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¿Aprenderemos los argentinos a convivir en la diversidad?

Hoy se conmemora el Día de la Convivencia en la Diversidad Cultural, acontecimiento que en nuestro país se pone de relieve desde 2000. La denominación es la que acuñaron el Ministerio de Educación de la Nación y el Consejo Federal de Cultura para realzar “el papel primordial de la educación en la formación y afianzamiento de valores como la tolerancia, la pluralidad y la conciencia ciudadana, pilares fundamentales de la convivencia democrática”. A la luz de los últimos acontecimientos en la Argentina, puede asegurarse que reafirmar esos conceptos hace mucha falta.


Con la efeméride se intenta recordar además que “la Constitución Nacional y los cuerpos normativos internacionales con jerarquía constitucional, así como otra legislación nacional vigente, comprometen al Estado argentino y a la sociedad civil en el respeto por las diferencias y en la condena a toda forma de discriminación”. Salta a simple vista que en esas materias hay más asignaturas pendientes que aprobadas.

La Ley Federal de Educación que está en vigencia establece que el sistema educativo deberá promover una formación basada, entre otros, en los valores de libertad, paz, solidaridad, tolerancia e igualdad. Si bien esas aseveraciones son válidas para contrarrestar toda práctica discriminatoria, las autoridades nacionales de entonces, se inspiraron en los hechos que tuvieron que ver con el Holocausto del pueblo judío para apuntar a la formación y consolidación de actitudes de tolerancia y no discriminación por religión, raza, sexo o ideología.

La fecha que se eligió es cara en la historia hebrea, pero su significado trasciende a sus interesados directos. Durante la Segunda Guerra Mundial, “el régimen nazi como expresión de una ideología que sostenía el antisemitismo como bandera principal, llevó a cabo una política de deshumanización y exterminio contra el pueblo judío, víctima principal de Holocausto”, recuerda el Ministerio de Educación.

El 19 de abril de 1943, “un grupo de jóvenes judíos del gueto de Varsovia protagonizó un levantamiento contra las acciones del régimen nazi consistentes en la concentración y aislamiento de los judíos en guetos, imponiéndoles condiciones de vida que ocasionaron, producto del hambre, las enfermedades y la represión directa, la muerte de la mayoría de la población y en la deportación luego, de los judíos sobrevivientes del gueto a los campos de exterminio nazi”, según la resolución.

El 12 de octubre de 1940 se había leído por la radio polaca un comunicado por el cual todos los judíos de Varsovia, tenían que concentrarse hasta el 31 de octubre en un sector. Al vencerse el plazo, los portones del gueto se cerraron y quedaron bajo vigilancia nazi. El gueto recibió constantemente nuevos refugiados y fue necesario construir más casas, pero las tropas de ocupación redujeron cada vez más la superficie. La desproporción entre la población y las dimensiones del área ocasionó una serie de epidemias, hambre y miseria. La población judía entró en agonía. 

El levantamiento “quedó instalado en la memoria colectiva como una de las formas de resistencia contra la opresión, la intolerancia y la defensa de la dignidad humana”, además de “símbolo de la libertad”. Inclusive para las autoridades argentinas, “el recuerdo del Holocausto en el que fueron asesinados cerca de seis millones de judíos y de las causas del levantamiento del gueto de Varsovia significan mantener viva la memoria de los horrores que puedan generar la intolerancia y el racismo”.

Otro tanto ocurrió “con muchos otros episodios de la historia de la humanidad, particularmente en el siglo XX, en los que se incurrió en genocidio, otras formas de exterminio sistemático de pueblos o personas por razones de raza, religión nacionalidad o, simplemente, ideas”. En este sentido, anotamos nosotros una discrepancia, porque durante la colonización y conquista de América, durante la práctica de la esclavitud en desmedro de los pueblos africanos y durante la consolidación de los Estados nacionales, tanto en Norteamérica como en Sudamérica, también se practicaron genocidios.

Con la mirada exclusivamente en el pasado reciente de la Argentina, el Ministerio de Educación y el consejo federal del rubro, consideraron que “los acontecimientos que se desarrollaron durante la última dictadura militar en nuestro país y otros correspondientes a la actualidad internacional demuestran que la intolerancia persiste como una amenaza para las sociedades democráticas”.

Si bien la única mención concreta que consideró necesario hacer el Ministerio de Educación fue la del Holocausto, en función de sus aseveraciones anteriores destacó como de “extrema relevancia el desarrollo de acciones tendientes para que los miembros de la comunidad educativa asuman la conciencia de su responsabilidad individual en la defensa de los valores que sustentan la vida en democracia y en convivencia pacífica con pleno respeto a la diversidad cultural”. A la luz de episodios muy recientes, se hace muy necesario mantener firmes esas banderas.

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