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Angustia la disminución de especies animales

Sin que puedan registrarse excepciones, miles de especies animales sufrieron bajas estrepitosas en su número de integrantes, según un informe reciente que difundió el New York Times. La disminución afecta tanto a las jirafas como a los orangutanes, entre otras poblaciones menos conocidas por el gran público. El fenómeno hace pensar en una irreversible extinción masiva, según los autores del estudio.


La investigación se publicó inicialmente en “Procedimientos de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos”, el jornal de la entidad. Califica a la disminución de las poblaciones animales de “epidemia global” y parte de “una sexta extinción masiva en curso”. En este caso, tiene que ver con la destrucción que genera la actividad económica humana de los hábitats donde residen las especies animales, cuando las cinco anteriores tuvieron que ver con fenómenos naturales.

El periódico neoyorquino resaltó el tono dramático del estudio y apuntó que Gerardo Ceballos, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México, reconoció esa intención deliberada, a diferencia del estilo estándar de las investigaciones académicas. Según el mexicano, “sería poco ético en estos momentos no usar este lenguaje para atraer la atención hacia este problema”.

Ceballos trabajó en conjunto con Paul Ehrlich y Rodolfo Dirzo, colegas suyos de la Universidad de Stanford. Si bien evitó reconocerse como alarmista, explicó que los datos que provienen de las observaciones respaldan sus aseveraciones, es decir, el declive en la población animal y la posible extinción masiva de especies. El terceto apuntó que otros científicos tendieron a subestimar ambos procesos.

Los investigadores sumaron que dos especies de vertebrados se extinguen por año, dato que según sus conclusiones “no genera suficiente preocupación pública”. Por nuestra parte, podemos afirmar que tales catástrofes no se difunden con la amplitud que merecen, de ahí la apatía generalizada. La circulación restringida de información al respecto hace pensar que la mayoría de las especies no sufre amenazas.

Los cálculos conservadores de la mayoría de los científicos arrojan que se extinguieron 200 especies en los últimos 100 años. La tasa “normal” de extinción que se registró durante los últimos dos millones de años arrojaba dos especies extintas por siglo, como consecuencia de la evolución y otros factores. En cambio, el estudio que traemos a colación detuvo más su mirada en la evolución de las poblaciones que en las extinciones, es decir, en la disminución de los individuos que componen determinada especie.

Desde esa óptica, la investigación encontró que la baja en las poblaciones es un fenómeno que se advierte a nivel global pero que impacta de manera distinta según las regiones. En las tropicales, donde se registra la mayor biodiversidad, la afectación fue mayor desde el punto de vista numérico. En cambio, en las regiones templadas, la disminución fue más significativa en términos relativos.

Los autores del estudio se detuvieron en las reducciones en un rango de especies por factores como la degradación de su hábitat, la contaminación y el cambio climático, entre otros. Con esa base, extrapolaron cuántas poblaciones se perdieron o están cerca de perderse, método que también usa la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. En consecuencia, establecieron que el 30 por ciento de los vertebrados terrestres –mamíferos, aves, reptiles y anfibios– presentaron declives y pérdidas en las poblaciones locales. En la mayoría del planeta, las poblaciones de mamíferos ya perdieron el 70 por ciento de sus integrantes por la desaparición de sus hábitats.

Hay contabilidades que son espeluznantes… En la Tierra, sólo quedan 7.000 guepardos, 5.000 orangutanes de Sumatra y Borneo, los leones africanos perdieron el 43 por ciento de su población y, en total, las cuatro especies de jirafas no suman más de 100.000 ejemplares. Otras voces científicas consideraron como “aceptable primer intento” el estudio que difundió la Academia de Ciencias estadounidense, a la hora de estimar el declive de las especies y las bajas en su población.

Se suele considerar que es difícil estimar la población de fauna, en parte, porque los científicos no siempre están de acuerdo en cómo se define una población. Aun así, se consideró al estudio como “muy importante y preocupante”. El texto “documenta que los problemas que tenemos respecto a la biodiversidad son más grandes de lo que se piensa”. Para uno de los autores del documento, “hay sólo una solución global y es reducir la escala de la actividad humana”.

Según Paul Ehrlich, “el crecimiento poblacional y el mayor consumo entre personas ricas está impulsando esto”. En este caso, creemos que el investigador se quedó corto. Es verdad que la desigualdad impacta en los hábitats, pero es la forma de entender la economía de la civilización que impera hace 200 años la que mata, mata y mata. Ojalá su llamado no caiga en saco roto.

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