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¿Las últimas PASO?

Entre otras características, Change.org funciona como plataforma que canaliza peticiones de carácter cívico, social o reivindicativo. Sus más entusiastas defensores suponen que es una herramienta de presión social que al gozar de la confianza de organizaciones como Amnistía Internacional, disfruta de eficacia. Desde ya, tiene alguna significación para aquellos que están familiarizados con el uso de las nuevas tecnologías, que aún son minoría a escala global.


Precisamente, los sucesos que tienen lugar en las redes sociales o en instrumentos como Change.org son relevantes para el actual gobierno. En ocasiones, más aún que los hechos que tienen existencia concreta y real en las calles, en las fábricas o en los supermercados. Por eso, no deberíamos asombrarnos si las PASO que se celebrarán a fines de la otra semana, fueran las últimas.

Un petitorio que se hizo público a través de la plataforma que mencionamos, sumó decenas de miles de firmas demasiado rápido desde que se hizo público. El fundamento de la solicitud es impecable: si las PASO demandarán una erogación de 2.800 millones de pesos cuando la abrumadora mayoría de los partidos y alianzas ya definieron sus candidaturas, ¿qué sentido tendrán?

El pedido lleva como título “Derogar las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO)” y se dirige al presidente y al Congreso. El texto que sirve como fundamento cuestiona desde el más común de los sentidos la vigencia de ese aspecto de la Ley de Democratización de la Representación Política, la Transparencia y la Equidad Electoral, rimbombante denominación que asumió la reforma que en su momento, impulsara Cristina de Kirchner cuando fuera presidenta.

Como todo el mundo sabe, la actual candidata por Unión Ciudadana fue la primera en boicotear con su actitud, el espíritu de la norma. Está cerca en el tiempo el contrapunto que mantuvo con su ex ministro del Interior como para que haga falta recordarlo. Además, hay tantos sellos partidarios disponibles que rápidamente se sorteó el trámite en términos formales: no habrá PASO ni en el espacio político que las instituyó, al menos en el distrito clave de provincia de Buenos Aires.

El autor de la petición razonó que “hay muchos partidos que presentan un único candidato y pueden pelear directamente en las elecciones generales de octubre. El objetivo oscuro que tienen las PASO es censar en forma indirecta cuál es el candidato o los candidatos que pueden sacar más votos”. La solicitud contempla que “no es razonable gastar esta multimillonaria cifra de las arcas públicas, y más aún cuando el gasto continúa siendo gigantesco”.

Más allá de las razones del impulsor de la inquietud -aparentemente, controlar el gasto público- en general se coincide en caracterizar a las PASO como una gran encuesta de alcance nacional cuyos resultados serían científicamente más ajustados que los que se publican casi a diario. La mecánica es objeto de críticas en las palabras y en los hechos, tanto por quienes las cuestionaron durante su debate como por sus mentores.

Si tienen sentido en algún sitio es allí donde se concentra el 40 por ciento del padrón electoral nacional pero a semana y media de las votaciones, en general se coincide en apuntar un estado de cierta apatía. Como puede advertirse, los discursos de los principales candidatos no ofrecen novedad alguna y la disputa por los escándalos de corrupción sólo interesa a los que ya habían votado contra el kirchnerismo dos años atrás.

En ese sentido, los esfuerzos del oficialismo durante la semana que pasó tuvieron que ver con la pólvora y los chimangos, no sólo por su contenido profundamente hipócrita… Los seguidores de un gobierno cuyo presidente usufructúa activamente los “paraísos fiscales” y procura licuar deudas familiares con el Estado, hilvanaron encendidos discursos contra la corrupción del período anterior, al centrarse en la figura del actual diputado que querían desaforar.

El acompañamiento mediático que siguió al desaire final de Cambiemos no tuvo ningún sentido, porque incluso si hubiera resultado exitoso, no hubiera cambiado la opción electoral de nadie. Curioso fue que tantos segundos en radios y televisión y tanta tinta en diarios se consagraran al affaire De Vido y quedaran en segundo plano números favorables que desde la economía, quizá sirvieran para inclinar la balanza hacia la actual gestión. De cara a las PASO, las encuestas muestran a los candidatos de Cambiemos en provincia de Buenos Aires debajo de los que propone Unión Ciudadana o en un empate técnico.

Quizá sean las últimas “primarias” si la petición de Change.org saliera del ámbito de internet, pero el reclamo no debería plantearse desde la abulia coyuntural, sino desde la búsqueda de herramientas que inciten y profundicen la participación de los y las votantes. El objetivo de “más y mejor democracia” era y es válido, aunque ni sus impulsores lo creyeran.

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