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¡Barilochenses queremos ser!

Que casi con unanimidad reaccionara la ciudadanía de Bariloche ante una incomprensible determinación del Ministerio de Educación de Río Negro, permite albergar alguna esperanza. Nos referimos al amague de cancelar el histórico asueto que hace décadas acompaña al 3 de Mayo, fecha que más allá de su discusión histórica, es la que los barilochenses sienten como propia para agasajar a su ciudad.

Esperanzas en el sentido de funcionar como comunidad ante un intento foráneo de alterar costumbres. Desde ya, era más importante que se hubiera funcionado de la misma manera cuando desde Provincia se enturbió el manejo del cerro Catedral hace prácticamente una década. O cuando en el marco de la emergencia volcánica, la demanda pasaba por solicitar una reducción en el valor de los combustibles. Tanto en el primero como en el segundo ejemplo, primaron los colores partidarios e inclusive las apetencias personales, antes que los intereses del conjunto de los barilochenses.

Hay muchas maneras de construir comunidad. Pararse firmes y de común acuerdo ante una pretensión ajena, sirve precisamente para pensarse como comunidad. Pero no nos engañemos, como decía un cantautor en diálogo con este diario un par de jornadas atrás, Bariloche pierde identidad a pasos agigantados y su desintegración es un dato bastante más palpable que su integración.

No reflexionar sobre nosotros mismos es una de las claves del asunto. Estuvo en cartel en los meses que pasaron una obra musical que pinta de cuerpo entero la manera predominante en la que los barilochenses suponemos que somos: el fruto de una historia lineal y sin conflictos en la cual se amalgamaron con una sonrisa en los labios “indios”, soldados, gringos y criollos, para llegar a la “identidad nacional” que representaría el tango. Siempre según el argumento de la obra en cuestión, claro...

¡Pamplinas! En el origen de la ciudad hay una multitud de hechos de sangre, despojos y destierros. La narración según la cual Bariloche y demás ciudades de la región son el producto de la inmigración europea una vez finalizada la Campaña al Desierto, excluye qué pasó y sigue pasando con los sectores que quedaron subalternos al instalarse el nuevo orden de las cosas. No solamente en relación a los integrantes del pueblo mapuche, sino también en referencia a la considerable magnitud de población chilena que habitaba aquí en fechas tan tempranas como los comienzos del siglo XX. El retrato idílico según el cual ésta fue una suerte de aldea suiza o alemana que no hizo más que caracterizarse  por su pujanza, no sólo no tiene que ver con la realidad sino que además, alimenta sorpresas como las que vivimos a fines del año pasado.

Nos disculpará el mismo cantautor por tomar varias de sus ideas prestadas. Pero para quienes Bariloche es la Mitre y la Moreno, más la Avenida Bustillo, cerro Catedral y Llao Llao, obviamente resultaron una alteración importante del guión los saqueos del 20 de diciembre último. Más allá de los condimentos particulares que tuvieron aquellas jornadas y de sus derivaciones políticas, no deja de llamar la atención que determinados sectores experimenten estupor cuando se producen estallidos sociales de esos tenores. ¿O creen que la desigualdad es un hecho de la naturaleza?

La fragmentación social o la brecha que existe en esta ciudad es un dato, consecuencia de decisiones políticas y económicas que se toman todos los días pero que además, hunden sus raíces en el siglo XIX y en la manera en que estos territorios –no sólo Bariloche- se incorporaron a la jurisdicción de la República Argentina. Pensar que “somos una sola alma” es muy sublime desde cierta perspectiva un tanto “new age”, pero en términos de igualdad, de justicia, de distribución de la riqueza y de reparaciones históricas, más bien somos un montón de pedazos bastante inconexos.

De ahí que aunque muy simbólicamente, pareció importante la reacción de los barilochenses de afirmarse ante Provincia y decir: “no, señores. Esta es nuestra fiesta y vamos a desfilar igual”. Apenas un gesto, pero trascendente. Y en un marco de pérdida acelerada de la identidad o las identidades, ¡vaya si son importantes las tradiciones! El pensamiento que en su afán por alinearse con Viedma expresó una legisladora barilochense, demuestra qué relevancia es capaz de darle al menos un sector de la política, a la persistencia de los valores que son definitorios de una idiosincrasia.

Además de encontrar alentador dicho gesto, nos parece que la puesta en marcha por primera vez en la historia institucional de Bariloche del mecanismo de revocatoria de mandato, también provoca entusiasmo. Como ya editorializamos en su oportunidad, implicó la clara voluntad del pueblo barilochense de ponerle fin a los “cheques en blanco” que durante demasiados años, firmó en beneficio de los políticos de turno. Y así nos fue...

En esta ocasión, de nuevo se pusieron en juego actitudes miserables, especulaciones e intereses políticos de diversos orígenes, pero el hecho sustantivo consistió en revocarle el mandato a un hombre que utilizó mal la representación que había recibido de la ciudadanía un año y meses antes. Son reglas de juego nuevas que entre otras connotaciones, marcaron la irrupción masiva y clara de los vecinos en el acontecer de político de su ciudad.

De manera que como siempre, hoy habrá claros y oscuros. ¿Dónde no? Precisamente, recién después de admitir que esta ciudad es un conglomerado contradictorio de intereses y trayectorias, será posible arribar a los acuerdos fundamentales que hacen falta para “construir comunidad”. Y aquí, donde estamos: noroeste de la Patagonia... Que no es Suiza, ni Pampa Húmeda ni conurbano bonaerense. Y los que aquí vivimos, felizmente barilochenses. Eso somos y queremos ser. Hoy y cada 3 de Mayo.

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