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Para eliminar la hepatitis

Este viernes se conmemora el Día Mundial contra la Hepatitis, con el ánimo de impulsar iniciativas que apliquen la primera Estrategia Mundial del Sector de la Salud contra las hepatitis víricas. El plan comenzó a ponerse en práctica el año pasado y se extenderá hasta 2021. La intención es apoyar a los países que son miembros de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la consecución del objetivo final: la eliminación de la hepatitis.

Las actividades de sensibilización que se pondrán en juego hoy tienen como objetivo potenciar y aprovechar el compromiso político que se asumió globalmente después de refrendar de manera oficial la estrategia en cuestión, hecho que se logró en la Asamblea Mundial de la Salud de 2016. En esa línea, el propósito es que se den a conocer las respuestas nacionales a la hepatitis que se están empezando a utilizar en países con una carga elevada de la enfermedad.

Asimismo, con la conmemoración se quiere alentar la acción y la colaboración de personas, entidades asociadas a la OMS y público en general. En apoyo de la campaña “Eliminar la hepatitis”, la organización internacional dará a conocer nuevas informaciones sobre las respuestas que se dan en los 28 países con mayor carga de la enfermedad. Son apenas 11 en los que concentran casi el 50 por ciento de la carga mundial de hepatitis crónicas: Brasil, China, Egipto, India, Indonesia, Mongolia, Myanmar, Nigeria, Pakistán, Uganda y Vietnam.

Además, otros 17 países tienen una alta prevalencia de la enfermedad y junto con los anteriores, soportan el 70 por ciento de la carga mundial: Camboya, Camerún, Colombia, Etiopía, Filipinas, Georgia, Kirguistán, Marruecos, Nepal, Perú, Sierra Leona, Sudáfrica, Tailandia, Tanzania, Ucrania, Uzbekistán y Zimbabue.

Para comprender el cuadro de situación, hay que saber que las hepatitis víricas constituyen un problema de salud importante a nivel mundial y que en consecuencia, exigen una respuesta urgente. A finales de 2015 se contabilizaba que aproximadamente, 325 millones de personas sufrían hepatitis crónicas. En particular, las estimaciones para el mismo período indicaban que a escala global existían 257 millones de personas enfermas a raíz del virus de la hepatitis B (VHB) y otras 71 millones que sufrían infecciones por el virus de la hepatitis C (VHC).

El asunto se tornaba complejo porque muy pocas de las personas afectadas tuvieron acceso a pruebas y tratamiento, especialmente en los países de ingresos bajos y medianos. En efecto, a finales de 2015 tan sólo el 9 por ciento de los afectados por el VHB y el 20 por ciento de las personas infectadas por el VHC se habían sometido a pruebas y contaban con un diagnóstico. Siempre a fines de 2015, sólo el 8 por ciento de la gente que había sido diagnosticada con infección por el VHB, recibían el tratamiento pertinente, es decir, 1,7 millones de pacientes. En la otra variedad, la magnitud se limitaban al 7 por ciento: 1,1 millones de personas. Como contrapartida, las metas de alcance mundial para 2030 apuntan a que el 90 por ciento de las personas con infecciones por el VHB y el VHC se hayan sometido a las pruebas de detección y que el 80 por ciento de los pacientes hayan recibido tratamiento. Metas ambiciosas si se tienen en cuenta los puntos de partida.

Pero así deben ser porque en conjunto, las hepatitis víricas provocaron 1,34 millones de muertes en 2015, cifra comparable con los fallecimientos que obedecieron a la tuberculosis y superior a las que provocó el VIH. Además, las muertes por hepatitis van en aumento y se continúan registrando nuevas infecciones, sobre todo de hepatitis C. Dato alentador es que el número de menores de 5 años con infección crónica por el VHB se redujo al 1,3 por ciento en 2015, frente al 4,7 por ciento anterior a la introducción de las vacunas.

En ese sentido, se calcula que la vacuna contra la hepatitis B previene aproximadamente 4,5 millones de infecciones al año en niños. A pesar de esos logros parciales, en 2015 hubo 1,75 millones de nuevas infecciones por el VHC, principalmente a causa del consumo de drogas inyectables y a la administración de inyecciones poco seguras en los entornos sanitarios de determinados países.

A pesar de nuestras afirmaciones precedentes, para la OMS conseguir la eliminación de las hepatitis en 2030 no es un objetivo excesivamente ambicioso. La entidad se basa en los informes de los 28 países que presentan una elevada carga de la enfermedad, cuyos datos alientan el optimismo. Durante la jornada de hoy, la OMS tenía previsto publicar la evolución de la lucha contra la hepatitis con esta conclusión: se gana terreno pero persisten obstáculos. No hay que aflojar.

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