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Alfabetizar climáticamente

Con la consigna “Alfabetización medioambiental y climática”, la comunidad internacional se apresta a conmemorar el Día Internacional de la Madre Tierra, cuya celebración tiene lugar cada 22 de abril. En esta ocasión, la propuesta que parte de la ONU consiste en recordar que el planeta y sus ecosistemas son los que nos dan la vida y el sustento. La jornada implica admitir la responsabilidad colectiva de “fomentar la armonía con la naturaleza y la Madre Tierra”.

La reflexión apunta a la necesidad imperiosa de alcanzar “el equilibrio justo” entre las necesidades económicas, sociales y medioambientales que se experimentan en el presente, con las que atañen a las futuras generaciones. Con la conmemoración se da la oportunidad de concientizar a los habitantes del planeta sobre los problemas que afectan a la Tierra y las formas de vidas que en el planeta se desarrollan.

En concordancia con el “tema” de 2017, la ONU consideró que como la educación aporta “los cimientos” para el progreso, hace falta que la ciudadanía global “conozca los conceptos sobre el cambio climático y sea consciente de la amenaza sin precedentes para el planeta”. Según la entidad, “el conocimiento nos empoderará a todos y nos llevará a tomar medidas para defender el medio ambiente”.

En ese “todos” deberían sobresalir los gobernantes de las economías más poderosas del planeta y los directorios de las grandes trasnacionales, principales responsables del calentamiento global. Si bien existen responsabilidades individuales a la hora de enfrentar la catástrofe a la que nos condujeron, está claro que éstas son diferenciales: es más grave el aporte que hace Estados Unidos al calentamiento global que Gambia, es más significativa la contribución contaminante de una petrolera o de una automotriz que la del almacén de la esquina.

La ONU espera que la alfabetización medioambiental y climática genere votantes con conciencia hacia las cuestiones ecológicas y que promueva legislación pertinente. También aguarda que se acelere el desarrollo de tecnologías y empleos que sean respetuosos hacia el medio ambiente porque el cambio climático es “uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo”.

Está a la vista que las pautas meteorológicas están en un proceso de cambio que amenaza la producción de alimentos, genera incrementos en el nivel del mar y profundiza el riesgo de las catástrofes. A esta altura de los acontecimientos, resulta claro que los efectos del cambio climático se producen a escala mundial y con una intensidad que no tiene precedentes. Cuanto más se demora la adopción de medidas drásticas, más difícil y costosa será la adaptación futura.

Si bien los gases de efecto invernadero (GEI) son de origen natural, un siglo y medio de industrialización incrementó de manera apabullante su presencia en la atmósfera, al igual que la tala de árboles y la utilización de ciertos métodos de cultivo. Paradoja central de la civilización tal cual la conocemos, a medida que la población, las economías y el hipotético bienestar crecen, también se incrementa el nivel acumulado de emisiones de gases contaminantes.

Más allá de las burradas del actual presidente estadounidense, científicamente ya se estableció que la concentración de GEI en la atmósfera terrestre se relaciona de manera directa con la temperatura media de la Tierra. Aquella aumentó progresivamente desde la Revolución Industrial y de manera simultánea, hizo otra tanto la temperatura del planeta. Tampoco quedan dudas: el GEI más abundante es el dióxido de carbono (CO2) y proviene de la quema de combustibles fósiles.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) surgió a instancias de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) con el objetivo de proporcionar una fuente objetiva de información científica. En 2013 arrojó contundente claridad sobre el cambio climático y la responsabilidad del ser humano en su consumación.

En su Quinto Informe de Evaluación la conclusión fue categórica: el cambio climático es real y las actividades humanas son sus causantes principales. Gracias a ese informe sabemos que de 1880 a 2012 la temperatura media mundial aumentó 0,85 °C, que los océanos se calentaron, que las cantidades de nieve y hielo disminuyeron y que el nivel del mar subió: entre 1901 y 2010, éste ascendió 19 centímetros a raíz del derretimiento de hielo.

Es probable que para el final del siglo XXI el aumento en la temperatura media mundial esté entre 1 y 2 grados en relación a 1990. Se estima que el incremento del nivel medio del mar se ubique entre 24 y 30 centímetros en 2065. Hay que saber que la mayoría de estos efectos persistirán durante muchos siglos, incluso si se detuvieran las emisiones. Afirmar que no queda tiempo puede parecer un lugar común a esta altura de las circunstancias, pero efectivamente así es.

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