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Darles una mano a quienes luchan contra los incendios forestales

Hoy se conmemora el Día Internacional del Combatiente de Incendios Forestales, especialidad que al menos en nuestra zona, se ve víctima de una paradoja importante: el 95 por ciento de los siniestros que se producen durante las temporadas de incendios, suelen tener origen intencional. La responsabilidad recae entonces sobre los vecinos de la ciudad que en general, reaccionan con indiferencia cuando se producen los focos, salvo que se desaten cerca de sus casas, claro...


En rigor, el porcentaje se mantiene estable hace varios años, permanencia que debería inducir la introducción de algún cambio. Los combatientes siempre se quejan porque en realidad, ellos no tienen jurisdicción para enfrentar el accionar delictivo de quienes ponen en peligro no sólo el medioambiente de Bariloche, sino también las moradas de los vecinos cercanos a los pastizales o arbustos.
Lejos estamos de considerarnos expertos en la materia como para sugerir medidas atendibles, digamos que simplemente pensamos en voz alta... Rara vez quienes generan incendios forestales tuvieron que afrontar consecuencias jurídicas por su accionar. ¿No será el momento entonces de pensar en un trabajo entre distintas jurisdicciones? Pero no sólo para apagar el fuego, sino también para perseguir al incendiario.
En general, en estas cuestiones la experiencia de los países más desarrollados suele servir para emular. Años atrás, hubo intercambios con Estados Unidos y Canadá para ver qué aspectos del combate contra incendios forestales que se practican allí se podían extrapolar a la Argentina. Quizá sea oportuno dirigir la capacitación en esa dirección sin descuidar las otras, para que en las próximas temporadas disminuya sensiblemente la proporción de incendios intencionales.
Ya que nos referimos a Norteamérica, recordemos que en diciembre de 1998 tuvo lugar un accidente en el marco de un gran incendio forestal en Canadá. En ese suceso perdieron la vida cinco combatientes que pertenecían a una brigada forestal. A ese hecho se sumaron luego otros incidentes trágicos que también tuvieron lugar en momentos de lucha contra los fuegos de bosques y campos. Esas pérdidas significaron el punto de partida para el comienzo de un movimiento que, paulatinamente, se extendió por diversos países.
Después de varios intercambios y debates, se adoptó al 4 de mayo como Día Internacional del Combatiente de Incendios Forestales. Se instituyó la conmemoración con varios fundamentos, entre ellos, expresar el apoyo de la sociedad en general a quienes combaten los fuegos de bosques y campos en todo el mundo. También, el propósito es poner de relieve su nivel de compromiso y dedicación, a la vez que recordar a quienes perdieron la vida o sufrieron daños en la tarea. Asimismo, el 4 de mayo se puede interpretar como una señal de respeto y agradecimiento hacia quienes tratan de preservar la integridad de patrimonios y recursos naturales, ante las amenazas de fuegos que no se desean.
En términos nacionales, el Día del Combatiente de Incendios Forestales se conmemoró por primera vez en 1999. Los memoriosos recordarán que tres años antes, el fuego se había llevado consigo centenares de miles de hectáreas, con aquel siniestro que arrancara en el Valle del Chalhuaco. La desesperación de los barilochenses fue proverbial, al observar la incompetencia que por entonces, caracterizaba a las autoridades nacionales en la materia. Felizmente, se tomó nota del desastre.En los últimos años, también fueron muy importantes las campañas de esclarecimiento que se acometieron sobre todo, desde Parques Nacionales. Así, los barilochenses aprendimos que los incendios forestales pueden tener origen en causas naturales pero también sabemos que la abrumadora mayoría, se desencadena por el accionar humano. A la fuerza, también supimos que una vez que se desencadenan, generan importantes efectos sanitarios, económicos y ambientales.En efecto, la desaparición de bosques y cubierta vegetal por incendios destruye los hábitat, acelera la erosión y multiplica la carga de sedimentos de los ríos. En términos generales, los grandes fuegos provocan que las inundaciones que se generan estacionalmente se agraven. Pero además, en los últimos años se comprendió también que la cantidad de dióxido de carbono que se desprende a raíz de los incendios contribuye a la emisión de gases de efecto invernadero. Más a la vista queda que el fuego afecta la capa fértil de los suelos. La consecuencia puede traducirse en la pérdida o disminución considerable de la capacidad de regeneración a corto y mediano plazo.En la zona de la estepa, los pastizales se componen con pastos secos como el coirón, matorrales bajos y semiesféricos. A su presencia hay que sumarle sauces en los cauces de los arroyos y arbustos espinosos que se desparraman por los campos. Las observaciones indican que tales pastos no se queman, como usualmente sucede en otros rincones del país. Los pastos de la estepa se queman a mucha temperatura y producen llamas considerables. Cuando el viento está en calma, se consumen lentamente, pero cuando sopla, las llamas son empujadas fácilmente y en consecuencia, el fuego avanza a una velocidad vertiginosa. Como bien sabemos, ni siquiera los caminos son capaces de detener su avance cuando sopla viento. Y en la Patagonia, ¿cuándo no sopla viento?Los incendios de bosques son todavía más complejos, según se incendien las copas o el sotobosque. Se considera que el primero es el más poderoso y se desarrolla cuando se registran vientos. Durante su estallido, todo el follaje del árbol arde al mismo tiempo en una gigantesca llamarada y como en el marco de un bosque un árbol no se quema solo, el efecto es abrumador. En el segundo caso, los árboles se queman con lentitud y las llamas consumen las plantas del sotobosque. Hasta la raíz se puede incendiar. De ahí que se torne imperioso ayudar a los combatientes y adoptar hábitos responsables que tienden a erradicar el origen humano de los incendios forestales.

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