Entonces, al celebrar el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, las organizaciones que la ponen en práctica se congregan para reiterar una vez más que la población civil que queda atrapada en un conflicto no debe ser objetivo de ataques.

Desde la ONU y otros ámbitos, se impulsa una campaña mundial en línea que incluye una colaboración especial con Facebook. Asimismo, en la jornada de mañana se celebrarán actos en varios puntos del planeta, para clamar por la defensa de los más vulnerables en las zonas en guerra. De manera colectiva, se pide a los líderes mundiales “que hagan todo lo posible para proteger a los civiles”.

En las últimas horas, la escalada verbal entre Corea del Norte y Estados Unidos perdió tensión, al informar el régimen asiático que reconsideraba sus planes de atacar con proyectiles de cabeza nuclear la isla de Guam. El anuncio fue bien recibido por Washington, que también moderó su verborragia y a través de sus portavoces, hizo saber que espera dialogar con el líder norcoreano. Quiere decir que el clamor que eleva el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria no tiene que ver con abstracciones.

El Informe del secretario general sobre la Protección de Civiles 2016 trazó un camino para arribar a esos objetivos, a través del respeto al derecho internacional humanitario y a los derechos humanos, así como la protección de los civiles, incluidos los trabajadores humanitarios y sanitarios. En el texto también se destaca la necesidad de preservar la infraestructura que tienen que ver con los servicios básicos.

En el texto en cuestión asevera que los conflictos armados desgarran grandes extensiones del mundo y un número sin precedentes de personas necesitan asistencia humanitaria y protección. Un 97 por ciento de la asistencia humanitaria se destina a situaciones de emergencia complejas, la mayoría de ellas en conflictos armados. A nivel mundial, más de 65 millones de personas fueron desplazadas por un conflicto, la violencia o la persecución.

El informe destaca aspectos que en general, no encuentran reflejo en los grandes medios de comunicación: más de 20 millones de personas, entre ellas 1,4 millones de niños, están al borde de la hambruna en Nigeria, Somalia, Sudán del Sur y el Yemen. Al mismo tiempo, en la “comunidad internacional” existe un creciente sentimiento de fatiga e incluso de resignación, al abordar el sufrimiento de los civiles en los conflictos. Si ese sentimiento de resignación prosperara, estaríamos frente al peor de los escenarios.

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